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Entrevista. Guillem Trius. Historias en imágenes

“No puedes decir que no sabías lo que estaba pasando: allí están las fotografías”.

Viernes 8 de septiembre de 2017

Guillem Trius, fotógrafo nacido en Barcelona en 1991, viaja con su cámara por un mundo en conflicto, donde la gente pasa hambre o tiene que huir de su lugar y de su historia o puede ser encarcelada por sus ideas. Gambia, Etiopía, Grecia o Turquía, países en los que Guillem ha realizado varios de sus reportajes y que sufren situaciones muchas veces similares, aunque en África se vean agudizadas por la persistencia de la dominación colonial. Basta mencionar los atentados que vienen sufriendo las grandes capitales europeas para comprender que un reportero no necesitaría alejarse miles de kilómetros de su casa para encontrar conflictos que documentar.

Sin embargo él viaja buscando mostrarnos lo que no vemos en TV desde nuestras casas. A pesar de que hoy, gracias a las redes sociales, todo puede verse en todos lados y al mismo tiempo, que haya un fotógrafo decidiendo qué mostrar, cómo y cuándo, revela la importancia que sigue teniendo la profesión de reportero gráfico. El fotógrafo se detiene a ver, busca historias para contar y nos muestra la realidad a través de sus ideas, es una antena que transmite y amplifica la voz de quienes no la tienen, mediante imágenes.

Guillem Trius, a pesar de su juventud, nos muestra la realidad con ojos maduros. Su voz nos llega desde Barcelona, semanas antes de los últimos atentados.

Estuviste hace poco en Turquía, durante una semana en la que hubo más de mil personas detenidas por el régimen de Erdogan, acusadas de terrorismo o golpismo ¿Cómo fue trabajar en medio de ese clima? ¿Qué tema específico fuiste a cubrir?
Fue bastante difícil trabajar allí la verdad, porque desde el intento de golpe de 2016, se instaló el Estado de emergencia, y hay una purga, por parte del gobierno, de los que dicen que podrían ser partidarios de Fethullah Gülen, el acusado por el golpe. Echaron a gente de su trabajo, o la encarcelaron, echaron a jueces y a policías. En el Kurdistán, la zona este de Turquía, al lado de Siria e Iraq, la gente desde hace años viene sufriendo una represión importante. Fuimos ahí a recoger testimonios de gente que habían puesto en prisión o que había sido echada del trabajo. Y fue muy difícil trabajar porque hay una represión policial muy, muy importante. No aceptan periodistas allí, no puedes hacer fotos por la calle, tienes que ir con mucho cuidado de que no te detengan. Estuvimos en Diyarbakir, la capital del Kurdistán turco. Hicimos unas diez entrevistas, por ejemplo a un abogado que estuvo cuatro años en prisión a la espera de juicio, que tenía otro juicio pendiente y no sabía cuándo podría ir a prisión de nuevo. Hay una incertidumbre en la gente, que no sabe si mañana la van a venir a arrestar a su casa. Había una manifestación de un sindicato, fuimos a ver qué pasaba porque los habíamos entrevistado dos días antes, y no pudimos ni acercarnos. Había un cordón policial, y nuestro contacto allí, nos dijo que no nos acercáramos, que nos iban a detener. Era más una rueda de prensa en la calle para denunciar los despidos por decreto. Estuvimos en la ciudad una semana, y cuando nos fuimos, nuestro contacto nos dijo: “Tenéis mucha suerte de que no os hayan detenido” Ahí realmente fuimos conscientes de lo peligroso que es trabajar allí. Todas las mañanas, en realidad tres veces por día, el ejército turco hace volar los cazas para intimidar a la gente, para decir “estamos aquí, somos el ejército, tenemos el poder, no tenéis libertad” Y para mí, que vivo en Barcelona, que me despierten los aviones de guerra sobrevolando las casas, me parecía de lo más inverosímil. Le decía a la gente “Cómo podéis vivir con esto” “Estamos acostumbrados, es que ni nos damos cuenta” respondían. No imagino cómo se puede vivir en estas condiciones, en ese estado de represión y opresión policial.

¿Cómo llegaste allí?
Hay una chica que trabaja en una agencia española de noticias, que es corresponsal en Turquía. Nos conocíamos y nos escribíamos, y me dijo “Mira hay unos temas que quiero hacer, necesito un fotógrafo”. Me propuso unas ideas y decidimos que iríamos allí a ver cómo está la situación en el Kurdistán, porque es algo que la gente no sabe, no se ha documentado. Contarle un poco al mundo lo que está pasando en esa región.

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¿Dónde publicarán este trabajo? Nos interesa verlo y difundirlo.
Esto saldrá publicado en una revista española y estamos intentando ver si podemos publicarlo en The Guardian, pero no sabemos aún, vamos a ver si a la gente le interesa. Cuando salga ya te lo pasaré porque en las fotografías hicimos algo un poco innovador, no son sólo retratos, jugamos un poco con un concepto... yo creo que va a ser interesante.

¿Qué te llevó a ser fotógrafo? ¿Cómo empezaste en la profesión?
Yo quería contar historias de gente de aquí, de Barcelona, pero también me atraía mucho África, a raíz de un libro que leí: Ébano, de Ryszard Kapuściński, un escritor y periodista polaco que trabajó en África como corresponsal. A raíz de ese libro empecé a desarrollar esta curiosidad por ese continente. Entonces se juntaron estas dos pasiones, la fotografía y la curiosidad, el querer saber. Me acuerdo que en el primer año de la carrera tuve una clase de fotografía con Sandra Balsells, una fotógrafa consagrada aquí en España, una de las mejores fotógrafas de los últimos cincuenta años. Tuve la suerte de tenerla como profesora y recuerdo que al final de una clase me acerqué y le dije que quería contar historias con mi cámara... ese verano me fui a África e hice una especie de reportaje, de cómo la gente vivía en Gambia. Estuve allí unos meses. Al volver hicimos una exposición, con mi profesora. Todo muy amateur, pero ya había empezado a germinar esa semilla que entre Kapuściński y mi cámara plantaron un día... Así empecé a querer contar historias y a descubrir que ellas se pueden contar con palabras, y se pueden contar con fotografías también.

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¿Cómo elegís los temas?
Los temas de largo recorrido los escojo yo, porque son temas que me apasionan. Por ejemplo, en Etiopía he estado cuatro veces. La fe, la religión allí, es algo que me interesa mucho, los rituales... Es explorar un poco más lo sociológico o lo antropológico con la cámara. Es algo que a mí me interesa y que quizás no tenga un sitio en el mercado de las publicaciones y del media, pero es algo que yo quiero hacer y quiero documentar. Es algo que me haría mucha ilusión que algún día terminara en forma de libro. Y los otros son temas que van saliendo. Por ejemplo, me han propuesto hacer un tema sobre la explotación de uranio en el norte de Níger, un tema que yo no había pensado pero que me interesó mucho. La verdad es una combinación entre temas que se me van ocurriendo y temas que me van proponiendo periodistas. Esa es la suerte que he tenido desde que empecé, todos las historias que he hecho me interesan, son temas importantes, relevantes de documentar, de contar al mundo.

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En tu web está presente la frase de Berenice Abbott “La fotografía ayuda a la gente a ver” ¿Esa es para vos la función de la profesión? Viendo tus trabajos, no hay duda que tu interés está en la gente, ¿qué es lo que te interesa mostrar con tus fotos?
Exactamente. Yo digo que mi cámara es el pasaporte a la vida de gente increíble. Es una forma de conectar realidades, conectar mundos. Hay distintas realidades, o una realidad que se fracciona en muchas. En Barcelona o en Buenos Aires hay distintas realidades en un mismo espacio y la fotografía tiene la capacidad de conectarlas. Tampoco ansío crear conciencia con todo esto, simplemente somos mensajeros que desde un punto de vista subjetivo, porque la fotografía es subjetiva claro, desde que tu coges una parte de la realidad que decides mostrar y la otra la obvias esto ya la hace subjetiva, entonces a partir de esta realidad subjetiva, lo más sincera posible siempre pero subjetiva, haces que la gente vea lo que está pasando en otras partes del mundo.

Guillem Trius publica sus trabajos personales en su web www.guillemtrius.com. Allí podemos ver uno de sus últimos reportajes: La vida y la muerte dentro del Hospital Rural de Gambio, una impactante serie en blanco y negro en la que nos muestra con naturalidad y una gran dosis de poesía, la vida de todos los días en el hospital, de quienes allí se atienden y de los que allí trabajan. El fotógrafo, blanco y europeo, ha logrado acercarse sin que su presencia perturbe la vida normal de este hospital de la región de Oromiya, Etiopía. Sus retratados muchas veces miran a cámara como si conocieran a quien está detrás del visor. Lograr ese vínculo con la gente, que lo haga parecer uno de ellos, parece ser la estrategia de su trabajo, orientado casi exclusivamente a mostrar la vida humana, sus problemas y sus carencias, sus costumbres y sus rituales y la naturaleza que los alberga.

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En tus retratos se nota una conexión con el sujeto, y viendo alguna de las historias que publicás en Instagram, por ejemplo, mostrando momentos de juego con los niños en algún pueblito de África, se nota que le das importancia a establecer un vínculo con la gente antes de hacer las fotos.
¿Cómo es tu estrategia, si es que la hay? ¿O es algo natural en vos?

Mira, yo siempre uso un (lente) 35mm o un 24mm a veces. A mí me sale bastante naturalmente, sobre todo en África, pues la gente allí es muy transparente, muy amigable, se abren rápidamente a los extranjeros, y siempre tienen una sonrisa, y yo también... pues la verdad que una sonrisa te abre las puertas de la esencia de las personas. Una sonrisa, unas palabras, te abren las puertas del alma de la gente y ellos mismos te invitan a fotografiar, pero siempre primero hablando. Y esos lentes te hacen trabajar muy cerca del sujeto, lo que te obliga a crear esa interacción. No son teles, que son ópticas con las que puedes hacer “robados” en un lugar público sin que nadie te vea. Siempre que haces retratos con el consentimiento de la otra persona, se crea este vínculo que para mí es esencial porque el vínculo con el fotógrafo es también el vínculo con el espectador. Nosotros somos el canal por donde fluyen las emociones, los vínculos y las sensaciones de los sujetos hacia el receptor. Es una mezcla, te sale naturalmente y a veces es lo que te vas encontrando. Muchas veces me he encontrado a gente que no quiere ser fotografiada, porque yo siempre lo pregunto. Pero claro, con el 35 no puedes hacer otra cosa, si no quieren que les hagas la foto, pues no podrás porque te van a ver, estás muy cerca. Entonces esto te obliga a ser partícipe, a romper tus barreras e ir y acercarte a la gente, romper este miedo que a veces tenemos de conocer al otro.

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Los temas de tus reportajes suelen mostrar las situaciones de injusticia que sufren poblaciones postergadas social y económicamente, desplazadas de su territorio, con graves carencias de todo tipo. Al acercarte a esas situaciones que vas a retratar, seguramente llegás a un conocimiento más real, más crudo de esos problemas y tal vez de sus causas
¿Cambió algo en tu manera de ver el mundo, sos optimista o pesimista respecto a la posibilidad de cambiarlo?

Hay algo que me hace ser optimista y es que cuando ves a gente, por ejemplo en una hambruna en Etiopía, en el desierto teniendo que convivir con grupos terroristas, o allí en el Kurdistán, gente que lo ha perdido todo por ser de otra raza, o a los refugiados de Grecia... cuando ves gente en situaciones límite, ves que los humanos tenemos una capacidad de sacar lo mejor de nosotros. Ya sea un padre de Siria que ha huido con toda su familia y no quiere que sus hijos lo vean llorar y sonríe cada mañana a pesar de despertarse en una tienda de un campo de refugiados, o una madre en Etiopía que no tiene nada de comida que darle a su hijo pero lo abraza como cada día, con todo el amor que tiene. A veces en esas situaciones, con la cámara eres capaz de ver que la gente saca lo mejor que tiene, y esto me hace ser optimista, me hace confiar en la bondad humana.

Yo pensaba antes que el mundo estaba condenado, era un poco pesimista, y a veces sigo pensando que ya no hay vuelta atrás, que es un declive constante y sin final, pero cuando veo a toda esta gente luchar cada día, por sus hijos, por sobrevivir, me ha enseñado que en el mundo hay mucha más gente buena que gente mala. Lástima que esa gente buena seamos los subordinados y no tengamos el poder para cambiar las cosas, pero en el fondo tengo una confianza en la bondad humana innata. Las relaciones humanas son relaciones de necesaria proximidad, porque todos somos humanos, somos parte de la misma especie, todos somos iguales y merecemos la misma dignidad y los mismos derechos. Pueden no tener nada, absolutamente, pero la gente conserva la dignidad y eso me parece de lo más admirable y me hace ser un poco optimista. Y... no creo que podamos cambiar el mundo con las fotografías, pero sí podemos regar un poco esa semilla que hay de una revolución, de que la gente un día se baje y diga “Hasta aquí, basta!” No podemos seguir viviendo en un mundo tan injusto para tanta gente... O sabes qué, al final quizás no cambiemos el mundo, pero no podremos decir que no sabíamos lo que estaba pasando, y esto es lo que me motiva a trabajar. ”No sabía que estaba pasando esto en el mundo” Sí que lo sabíais porque está documentado, esa es la motivación de mi trabajo.

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Al respecto de estos temas, hay una frase en un artículo de Carlos Hernández Calvo en lamarea.com: “El World Press Photo no incluye ninguna representación de los beneficiados de las crisis, la miseria y la guerra. Sólo muestra las consecuencias sin enseñar a los culpables”
¿Te parece que esto es así, la fotografía documental se orienta más a mostrar a los que sufren las consecuencias, y no tanto a los responsables y beneficiarios de esas situaciones?

Totalmente de acuerdo. No creo que sea porque no lo hayamos intentado, yo creo que se ha intentado mostrar a los beneficiados por la crisis y la miseria, a quienes se benefician de la guerra, se ha intentado mostrar esto, pero es muy difícil, está muy oculto. Pero es verdad que siempre se orienta más a mostrar a los que sufren las consecuencias de estas crisis y no tanto a los responsables.

¿Por qué crees que esto es así?
Yo creo que esto trasciende la fotografía, quizás ahora con Wikileaks y estas filtraciones, empezamos a saber un poco los tejemanejes ¿no?, a saber quiénes son los que mueven los títeres de este entramado mundial, pero hay tanto que no sabemos, ni los periodistas ni los ciudadanos, ni nadie... Por ejemplo, quiénes financian la guerrilla del este del Congo que monopoliza la extracción del koltán. Creo que si nos pusiéramos allí a investigar habría intereses y fondos que vienen de sitios que ni nos podríamos imaginar... y esto la verdad es muy difícil de retratar y de contar. Ha habido periodistas de investigación que han conseguido traspasar esa barrera tan oscura donde se esconde esa gente, pero realmente es algo muy complicado.

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¿A los medios no les interesa ese material, o no les conviene publicarlo? ¿A los fotógrafos les cuesta más acceder, o les interesa menos porque luego será un material difícil de vender?
Yo creo que hay muchos medios a los que no les interesa, que son parte del establishment económico de las empresas que dominan el mundo, claro, pero yo creo que sí hay periodistas valientes que están allí investigando y buscando estas cosas pero es muy complicado. Para los fotógrafos es muy difícil acceder a todo esto. Ya es difícil acceder mediante internet, mediante búsquedas, investigación, mediante archivos y documentos clasificados... imagínate para un fotógrafo. Yo creo que es un tema que sí interesa realizar, pero que es muy difícil, ¿cómo fotografías algo que es tan intangible? Digamos que descubres que un gobierno financia la guerra en el Sudán del sur, ¿cómo lo fotografías? ¿Cómo puedes mostrar que el gobierno de Khartum de Sudán del norte, o el gobierno de Uganda, financia a grupos rebeldes neuer o dinkas para desestabilizar a Sudán del sur? O en Siria, ¿cómo puedes fotografiar que Turquía vende armas a grupos islamistas como se demostró en su momento? Es muy complicado mostrar todo esto, se pueden mostrar las consecuencias y el horror que causa, pero es lo que decíamos antes, se muestra a las víctimas porque es algo que se puede fotografiar y no a los actores que son la causa de todo esto.

Se protege mucho desde el poder: la verdad se ha convertido en un objetivo para esta gente. Los que cuentan la verdad son los periodistas valientes, que buscan publicar quiénes están detrás, quiénes son los culpables y quiénes se benefician con todo esto. Un ejemplo, mira: en la crisis de hambre del sur de Etiopía, hay un fenómeno climático, el fenómeno de El Niño, que cada cuatro años produce una recesión de las lluvias, y en la época de lluvias hay malas cosechas. Lo que publicamos fue que el gobierno etíope para no dar una imagen internacional de que su gente está realmente muriendo de hambre en el sur, falsificó los datos. Si había doscientos niños con malnutrición moderada y veinte con malnutrición severa, niños que están a punto de morir, el gobierno enviaba a la ONU, a UNICEF y otros organismos internacionales información falsa: que había setenta en vez de doscientos y tres o cuatro en vez de veinte. Esto hacía que los organismos manden ayuda para menos gente de la que lo necesitaba. Nos encontramos con organizaciones independientes que trabajaban allí que se quejaban de esta situación, y realmente al mundo no le importaba que el gobierno mintiera, y decían “Ah, mira qué bien va Etiopía” y realmente hay una crisis alimentaria de hambruna, provocada por una mala cosecha y no se está destinando ni se está pidiendo la ayuda necesaria para paliar el problema. Estas cosas sí que se ven y te das cuenta que, como pasan en países africanos, no interesan mucho. Es muy triste...

Tus fotos tienen un gran cuidado estético, combinado con una naturalidad, simpleza y espontaneidad quizás dadas por ese acercamiento a la gente que caracteriza tu trabajo del que hablábamos. Un gran fotógrafo como Sebastiao Salgado, sigue siendo tan respetado por la calidad de su trabajo, como cuestionado por sus supuestos excesos estéticos
¿Qué opinás al respecto? ¿Qué lugar tiene la estética de la imagen en la foto documental? ¿Cómo lo encarás en tu trabajo?

Esto es algo que realmente me tiene pensativo. Aquí hay dos cosas que se combinan y es que si tú no haces fotografías bonitas nadie las va a mirar. Entonces, aunque tengan un contenido muy ético de denunciar injusticias, o de contar historias de gente que sufre, o de gente que está trabajando por un cambio más positivo en el mundo, sobre todo en realidades como las que conozco de África, nadie va a mirar tus fotografías si no son bonitas. Tienes que hacerlas estéticas, para que la gente las vea, para realmente comunicar lo que está pasando. Aún así, yo creo que Salgado tiene este problema, que hace un poco una estética del horror, y no me gustaría hablar mal de un maestro como Sebastiao Salgado, pero imagínate a dos burgueses en París, uno ha comprado la foto de Salgado por 12 mil euros, sobre la hambruna que hubo en el norte de Etiopía hace treinta años. Es la fotografía de un niño, que yo tengo en la cabeza, un niño que está en el suelo, esquelético y moribundo, una fotografía estéticamente muy poderosa, y me imagino a estos dos aristócratas en París: “¿Has visto qué fotografía más bonita me he comprado?”, el otro le responde “¿Pero este no es un niño africano muriéndose?", y el primero dice “Bueno...pero es bonita ¿no?”

A veces la estética puede neutralizar el efecto de denuncia que es lo que tiene que tener la fotografía documental. Y en esto hay que ir con mucho cuidado, para que al final a tus fotos la gente no las mire tanto más por su estética que por su mensaje o significado. Pero como decía, también hay que hacerlas bonitas porque sino la gente no las va a ver. Entonces es un equilibrio muy difícil de conseguir pero yo creo que se puede, dotando de un contexto al reportaje. Por ejemplo, hay una fotografía muy bonita pero hay otras más de acciones, de la realidad, de cosas que están sucediendo, o de paisajes. Entonces, dotando de un contexto a ese reportaje, creo que las imágenes muy estéticas, que podrían llevar a neutralizar el mensaje, se diluyen...

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La gran mayoría de sus ensayos personales son en blanco y negro, pero como él mismo dice, el reportaje te dicta cómo debe ser, cómo se verá mejor. Luego de enviarnos las respuestas, Guillem viajaba a Londres a hacer un reportaje, ya planeado en colores. Y cuando trabaja para diarios y revistas también lo hace en color, porque es lo que le piden los editores.

Esperamos poder mostrar alguno de sus trabajos en una de las próximas Noches de Ruido, el ciclo de fotografía documental organizado por el colectivo Enfoque Rojo.

La fotografía es una herramienta fundamental para mostrar las luchas de los oprimidos contra sus opresores, para denunciar las injusticias y para probar los crímenes que el poder y sus aliados cometen en pos de sostener el sistema de explotación capitalista. Como dice este joven catalán, no podés decir que no sabías lo que estaba pasando, porque allí están las fotos para documentarlo.