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Red Internacional
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OFENSIVA PATRONAL. Grandes empresas anuncian oleada de despidos masivos ante la amenaza de una nueva crisis económica

Se estima que alrededor de 12.000 puestos de trabajo pretenden ser extinguidos por grandes firmas como Vodafone, Santander, CaixaBank, Naturgy, LiberBank, Bankinter, Unicaja, Ikea, H&M, LandRover o Ford.

Martes 15 de enero de 2019

Foto: Manifestación de trabajadores de Alcoa en Asturias y Galicia contra el cierre de la empresa. Benito Ordoñez / La Voz de Asturias

Todas estas empresas son grandes compañías que facturan millones de euros y en su mayoría han visto aumentados considerablemente sus beneficios en los últimos años. Sin embargo, aprovechando una reforma laboral que otorgó en la práctica el despido libre o a coste de saldo, estas empresas viven una dinámica de ajuste continuo de sus plantillas.

No es extraño que cada cierto tiempo las grandes marcas anuncien despidos masivos para luego volver a contratar trabajadores en peores condiciones. Lo que llama la atención a algunos analistas, sin embargo, es que estos despidos pretendan esta vez hacerse simultáneamente en varias empresas y en un espacio de tiempo muy corto. Pero esto no es más que un indicador de que las grandes patronales se preparan para un nuevo ciclo económico recesivo con un plan de ajuste preventivo contra los trabajadores.

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Un ejemplo de esto es Vodafone, que a pesar de sus ingentes beneficios -que se incrementaron considerablemente en los últimos tres años-, este es el tercer ERE que implementa en menos de 6 años. La historia se repite con otras grandes empresas como el banco Santander, CaixaBank, H&M, etc.

Esto demuestra cómo, incluso cuando hay crecimiento de la economía, esta no repercute sustancialmente sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora. Por el contrario, ya sea en ciclos recesivos o de auge de la economía, las grandes fortunas siempre han visto incrementado su riqueza a costa de mayor precariedad y ataques a la clase trabajadora. Y cuando sus empresas pasan por dificultades, es el propio Estado el que sale al rescate.

El Gobierno de Pedro Sánchez allana esta operación a través del mantenimiento de una reforma laboral que no ha servido para crear empleo y si para aumentar la precarización de los trabajadores. De esta manera el PSOE sigue asumiendo su papel como partido del Ibex 35, manteniendo las condiciones para que la patronal tenga las manos libres para ajustar dentro de sus empresas cuando les convenga.

Esta es toda una política de Estado, transversal a todos los partidos del Régimen, que desde el estallido de la crisis en 2008 se profundizó aún más. Sectores enteros de la economía fueron liquidados por la acción directa de los distintos Gobiernos, como la minería en Asturias, con consecuencias catastróficas en las comarcas mineras, tanto a nivel de empleo como social.

Además, muchas de estas empresas pertenecen a sectores estratégicos de la economía, como el automóvil, las telecomunicaciones o la gran banca. Con lo cual la repercusión de cualquier movimiento en estos sectores afecta sobre el conjunto de la vida económica del país.

En este marco, la pasividad de los grandes aparatos sindicales, que apenas han ofrecido resistencia ante esta cascada de despidos y el deterioro generalizado de las condiciones laborales, resulta escandalosa. Esta parálisis de la burocracia sindical se ha visto tanto dentro de las propias empresas como a la hora de organizar a la clase trabajadora de conjunto con el objetivo de luchar contra las leyes y reformas que garantizan esta situación de creciente precariedad. De esta manera CCOO y UGT llevan casi 7 años sin convocar una huelga general, mientras pretenden lavarse la cara con una marcha folclórica de delegados el próximo 8 de febrero.

Independientemente de si el plan de ajuste patronal adelanta un vuelco recesivo de la economía en forma más o menos inmediata -en un marco de clara ralentización de la economía-, es inevitable que una nueva crisis económica termine golpeando tarde o temprano a la clase trabajadora.

Pero no está escrito que esta ofensiva capitalista se vaya a imponer sin solución. Los sindicatos pueden jugar un papel clave a la hora de reorganizar al conjunto de los trabajadores y explotados para el combate contra estos ataques. Pero eso sólo es posible si desde abajo se les impone a las burocracias sindicales un plan de lucha y el frente único obrero con el conjunto de los sindicatos combativos para enfrentar los despidos.

La única perspectiva realista para enfrentar los ataques por venir es que la clase obrera recupere sus organizaciones sindicales y se libere del peso muerto de la corrupta casta sindical. En ese sentido el desarrollo de una nueva vanguardia de luchadoras y luchadores en sectores estratégicos y de gran concentración obrera es clave para poder crear una nueva dirección del movimiento obrero. Este proceso de reorganización de la clase trabajadora es el reto que tienen que asumir las direcciones sindicales que se proponen como alternativas, así como los propios trabajadores y trabajadoras que en el último periodo han salido a luchar como los de los conflictos que con toda seguridad surgirán en el futuro.

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