El pasado 16 de febrero, se visibilizó una bajada de la movilización en Francia, a pesar de los cortejos que mantienen números elevados en las manifestaciones. Mientras que la jornada no pareció aportar gran cosa para muchos trabajadores, se mantiene la urgencia de construir la huelga renovable amplia a partir del 7 de marzo.
Lunes 20 de febrero de 2023

Un mes más tarde de la presentación del proyecto de reforma de pensiones por parte de Elisabeth Borne, primera ministra francesa, este jueves se dio en Francia la quinta jornada de movilizaciones interprofesionales contra dicha reforma. Sin sorpresa alguna, la participación y tasa de huelguistas ha descendido visiblemente. Sin embargo, en pleno periodo de vacaciones escolares, excepto en las regiones de Île de France y Occitaine, y a pesar de las legítimas dudas sobre la utilidad de esta jornada, de forma general la movilización continua siendo importante con 1,3 millones de manifestantes según CGT en todo el país. Esto demuestra el arraigo del movimiento y su voluntad de tumbar las medidas del gobierno.
A pesar de las legítimas dudas sobre la utilidad de la jornada, la movilización se mantiene fuerte
Así pues, en las ciudades más grandes, las cifras de movilización permanecen elevadas según los sindicatos. Según CGT se manifestaron 300.000 personas en París, 90.000 en Marseille, 65.000 en Toulouse, 30.000 en Burdeos, 12.000 en Rennes, 10.000 en Bayonne y 4.000 en Valenciennes. En Albi, donde los dirigentes de la intersindical acordaron participar para dar visibilidad a la lucha en ciudades más pequeñas, participaron más de 55.000 manifestantes.
En cuanto a las tasas de huelguistas, la dinámica va claramente a la baja. En el sector petroquímico, tan solo la bio-refinería de La Mède (Bouches-du Rhône) se puso en huelga. Una ausencia de movilizaciones en un sector que recientemente se expresó a favor de la huelga renovable y por la radicalización del movimiento, una muestra de cómo se percibía esta jornada. En la Educación, el ministerio, de quien ya conocemos sus métodos aproximativos para calcular, afirmó que el porcentaje de huelguistas fue de 6,95% en la zona C, la única zona sin vacaciones escolares actualmente (escuelas de París, Versailles, Créteil, Toulouse, Montpellier), en contraste con el 12,87% del 7 de febrero y sobre todo del 35,15% del 19 de enero.
La misma situación ocurrió en los transportes con un 14% de huelguistas en ferroviarios, SNCF, frente al 25% del martes pasado y el 46,3% del 19 de enero. Por ello, las perturbaciones en el servicio fueron limitadas con 4 de cada 5 trenes circulando y un tráfico normal en el metro parisino. No obstante, un 30% de vuelos fueron anulados en el aeropuerto París-Orly, un 20% en Toulouse, Montpellier e incluso Nantes. Finalmente, en el sector de la energía, la movilización en retroceso se mantuvo aún así elevada. La CGT reivindica una bajada de producción de 3.000 MW en las centrales nucleares, lo que equivale a tres reactores nucleares, así como múltiples operaciones de bloqueo en las centrales hidráulicas y los depósitos de gas.
¿Una jornada para nada?
Si bien el hecho de que la movilización continue es la señal de que la voluntad de pelear se mantiene, es legítimo reflexionar sobre la utilidad de la jornada del 16 de febrero. En los cortejos, la cuestión tuvo numerosas respuestas: “¿Para qué perdemos el tiempo en esta manifestación? En la cabeza del cortejo parisino, un participante se enfadaba con el ambiente que juzgaba flojo (este manifestantes no fue el único en sentirse decepcionado este jueves). Un poco antes, tres estudiantes señalaban que la movilización de ese día no servía “para nada”, explicaba un corresponsal del periódico Figaro. En el corazón de las movilizaciones, otra problemática se suma a la primera: la necesidad de radicalizar el movimiento. Entre los manifestantes, el cambio de tono de la intersindical el pasado sábado y su llamado a “detener el país el próximo 7 de marzo” suscitó un ampliamente compartido entusiasmo.
Fue el caso de Laurent, trabajador para una subcontrata de SNCF, entrevistado por el diario Le Monde en París que juzgó la manifestación de “amigable”. Demasiada amigable para cambiar las cosas y recordaba la fecha del 7 de marzo: “El Estado se ríe de las manifestaciones. Ahora hace falta bloquear. Los transportes y refinerías, como siempre. Pero también los camioneros, si ellos participan será otra cosa. El gobierno no podrá seguir ignorándonos “, afirmaba Laurent.
Es difícil, sin embargo, ver cómo la jornada del 16 de febrero ha servido para avanzar en el plan de batalla de hacer que el 7 de marzo no sea simplemente una jornada de movilización masiva sino un verdadero punto de apoyo para radicalizar el movimiento y plantear la perspectiva de la huelga renovable amplia. Más allá del hecho de que la jornada no ha permitido poner la huelga en el centro del debate unos días después de haber llamado a movilizar un sábado, la debilidad relativa de la movilización no es únicamente producto de las vacaciones escolares, sino también la señal de que convocar a jornadas aisladas y sin una verdadera perspectiva de lucha no sirven para convencer.
Por ahora, la bajada de movilización este jueves no parece traducirse ni en una voluntad debilitada ni en una dinámica descendiente en la voluntad de la base de combatir la reforma. La debilidad de la movilización es sin embargo un toque de atención: la sucesión de jornadas aisladas y la falta de perspectivas propuestas hasta ayer por la intersindical corren el riesgo de desinflar la protesta y erosionar la enorme cólera generada por el mortífero proyecto de Macron.
Imponer la huelga renovable amplia a partir del 7 de marzo
Desde este punto de vista, lejos de preparar el terreno para una huelga renovable del conjunto de los trabajadores, la intersindical continua a subordinar las convocatorias de movilización a la lógica de presión sobre los diputados. Por parte de la CGT, Philippe Martinez, secretario general de CGT, tras la manifestación en Albi, reiteró sus amenazas de bloquear el país “si Macron no atiende a razones" y celebró la movilización que “pesará” en los debates en la Asamblea Nacional, ya que los diputados no podrán “ignorar que tanta gente está en las calles”. Un “balance” que aclara qué significan sus llamados a “detener el país”.
Por su parte, Laurent Berger, secretario general de la CFDT, fue más allá en esta cuestión tendiendo la mano a la derecha del Senado, enemiga mortal de los trabajadores y simpatizante de un gran número de artículos de la reforma de las pensiones: “El Parlamento no es únicamente la Asamblea Nacional, es también el Senado. Existe también un debate en el Senado, en el cual la intersindical quiere estar presente. Es uno de los principales motivos de la próxima movilización del 7 de marzo”.
En otras palabras, detrás de discursos rojos, la huelga renovable está lejos de ser el programa de la intersindical. Recientemente, en un medio de comunicación, Marylise Léon, secretaria general adjunta de CFDT no dejaba la menor duda. Según ella: “la posición de la CFDT es el 7 de marzo, nada más. El 8 de marzo será también una jornada de movilización, pero sin vínculos con el día anterior”. Estas declaraciones son coherentes con el rechazo continuo de la dirección de CFDT de construir una correlación de fuerzas dura en contra del gobierno.
Mientras que la cuestión del bloqueo de la economía parece haber calado en una parte de la base de los trabajadores y trabajadoras, todas las fuerzas deben ponerse al servicio de la construcción de una huelga renovable amplia. La fecha del punto de partida está clara: el próximo 7 de marzo. Varios sectores, en especial CGT ferroviarios, la intersindical de la RATP (transportes parisinos) o Solidaires (sindicato) ya convocan con esta idea. Tras su discurso, la intersindical debe ser coherente con sus actos. Para “detener el país” hay que generalizar la perspectiva de la huelga renovable y poner sus medios al servicio de su construcción. Es urgente dotarnos de un plan de batalla que ligue la ampliación de las reivindicaciones y de la auto-organización desde la base para imponer esta orientación.