El gobierno, los partidos del Congreso y los empresarios publicitan la Constituyente como la otorgación de derechos ciudadanos. Enrique Peña Nieto y Mancera mantienen sus mecanismos antidemocráticos en el proceso.
Martes 17 de mayo de 2016
El gobierno, los partidos del Congreso, los intelectuales, los empresarios y los medios de comunicación publicitan la convocatoria a la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, como la otorgación de derechos ciudadanos a los habitantes de esta demarcación. Como si Peña Nieto y M Ángel Mancera de pronto hubieran de reconocer las aspiraciones democráticas de la población.
Es decir, como si en esta propuesta, a todas luces antidemocrática de origen, el PRI no buscara fortalecer su disminuido control territorial en la capital del país pensando reposicionarse para recuperar esta entidad en las elecciones presidenciales del 2018; y como si Mancera no buscara posicionarse en el PRD y ganar apoyos de importantes fuerzas patronales con las que viene manteniendo acuerdos empresariales y políticos para lanzarse por la presidencia (recientemente reconoció esa aspiración) y mostrar que, además de Andrés Manuel López Obrador y el MORENA, está él como opción de centroizquierda.
Y es que en el fondo de esta política institucional de incorporar algunas demandas elementales (formales) en la legislación de la ciudad, está el objetivo estratégico de mantener y profundizar el control de los gobernantes sobre los gobernados en este período de deslegitimación de las instituciones, mediante una reglamentación donde las principales fuerzas que determinarán el contenido de las leyes, expresan los intereses del empresariado nacional -del cual muchos políticos forman parte-, y de los inversionistas extranjeros para los cuales la capital se hace cada vez más atractiva.
Es una política para mantener el control político, económico, ideológico y represivo sobre la mayoría de la población. Es una Constituyente que no responde a una demanda exigida desde abajo, y tiene por lo tanto un carácter preventivo para no alterar la relación de fuerzas favorable al gobierno de los ricos y a su “democracia”.
Una vez que quedó demostrado que la “alternancia”, acordada como régimen de desvío, no pudo acabar con el descontento nacional, si bien ha logrado desviarlo por momentos, y cuya expresión más contundente se da en la capital del país, recurre a una suerte de reformas políticas acordadas entre el poder ejecutivo, el capitalino y los principales partidos del Congreso.
Como antecedente inmediato de esta maniobra, está la transición pactada” orquestada en 1999 entre los principales partidos del Congreso para suplir al erosionado régimen del PRI, y evitar así una alternativa independiente surgida desde abajo. Entonces, al ser éste un proyecto político pensado en “las alturas” (es decir, a espaldas de las masas), no va a contemplar los reclamos y los derechos más urgentes de los que habitamos esta ciudad.
Si se hubiera consultado a la población si aceptaba que, de los 100 diputados a elegir a la Constituyente, 40 fueran alevosamente reservados para los gobernantes y los partidos políticos probablemente se hubiera profundizado el descontento y la movilización y esta imposición no habría pasado. Ya desde ahí muestra su carácter elitista y amañado.
No es una constituyente libre y democrática
Al ser tan restrictiva y negada a las organizaciones de los trabajadores, y donde la mayoría de los candidatos “independientes” muestran no serlo tanto (como el mancerista charro de los bomberos del gobierno de la ciudad y otros de filiación priista, panista, perredista, petista, etc.), no puede esperarse que propongan leyes en donde las decisiones sobre la vida en la ciudad sean consultadas por sus habitantes. Ni mucho menos que se preocupen por las condiciones laborales de los trabajadores de esta gran urbe.
Por ejemplo, ningún candidato (no digamos los de los partidos del Pacto por México), se propone revertir las reformas estructurales (como la laboral, energética y educativa),que atentan contra el derecho de huelga, legitiman el trabajo realizado y los despidos; que entregan PEMEX al capital privado y mutilan (con la complicidad de la dirección sindical) las conquistas de los trabajadores; y tampoco están por derogar la reforma mal llamado educativa que busca liquidar a la CNTE y los derechos de los maestros. Esas leyes no piensan tocarlas por nada.
Tampoco van a castigar la corrupción de los gobernantes y sus negocios con empresarios inmobiliarios, mineros, banqueros, etc. Ni tampoco a los millonarios líderes como los de los sindicatos de PEMEX, ferrocarriles, Comisión Federal de Electricidad y otros tantos al servicio de los patrones y el gobierno.
Es una fiesta organizada por los partidos de Beltrones, Murillo Karam, Caderón, Fox, los Chuchos, los Albores, los Gracos Ramírez, etc.
Los socialistas y las demandas democráticas
Pese a ser una Constituyente impuesta desde arriba y donde su interés político es legitimar las condiciones de opresión y explotación de los habitantes de la ciudad, probablemente sectores importantes confían en un cambio favorable con esta nueva legislación.
Desde el MTS opinamos que es necesario luchar porque se escuche la voz de los excluidos, es decir, de las mayorías y que ellas exijan que se les escuche.
Por eso las demandas de los candidatos socialistas y anticapitalistas buscan empalmar con los reclamos de estos sectores. Pero sabemos que estos solo pueden ser impuestos a los “de arriba” con la movilización obrera y popular.
Es decir, no renunciamos a levantar las demandas más sentidas de la población por el hecho de que estas elecciones son organizadas por la clase dominante, pero tampoco creamos ilusiones en la reforma del régimen autoritario y hambreador.
Al ser la Fórmula 5 (“Anticapitalistas a la Constituyente”) la única de izquierda y realmente independiente (cuyos candidatos se movilizan junto al magisterio democrático, con los estudiantes y maestros del Poli, con las trabajadoras precarizados del IEMS y los huelguistas de Sandak; que acompañan la lucha de las trabajadoras de las maquiladoras el norte del país (como Lexmark); que han sido parte activa de la lucha contra la militarización y contra los feminicidios (entre otros movimientos), llamamos al conjunto de la izquierda y del movimiento democrático a impulsar la candidatura de Sergio Moissen y Sulem Estrada, luchadores socialistas que están compitiendo contra el Goliat capitalista representado por sus partidos y sus instituciones.

Mario Caballero
Nació en Veracruz, en 1949. Es fundador del Movimiento de Trabajadores Socialistas de México.