El pelo enmarañado del marxista italiano se mueve y crispa por el aire del nuevo siglo.
Miércoles 20 de marzo de 2019
A veces pienso que el mundo que estamos viviendo es una manzana podrida. La consolidación de la extrema derecha en países clave (como Estados Unidos) envalentona a lo más atrasado del mundo.
El mundo cruje, agrietado, parece que está muriendo. Un mundo se está pudriendo: un mundo fenece. Lo más podrido del mismo asoma la cabeza.
El rostro de este mundo que está pudriéndose es el de Donald Trump afirmando que el cambio climático es falso, es Bolsonaro contra la diversidad sexogenérica, es Guaido impulsando el golpe de Estado en Venezuela.
De algún modo ya vivimos en una distopía capitalista. Extinción de especies, control de los individuos por medio de la tecnología, migración insólita, gobernantes ultraderechistas, destrucción de los bienes comunes de la naturaleza, muros militarizados que destruyen familias, transgénicos, ciudades inhabitables, condiciones de trabajo parecidas al siglo XIX, tasas de endeudamiento individual rampantes, crisis psicológicas, nuevas armas de destrucción masiva, improductividad del trabajo humano subsumido por el general intelect de la humanidad.
El capital destruyendo todo, pero otro mundo está resurgiendo en este que se pudre.
Antonio Gramsci decía en una frase muy citada “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”*. En este sentido, más allá de los monstruos, mientras el nuevo mundo aún no nace de algún modo reverdece en medio de la manzana podrida del capitalismo hoy actual.
Si el rostro de la decadencia actual es el de Trump el rostro del nuevo mundo que aún no nace es el de Greta Thungberg. Ella, una adolescente de menos de 18 años estudiante y activista por el medio ambiente convocó al gran movimiento en defensa del clima. El pasado diciembre ganó renombre a nivel mundial por su potente discurso en la Reunión Cumbre del Clima (COP 24) en Katowice, Polonia.
El movimiento contra el cambio climático en Europa y Estados Unidos, así como el movimiento de los Chalecos Amarillos son los los rostros de ese nuevo mundo que emerge. Miles de jóvenes de todo el mundo se han propuesto manifestar su oposición al cambio climático.
Proponen que debemos salir del sistema, que es tiempo de romper con el sistema de combustibles fósiles. Es más el movimiento ecologista es un nuevo síntoma de siglo. Ahí en medio de las poderosas protestas surgió la consigna “Si no hay revolución, habrá extinción". No es exagerado.
En medio del mundo que se pudre aún no emerge en que vendrá. Gramsci se come todo los días una manzana podrida pero mientras el mundo reverdece con nuevas y poderosas generaciones de jóvenes que critican el mundo capitalista de hoy.
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* Cuadernos de la Cárcel, Tomo 3, Ediciones Era, 1984.