La rectoría de la UNAM emitió un comunicado en el que llama a los Consejos Técnicos a discutir el regreso a las aulas. Dicen que “existen las condiciones” y, sin embargo, obvian la realidad de la comunidad universitaria.

Joss Espinosa @Joss_font
Martes 16 de noviembre de 2021
Desde hace semanas el Gobierno Federal ha insistido que las universidades regresen a las aulas. En consonancia con eso, la rectoría y algunas direcciones de Facultades han llamado a volver a clases presenciales.
Hoy, emitió un comunicado Enrique Graue, rector de la UNAM, en el que parte de decir que las condiciones están para regresar a clases presenciales, con la vacunación y la baja de contagios. Con ello convoca a los cuerpos colegiados (los consejos técnicos) para que discutan el retorno a las clases presenciales en este mismo semestre.
Señala también algunas de las medidas a tomar, que se restringen al uso de cubrebocas, evitar aglomeraciones y, veladamente, decir que solo pueden permanecer en las escuelas el tiempo estimado para clases, cortando con una de las partes fundamentales de la universidad que es construir comunidad fuera de los salones de clase.
En primer lugar, cabe señalar que no tendrían que ser los cuerpos colegiados los que decidan a puerta cerrada qué hacer con el regreso a las aulas. Primero porque dichos organismos no representan realmente a la comunidad, en la mayoría están desvinculados de ésta, toman las decisiones sin consultar a las bases estudiantiles, docentes y trabajadoras.
A esto se suman las restricciones que existen para estudiantes o docentes para ser candidatos para dichos organismos. Por ejemplo, en el caso de estudiantes se pide un cierto promedio y ser alumnes regulares, algo que afecta sobre todo a aquellos que tienen que estudiar y trabajar.
Por otro lado, los directores tienen derecho de veto en estos organismos, así que, no importa qué digan los representantes (pocos) de la comunidad, las decisiones las toman las direcciones. Esto ya de por sí es un problema, dado que los directivos y las autoridades universitarias desconocen la realidad de la comunidad, lo que atraviesan en su trayecto a las escuelas y facultades, cómo vivieron la pandemia y la imposición de las clases en línea; esto se demuestra con que, concretamente, no tomaron ninguna medida real para impedir la deserción escolar (que es en realidad la expulsión de la juventud de las universidades), como la implementación de becas universales, o garantizar la conectividad de todes les estudiantes y docentes.
Por otro lado, se habla de la vacunación y que ésta ha cubierto a casi el 90 %, la cifra exacta es el 84 % pero solo de la población mayor de 18 años (y que además, no todos tienen el esquema completo); pese a esto nada se dice qué va a pasar con los jóvenes que cursan los bachilleratos de la UNAM (prepas, CCHs), y que recién se abrirá el registro para su vacunación.
La falsa preocupación de la rectoría
Casi al final del comunicado se lee “Hemos vivido ya muchos meses muy difíciles y tristes. Hemos vivido alejados físicamente. Durante este periodo, la comunidad universitaria se comportó de manera ejemplar.”
Por un lado, con esto justifican el regreso a las clases presenciales, sin embargo, esta preocupación queda solo en palabra, ya que este regreso no contempla qué va a pasar con los estudiantes foráneos y la comunidad que vive en la periferia y que tiene que cruzar la ciudad durante dos horas o más en un transporte hacinado que sigue siendo un foco de contagio.
Tampoco se preocupan por quienes tuvieron que empezar a trabajar, y que ahora con las clases presenciales van a tener que elegir entre asistir a clases o quedarse sin sustento, porque las autoridades y el gobierno no garantizan las condiciones económicas para que tanto estudiantes y docentes puedan desempeñarse en las universidades sin preocuparse por no llegar a fin de mes.
Si en algo acierta el comunicado es que “la comunidad universitaria se comportó de manera ejemplar”, esto es cierto si contemplamos que la comunidad la componen docentes, estudiantes y trabajadores; pues han sido ellos quienes han tenido que enfrentar la falta de conectividad, la precarización laboral y las terribles condiciones, y aun con eso continuar dando vida a la UNAM. Caso contrario de las autoridades, que, como mencionaba, no solo no garantizaron las condiciones para las clases en línea, sino que incluso pretendían que las y los profesores de asignatura vivieran “del aire”, pues se denunció que nos les pagaban los ya de por si bajos salarios.
Aunado a esto, el regreso a clases nos hace pensar qué va a pasar con las terribles condiciones de infraestructura que imperan en nuestras escuelas y facultades. En muchas de ellas hay hacinamiento, falta de agua y jabón en los baños; no hay suficientes pumabuses (en el caso de CU) para la demanda que existe, entre otras situaciones.
Por otro lado, siguen pendiente las condiciones laborales de las y los docentes, que no solo tienen bajos salarios e inestabilidad laboral, sino que siguen denunciando la falta de pagos; también han denunciado que las autoridades universitarias han aplicado despidos a sectores que participaron del movimiento #UNAMNoPaga, docentes para los cuales exigimos su reinstalación y basificación.
Desde la Agrupación Juvenil Anticapitalista, consideramos que deben ser les estudiantes, docentes y trabajadores quienes decidan en asambleas y espacios democráticos cuándo y cómo volver a clases presenciales, sin que esto implique un riesgo para la comunidad universitaria y las familias.
En dichas asambleas tendríamos que problematizar también las condiciones mínimas para que nadie queda fuera, ya sea presencial o virtualmente. Exigiendo becas universales que cubran el costo de la canasta básica, que se garantice la canasta tecnológica, transporte gratuito y seguro, comedores para todes con alimentos saludables y gratuitos, dormitorios para les foráneos, así como la construcción de más sedes para evitar el hacinamiento en nuestras aulas y escuelas.