×
×
Red Internacional
lid bot

Tribuna Abierta. Gran Bretaña: lecciones para la izquierda luego de las elecciones

Victor Conti Londres

Martes 19 de mayo de 2015

Foto: EFE.

Muchos en la izquierda están conmocionados por la sorpresiva victoria del Partido Conservador en las elecciones generales en Gran Bretaña. Debido al sistema electoral británico de mayoría simple, a los conservadores les bastó aumentar sus votos en un 0,8 % para tener mayoría propia en el parlamento. Sus exsocios de coalición, el partido Demócrata Liberal, terminaron diezmados y quedaron con apenas ochos diputados en el parlamento.

Inmediatamente después, el 9 de mayo, estalló una protesta de activistas en las puertas de Downing Street [donde funciona la casa de gobierno], que señaló que solo el 24 % de la población británica había votado por el nuevo gobierno. Los manifestantes fueron violentamente reprimidos por la policía.

Los conservadores están listos para capitalizar su mayoría con la introducción de una serie de políticas impopulares a implementar en los dos primeros años de mandato. Ya se han comprometido a abolir el Acta de Derechos Humanos del Reino Unido, limitar los alquileres de viviendas sociales a cinco años, e introducir nuevos poderes de gran alcance para acabar con el ‘extremismo’. La declaración del primer ministro David Cameron, sobre que Gran Bretaña ha sido ‘demasiado tolerante’ es un signo de mal agüero, que habla de sus intenciones de atacar las libertades civiles. Estas políticas de extrema derecha muestran la nueva presión que ejercen los diputados conservadores “rasos” y extremadamente reaccionarios sobre la pequeña mayoría del primer ministro.

En particular, los conservadores han prometido que declararán ilegales las huelgas que no cuenten con un 40 % de los votos del total de los miembros del sindicato, quienes serán consultados por voto postal. Esta ironía no se les escapa a los afiliados sindicales enojados, y líderes sindicales como Mark Serwotka del PCS (sindicato de los trabajadores de servicios públicos y del comercio), que prometieron organizar acciones unificadas contra el nuevo gobierno.

La victoria conservadora es, en parte, el resultado de otro éxito. El crecimiento de Partido Nacional Escocés (SNP) y la casi completa desaparición del Partido Laborista (junto a los demócratas liberales y conservadores) en Escocia. La prensa de derecha promovió de manera cínica al SNP en Escocia para debilitar al Laborismo, pero la victoria del SNP refleja, sin ninguna duda, la fortaleza del movimiento de trabajadores y de masas por la independencia que vimos en 2014.

Aunque la dirigente del SNP, Nicola Sturgeon, apostó fuertemente a políticas populistas para asegurarse el voto de los trabajadores y prometió luchar contra la austeridad, pero en realidad la capacidad y disposición del SNP de ‘luchar contra la austeridad’ será débil. El SNP es un partido nacionalista, pro empresarios, que en los últimos años introdujo medidas populistas (como la educación universitaria gratuita) para ganar el apoyo de la clase obrera escocesa y dejar de ser un grupo marginal y convertirse en una fuerza con peso. Mientras que el impulso y la afiliación en masa mantendrán unificada su base de apoyo durante los próximos cinco años, no hay duda de que las políticas pro empresariales del SNP empezarán, tarde o temprano, a generar resistencia entre los trabajadores.

De más está decir que la inestabilidad geopolítica causada por la presencia permanente de 56 diputados secesionistas en el parlamento del Reino Unido, similar al rol jugado por los diputados nacionalistas irlandeses en el SXIX, tiene grandes consecuencias para toda Europa, donde han emergido numerosos movimientos separatistas.

La derrota sufrida por el Partido Laborista ha sido atribuida a su incapacidad de hablarle a una Gran Bretaña “con aspiraciones”, código este empleado por la prensa burguesa para describir a la clase media próspera. Si bien es verdad que la clase media en el sur de Inglaterra no abandonó a la derecha, como hubiesen esperado algunos, el aumento del apoyo al Partido Verde, al SNP y al UKIP de amplias capas indica que, en realidad, la verdadera causa de la derrota laborista es el fracaso en presentar una alternativa genuina a la coalición demócrata-liberal.

El líder del Laborismo, Ed Miliband, trató de atraer los trabajadores con políticas populistas (como el congelamiento de los precios de la energía) al mismo tiempo que aceptaba el dogma de las falsedades conservadoras sobre la economía. Miliband prometió no dar marcha atrás en los recortes existentes y, al igual que los conservadores, dijo que todos los años iba recortar el déficit presupuestario. Dado que los conservadores no han reducido el déficit (en realidad lo han aumentado), y que el argumento central de la campaña laborista, la protección del Sistema Nacional de Salud, perdió contenido ya que los mismos conservadores anunciaron que no tocarán el sistema de salud (así como no tocarán las pensiones, que explican de hecho por qué ha aumentado el déficit); es claro por qué la mayoría de los votantes no vio al Laborismo como una alternativa genuina a los conservadores y demócratas-liberales.

La campaña poco clara del Laborismo alcanzó su apoteosis humillante cuando Miliband inauguró una placa con las seis promesas del laborismo esculpidas en ella. Diseñada para demostrar el compromiso del Laborismo a sus promesas electorales, la pieza de piedra ‘permanente’ (que según rumores costó 30 mil libras esterlinas) tenía grabadas consignas tan generales y efímeras al punto de lo irrisorio, como “Un NHS con tiempo para cuidarnos” que, en realidad, fue un testamento del resuelto deseo de los asesores de Miliband de erosionar toda posible semejanza con una manifiesto genuinamente de izquierda.

Es fácil entender por qué esta confusa plataforma no recuperó los cuatro millones de votos de trabajadores, perdidos bajo los gobiernos laboristas de Tony Blair y Gordon Brown. Se le echó la culpa a la “caja de resonancia” de los grupos de izquierda en Twitter y Facebook por no ver que se avecinaba esta derrota.

El giro más significante en la elección fue el voto hacia los partidos más pequeños. El partido de extrema derecha, UKIP, que mezcla conservadurismo social populista con políticas libertarias de libre mercado, ganó un impactante 12,6 % de los votos. El Partido Verde, por su parte recibió un 4 % de los votos, y ganó el apoyo de muchos votantes de izquierda, de clase media y algunos desertores de los Demócratas Liberales. A los independentistas les fue bien en Gales, así como en Escocia, donde tuvieron un gran resultado. Pero la izquierda, agrupada en la formación Trade Unionist and Socialist Coalition (Coalición del Activismo Sindical y Socialistas, TUSC son sus siglas en inglés) no se benefició de este giro.

A pesar de haber llevado adelante el desafío electoral más importante de su historia, el TUSC ganó 118 mil votos en la elección general y locales que también se realizaron el 7 de mayo. Cuando se comparan con el éxito de partidos de izquierda en el Estado español, Grecia, Sudáfrica y otros lugares, es claro que la izquierda británica no ha logrado capturar el imaginario de la clase obrera, los estudiantes y los intelectuales. Habiendo logrado solo una mezcla de apoyo tibio u hostilidad abierta de los principales sindicatos (un dirigente del sindicato militante RMT apoyó a los verdes, por ejemplo), la coalición TUSC ha dejado solo una huella en la conciencia de los votantes en 2015.

Es importante analizar qué significa este fracaso y qué significa para los socialistas mientras nos preparamos para enfrentar otros cinco años de duros ataques y una creciente crisis constitucional que se ve agravada por el mismo resultado de la elección.

TUSC prometió ser “100 % antiausteridad” y revertir todos los recortes. Pero, salvo la medida de nacionalizar la banca, los Verdes llevaron un programa que para la mayoría de los votantes no se diferencia mucho del levantado por la coalición TUSC. La plataforma Verde también contaba con un aparato partidario mucho más grande y una mejor estrategia de marketing (utilizando publicidad de Facebook el día de la votación, por ejemplo). Y el SNP se presentó convincentemente como antiausteridad bajo el liderazgo de Sturgeon. La conciencia reformista que existe en un amplio sector de trabajadores industriales y de los servicios de todas las edades fue canalizada por esos partidos anti establishment con más posibilidades de ganar: los Verdes y el SNP, a la izquierda, y el UKIP a la derecha.

A pesar de que TUSC está formado en gran parte por los dos principales partidos trotskistas de Gran Bretaña, no hubo una alternativa revolucionaria en estas elecciones. El eslogan antiausteridad por sí solo es problemático para los marxistas. En cierta medida plantea un problema incluso con las falsedades de la extrema derecha sobre la importancia de recortar el déficit, a las que el Laborismo cedió, porque se basa en la misma, e incorrecta, idea de que ciertas políticas del gobierno pueden cambiar el curso de la economía global.

Las medidas keynesianas e intervencionistas pueden suavizar temporalmente el golpe de una crisis económica, pero no pueden revertirlo o prevenirlo. De la misma forma que “recortar el déficit” no tendrá impacto alguno en prevenir otra crisis a escala global.

Hubiera sido mejor para los socialistas basarse en el creciente sentimiento anticapitalista entre muchos trabajadores jóvenes y explicar a los votantes que probablemente estalle una nueva crisis económica global, y que ni la austeridad ni el aumento del gasto público representan una solución que mejoren las condiciones de vida, o que no podrán “salvarnos” de los peores excesos del capitalismo en el mediano y largo plazo. También parece que no sirvió de mucho mantener escondido este mensaje revolucionario (que seguramente comparte la mayoría de los activistas de TUSC) para mantener el apoyo de los burócratas sindicales de izquierda que participaban la coalición, cuando en realidad no la apoyan.

Los recortes y la inevitable caída en los estándares de vida que están en camino solo aumentará la bronca de los trabajadores y dinamizará a la izquierda revolucionaria, al mismo tiempo que planteará nuevas oportunidades para un nuevo movimiento por la independencia escocesa. Quizás, en este contexto, un desafío al sistema capitalista sea más efectivo para fortalecernos, en lugar de una plataforma basada mayormente en su reforma.