Según el análisis de “The Lancet – HIV”, 2 millones y medio de personas en el mundo se contagiaron del virus en 2015. La cantidad de nuevos infectados se mantiene estable desde hace 10 años.

Alfredo González @Alf_Gonzalez_
Miércoles 20 de julio de 2016
En el día de ayer la revista “The Lancet – HIV”, una de las más importantes en la investigación sobre el virus del SIDA, publicó su informe anual sobre Carga Global de Enfermedad (GBD según sus siglas en inglés) respecto a la infección por HIV. Según los datos, recopilados por investigadores de varios países, durante el año pasado se infectaron con HIV más de 2 millones y medio de personas. Actualmente, en todo el mundo, casi 39 millones de personas conviven con el virus.
El informe publicado por la revista inglesa muestra que el número de nuevos infectados permanece casi constante desde hace una década. Según el doctor Haidong Wang, uno de los principales autores del trabajo, “aunque los avances en la terapia antirretroviral y las medidas para evitar el contagio de madre a hijo han salvado una enorme cantidad de vidas, nuestros hallazgos muestran una imagen preocupante en la que el progreso para disminuir el número de nuevas infecciones ha sido muy lento durante los últimos 10 años”.
Un problema de salud pública
Aunque el acceso temprano al tratamiento, la disponibilidad de información y las campañas de prevención han permitido reducir enormemente la transmisión del virus en los países centrales, esta historia es muy distinta en los países pobres, especialmente en África. De acuerdo al estudio, al menos el 75% de los nuevos contagios de HIV suceden en África, y el 15% en Asia. En países como Botswana, Lesotho y Suazilandia, uno de cada 100 habitantes se infectó con HIV durante el 2015. La amplia mayoría de las personas con HIV vive en África.
Esta situación no es casual. La pobreza, los déficits en los servicios de salud, las dificultades para acceder a los tratamientos y la falta de información científica accesible hacen que la epidemia de HIV sea mucho más severa en los países pobres. Si a eso le sumamos el afán de lucro de los laboratorios, para los que la medicación antirretroviral es una mercancía de la cual hay que obtener ganancias, se puede llegar a entender la gravedad de esta situación.
Los números asustan. Si se tienen en cuenta el total de pacientes con diagnóstico de HIV, sólo menos de la mitad (unos 17 millones) tienen acceso a la terapia antirretroviral. Pero en la mayor parte de África, los que tienen acceso al tratamiento son menos de un tercio del total de infectados. Según las estadísticas presentadas en el informe, durante el año 2015 murieron aproximadamente 1,2 millones de personas debido al HIV, perteneciendo la mayor parte a África y Medio Oriente.
A pesar de la tan anunciada campaña de la Organización Mundial de la Salud para poner fin a la epidemia global de SIDA para el año 2030, la realidad es que las brutales desigualdades en el reparto económico mundial y la existencia de un “mercado de la salud” que limita el acceso a la medicación en función de la ganancia privada, ponen un límite a las ambiciones de poner fin a la epidemia.

Alfredo González
Rosarino, médico y militante del PTS, escribe habitualmente sobre Salud en La Izquierda Diario.