Las editoriales de hoy guardan un silencio doloroso y cómplice ante un nuevo caso Luciano Arruga, esta vez en territorio del falso socialismo santafesino.

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo
Domingo 2 de noviembre de 2014 12:13
El cuerpo sin vida de Franco Casco, fue encontrado sin vida el viernes, después de pasar 24 días desaparecido. Como se sostuvo en estas páginas, ser joven y ser trabajador fueron sus únicos delitos.
Como a Luciano Arruga, a Franco se le invierte la carga de la prueba. Al día de hoy, fue él el único imputado. Mientras que ni un solo oficial de la Comisaría 7ª, el último lugar donde se lo vio con vida y brutalmente golpeado, tiene causa abierta. La misma Comisaría sospechada de asesinar a la dirigente gremial de las meretrices de Rosario, Sandra Cabrera, por denunciar la complicidad uniformada con las redes prostibularias y de trata.
El despliegue de encubrimiento político y jurídico por parte del Gobierno de Bonfatti-Binner ha llegado a una obscenidad mayor que la del propio caso de Luciano Arruga. Ningún funcionario se comunicó con la familia ni le brindó el más mínimo apoyo económico para sostener su larga búsqueda lejos de su hogar. Se incentivó, con indignante colaboración clasista de los medios locales, la estigmatización de Franco haciendo correr versiones de que Franco había sido visto pidiendo ropa en una parroquia. Se desvió y entorpeció la búsqueda.
Mientras tanto, en el extremo sur del país, los policías de Santa Cruz se amotinan por demandas “salariales” y el gobierno se presura a mandar Gendarmes para no cometer el mismo error de 2013 especulando con horadar a un opositor como De la Sota.
La seguidilla de amotinamientos policiales escondía además el chantaje de la impunidad por los escándalos narco-policiales. En Santa Fe ya se pueden percibir intenciones similares, ahora para tapar el asesinato de Franco Casco.
Toda la política gubernamental de “seguridad democrática” se ha demostrado una absoluta falacia.
Construir una izquierda de los trabajadores que luche contra la impunidad sin caer en tentaciones “depuracionistas”, es parte esencial de las batallas presentes y futuras.