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Internacional. Honduras ante el espejo de Guatemala: ¿cómo enfrentar la crisis nacional?

Desde mayo se hace sentir en las calles hondureñas un gran descontento popular cuando se dio a conocer el desfalco al Instituto Hondureño de la Seguridad Social (IHSS) por 300 millones de dólares.

Bárbara Funes

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3

Viernes 11 de septiembre de 2015

Foto: Honduprensa

Los implicados en el fraude son empresarios y políticos de los partidos tradicionales. Entre ellos se encuentra el presidente Juan Orlando Hernández (JOH), del Partido Nacional, ya que una parte de los fondos robados se aplicó para la campaña electoral que lo llevó al poder.

El vaciamiento en el IHSS se da en el marco de que la mayoría de la población hondureña vive en situación de pobreza, y este país centroamericano encabeza el ránking de los países más pobres de América Latina.

Cabe destacar que tampoco hay cifras más o menos actualizadas porque, según salió a la luz pública en agosto, el Instituto Nacional de Estadísticas de Honduras habría sufrido también el desvío de fondos propios para la campaña electoral de JOH.

Violencia, militarización, injerencia imperialista y crisis alimentaria

De acuerdo con el último informe que dio a conocer la PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), “Carga Mundial de la violencia armada”, Honduras se encuentra entre los países más violentos del mundo, junto a El Salvador, Colombia, Venezuela, Guatemala, Belice, Irak, Jamaica, Sudáfrica, Sri Lanka, Lesoto, República Centroafricana, Sudán y República Democrática del Congo. Para el cierre de este año, la Fuerza de Seguridad Interinstitucional Nacional (FUSINA), estima una tasa de 55 homicidios cada 100,000 habitantes.

Desde al menos 1982, bajo la presidencia de Roberto Suazo Córdova, Honduras ha sido la fuerza de choque contra el sandinismo nicaragüense. Estados Unidos opera en una importante base militar, Palmerola, en la que a partir de este año se pondrá en funcionamiento una nueva unidad de la Fuerza de Tarea de Propósito Especial Aire-Tierra de Marines-Sur, que cuenta con 250 marines, que se suma a los 500 que ya son parte de la base. Su tarea: el “combate” contra el narcotráfico y “ayuda humanitaria”. La Palmerola fue un centro de operaciones clave en el golpe de Estado de 2009, contra Manuel Zelaya.

La violencia tiene su raíz tanto en las operaciones del crimen organizado como en la acción de las fuerzas represivas hondureñas y estadounidenses.

A este panorama desolador se suma que Honduras es un país muy afectado por el cambio climático. Una parte de su territorio se encuentra en el llamado “corredor seco de Centroamérica”, del que también forman parte El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Está sufriendo una importante sequía y se espera que esto se combine con lluvias e inundaciones que afectarían gravemente zonas rurales, tanto cultivos y ganadería como vivienda. Además se espera una gran escasez de frijol, arroz y maíz, bases de la dieta hondureña.

Todos estos elementos demuestran que Honduras en particular, y Centroamérica en general, están sufriendo una grave crisis humanitaria.

Marchas de las antorchas: por la caída de JOH

Recordemos que el año pasado, previo al escándalo del vaciamiento del IHSS, las y los trabajadores de la salud tomaron las calles contra la amenaza de privatización y por el urgente suministro de insumos y medicamentos, entre otras demandas, como explicamos acá. Ante las amenazas de las autoridades el movimiento fue contenido. Pero aun así la clase trabajadora es parte de las manifestaciones de las antorchas.

Ya pasaron los 15 viernes de marchas en los que miles de hombres, mujeres y jóvenes exigen “¡Fuera JOH!”. Muchos miran con esperanza hacia Guatemala, y tienen ilusiones en que la salida para la terrible crisis que agobia a Honduras pase por la destitución y el juicio al presidente, de la mano de una comisión internacional contra la impunidad.

Al contrario de lo sucedido en Guatemala, hasta el momento el imperialismo estadounidense no le ha soltado la mano a Juan Orlando Hernández. De hecho, John Biehl, de la Organización de Estados Americanos (OEA), y Alejandro Bendaña, de Naciones Unidas, se reunirán en estos días con expresidentes, miembros de la “Oposición Indignada” y políticos de los partidos tradicionales. Su objetivo es claro: cerrar la crisis de un país agobiado por la corrupción, la violencia y la pobreza.

Pero sucede que tanto el Partido Nacional, al que pertenece el presidente Juan Orlando Hernández, como el Partido Liberal están implicados en numerosos casos de corrupción. Por su parte, el Partido Libertad y Refundación –creado en 2009 por Zelaya, el expresidente depuesto por el golpe de Estado ese mismo año– tampoco ofrece una salida. Todos estos partidos son cuestionados por el movimiento de los indignados.

Asimismo, el interés de Estados Unidos prevalece en los organismos internacionales como la OEA y Naciones Unidas, y más en asuntos relativos a un enclave imperialista en Centroamérica. Nada bueno pueden esperar la clase trabajadora y los sectores populares hondureños de los mismos.

Para investigar hasta el final la corrupción de funcionarios de gobierno y juzgarlos, es necesario que las y los trabajadores, campesinos, jóvenes, comunidad sexodiversa, feministas y pueblos originarios –todos ellos agraviados por los partidos del régimen– pongan en pie una comisión de investigación independiente del Estado, de los organismos internacionales y de los partidos tradicionales.

A su vez, ante el planteo de la caída del gobierno, se hace necesario pensar qué sigue. ¿Un recambio mediante elecciones, por algún otro de los partidos políticos que representan los intereses de las trasnacionales y el empresariado nacional?

No. Las y los trabajadores de la mano de la juventud y los sectores populares deben imponer con la movilización y la huelga general una Asamblea Constituyente Libre y Soberana. Una Asamblea donde se debatan los grandes problemas del país –la migración, la corrupción, la pobreza, la crisis alimentaria– y se les dé solución de acuerdo con los intereses de la mayoría de la población.

La crisis de Honduras –y de Centroamérica en general– se resuelve con la ruptura con el imperialismo que hundió en la miseria y la violencia a la región con sus planes neoliberales, la militarización, y el saqueo descarnado de todos sus recursos. Y esto empieza por la expulsión de las tropas estadounidenses del país y el cierre de la Palmerola, y continúan con el no pago de la deuda externa.

Esto no lo harán el empresariado local ni los partidos del régimen, ligados por múltiples vías a los capitales internacionales. Sólo la clase trabajadora y el pueblo tienen la fuerza para llevar a cabo estas acciones.