Miércoles 1ro de octubre de 2014
Fotografía: DYN
Luego del fallo Griesa que dictó el desacato de la Argentina ante la justicia de Nueva York por los fondos buitres, la presidenta radicalizó, en el terreno político, el discurso anti-norteamericano. Otra cosa son las medidas económicas efectivas: el mismo día depositó 161 millones de dólares y prometió otro desembolso para más adelante de 100 millones más, porque, sostuvo, “reconocemos al 100% de los acreedores”. “Que dejen pagar a la Argentina” fue la consigna.
En un acto en Casa Rosada donde anunció un nuevo acuerdo de refinanciación de deuda con las provincias y un plan de urbanización y obras en asentamientos de 100 barrios, Cristina trató de mostrar apoyo político de los gobernadores (la excepción fueron De la Sota y Antonio Bonfatti) en momentos de tensión con los centros de poder internacional por la crisis de la deuda.
En tanto, a sabiendas que el rechazo a los buitres tiene consideración popular, en el terreno político aumentó el voltaje de las denuncias que viene haciendo desde que inició la campaña del “Patria o Buitres”, solo que ahora con mayores trabas jurídicas para buscar las vías de negociación que venía intentando con los “buitres buenos” Soros, Fintech y Citibank.
Por ello redobló la apuesta: “lo que quieren es voltear al Gobierno” y luego sorprendió con el alerta de “si me pasa algo miren hacia el norte” y no al “oriente”, a propósito de las presuntas amenazas telefónicas del “Estado Islámico” que había dejado trascender en la ONU para decir que “soy amiga del Papa”. Ahora atacó un comunicado del Departamento de Estado norteamericano que tomó nota del desacato y volvió a arremeter contra la embajada de EE.UU que ya habia estado en tensión con el canciller Timerman por declarar que "Argentina debe salir del default".
Denunció operaciones financieras por medio de “un movimiento de pinzas” entre los exportadores y los empresarios, de la soja y las automotrices. Por último, amenazó en aplicar la Ley Penal Cambiaria contra los especuladores que hacen maniobras con el dólar con el mecanismo de “contado con liqui”, y acusó de ello a “dos sociedades de bolsa” (una de ellas Mariva) que manejan más del 50% de ese negocio que mueve 7.400 millones de dólares.
En fin, tras la denuncia de “desestabilización” reconoció una nueva presión hacia una devaluación que terminaría “licuando los salarios”: ¿dirá luego que fue “forzada por el mercado” como hicieron en enero?
En medio del humo de la “guerra de palabras” la apuesta estratégica sigue siendo "pagar hasta que les duela", acordar un nuevo ciclo de endeudamiento y ofrecer, como garantía, las posibilidades de nuevas inversiones que ofrecen Vaca Muerta y los recursos mineros.