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Red Internacional
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TECNOLOGÍA Y CULTURA. Guerras de Internet: entender el poder digital para transformarlo

La autora nos guía a través de la historia de internet, presentando la compleja red de conflictos que lo atraviesan, y cómo estos afectan nuestras vidas.

Alejandra Presidente Docente/Agrupación Marrón de Berisso

Domingo 24 de septiembre de 2017 00:00

Autora: Natalia Zuazo
Editorial: Penguin Random House
Sello: Debate
Año: 2015
Páginas: 255

Natalia Zuazo nació en La Plata en 1979, es Licenciada en Ciencias Políticas, además periodista especializada en tecnología y política; tras una profunda investigación que llevó dos años, logró publicar “Guerras de Internet”, una obra que reúne aspectos de crónica, de obra de divulgación y también de análisis político sobre el desarrollo de la Red a lo largo de sus 25 años de existencia, orientado a desentrañar las dinámicas de poder desplegadas en su interior.

Perteneciente a la última generación que conoció cómo era el mundo sin conexión a internet, la autora tiene algo en común con numerosos activistas que militan por la democratización de la Red: muchos de ellas/os vivieron su infancia en dictadura, por lo que no naturalizan la democracia como algo dado, sino que comprenden esas libertades como conquistas a defender cotidianamente. Desde esa experiencia surge su alerta, ante las mutaciones de una tecnología que puede derivar en la peor distopía orwelliana.

Un punto de inflexión en la historia de internet

La autora nos guía hasta los orígenes de internet, para mostrarnos que su invención es producto del miedo de la administración estadounidense. La Red se desarrolla completamente después de la Crisis de los misiles de 1962, basada en la búsqueda de un sistema de comunicaciones que pudiera resistir a un ataque nuclear. Llegado el siglo XXI, señala: “Como ya había sucedido durante la Guerra Fría, el miedo llevaba a querer conocer cada detalle del enemigo, aunque todavía no fuera un rival. Pero mientras que en los 50 se necesitaban dispositivos de grabación más sofisticados y costosos, hoy la información estaba concentrada en un solo lugar: en las venas del monstruo de internet”.

Es así que a partir del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, en el año 2001, el terrorismo se convirtió en el nuevo temor que contribuyó a una nueva utilización de la Red: esta vez como artefacto de vigilancia global. Pasarán varios años para que comiencen a resquebrajarse aquellos secretos de Estado.

En el transcurso del año 2010, el periodista y programador australiano Julian Assange decidió convertir a internet en un muro de denuncia mundial sobre los secretos ocultos por el poder. A través de publicaciones de WikiLeaks como el “Cablegate”, que dejó al descubierto las maniobras y metodología de la política exterior norteamericana, hizo tambalear al gobierno y sus corporaciones, al punto de ocasionar una crisis política. De este modo Assange fue pionero para una nueva generación que empezó a percibir la precariedad de las libertades democráticas en el marco de las democracias capitalistas.

Edward Snowden irá un poco más allá, develando los mecanismos de poder que se construyen alrededor del territorio digital. Como contratista en seguridad informática de la CIA, se dedicó a filtrar archivos clasificados durante años, e irrumpió en escena en 2013, causando el mayor cambio en internet desde la Guerra Fría. A través de la publicación simultánea de más de 1,7 millones de documentos “top secret”, hizo estallar una crisis de repercusión mundial que comenzó a desenmascarar la red de vigilancia global existente, con el objetivo de espiar a miles de millones de personas en todo el mundo. Los archivos provenían de los programas de espionaje PRISM y XKeyscore, ambos ejecutados por la NSA (Agencia Nacional de Seguridad), una agencia de inteligencia del Gobierno estadounidense en colaboración con los gobiernos de Reino Unido, Australia y Canadá, entre otros. La situación se agravó al revelar que las mega-corporaciones más importantes de Sillicon Valley colaboraban “voluntariamente” a cambio de millones de dólares para la cesión masiva de datos de sus clientes, entre ellas se encontraban Google, Facebook, Microsoft, Apple, y la lista continúa.

Después de este acontecimiento, se rompió con la mirada ingenua que millones de personas tenían sobre la tecnología, el hecho de ser espiados, dejaba de ser un “secreto a voces” para pasar a convertirse en una realidad. Aquel abuso de poder por parte de los Estados democráticos constituye un antecedente que no augura buenos presagios para la sociedad, en este sentido la autora señala: “Algunos países orientales, calificados de dictaduras por Occidente, como China o Irán, generaron mecanismos para transformar a la Red en un arma de control: construyen firewalls o barreras que filtran las comunicaciones para sus habitantes, utilizan el espionaje en internet para censurar, perseguir y hasta encarcelar disidentes y monitorean las comunicaciones de los opositores para generar un efecto de temor y disuadir las voces en contra de sus regímenes. Estos abusos suelen ser denunciados por gobiernos y organizaciones de derechos humanos de Occidente. Sin embargo, Estados Unidos y otras potencias capitalistas también se apoderaron de la Red y la utilizaron como un arma al servicio del espionaje y la vigilancia, sólo que con una excusa con mejor marketing: la lucha contra el terrorismo y la defensa de la seguridad nacional”.

Cuáles son las guerras que se libran en la Red y qué papel jugamos las/os usuarias/os en ellas

Siguiendo el hilo de una historia surcada por el miedo y por las guerras, Natalia Zuazo nos plantea que esas guerras se renuevan en el presente y continuarán librándose en el futuro con más fuerza aún. ¿Cómo se configura el mapa de esas batallas?, ¿Podemos saber dónde estamos ubicados? Aquí es donde se complejiza la dinámica de los conflictos que atraviesan la Red, y la autora nos ayuda a recorrerlos, a través de un camino donde no faltan las originales entrevistas y la información detallada, proveniente de una minuciosa investigación.

En un principio, nos encontramos con la lucha por el control geopolítico de la infraestructura que sostiene a la bestia: los gigantescos tendidos submarinos de fibra óptica que cruzan océanos, los satélites, servidores y caños, conformando un oligopolio del flujo de información, en manos norteamericanas. Aquí tenemos como protagonistas a las ISPs (empresas proveedoras de internet como Level 3, AT&T, entre otras), las corporaciones de contenidos de internet y los Estados.

Más adelante nos hallaremos nosotros, los usuarios, en el “ojo del huracán”, o en el centro de una disputa con los gobiernos y las empresas. Primero, por preservar nuestra libertad de expresión frente a prácticas cada vez más sofisticadas de las corporaciones de contenidos, que a partir de un proceso de concentración del tráfico de internet, se han convertido en poderosos intermediarios privados, con el poder de controlar la comunicación y la opinión pública a través del bloqueo, la manipulación o directamente la censura de contenidos. Frente a esto, los gobiernos deciden intervenir, aumentando la presión sobre los intermediarios, para pujar por el control de la Red.

Pero no solo se trata de la libertad de expresión, sino que también está en juego nuestro derecho a la cultura, frente a las grandes empresas del entretenimiento que defienden el copyright, oponiéndose al acceso, la modificación y la distribución gratuita de las obras culturales, pues no la consideran un bien social. Finalmente, nos encontramos con la batalla por la privacidad de nuestros datos, en ella, las empresas se valen de los datos provistos (voluntaria o involuntariamente), para predecir, controlar nuestro comportamiento y vendernos cosas. Pero a su vez, participan los Estados y sus agencias de inteligencia, quienes en pos de una mayor “seguridad” violan otros derechos humanos fundamentales, o directamente aplican programas de espionaje masivo contra ciudadanos locales y extranjeros, como en los casos mencionados anteriormente.

Por qué leer “Guerras de Internet”

Uno de los relatos neoliberales más conocidos de las últimas décadas, es el del optimismo tecnológico, presentando a internet en el pedestal de los inventos, como una herramienta “en la nube”, etérea e infalible, que por sí sola nos llevaría de la mano hacia una sociedad mejor y más democrática. La autora se toma el trabajo de cuestionar esta idea planteando que “Confiar tanto en cualquier poder del mundo nos impide cuestionarlo y nos vuelve demasiado sumisos a sus encantos”. Para eso nos invita a un viaje desde los tendidos de cables subterráneos, pasando por los oscuros datacenters, y los despachos donde se cocinan las decisiones tecnológicas que afectan nuestras vidas, para volver a hacer real y concreta a la Red, frente a quienes tienen interés en que se haga cada vez más imperceptible.

Su propuesta, “salir a contar la red”, es una iniciativa interesante que busca, a través de un diálogo pensado para los no iniciados en el tema, alentarnos a un uso más crítico de la tecnología, habilitándonos para tomar partido en la lucha por el futuro de la Red, que cada vez más, se convierte en el futuro de la sociedad.