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Red Internacional
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Mundo Obrero. Iansa suma cierre de dos plantas en menos de dos años ¿Por qué cierran las industrias?

Lo que comenzó con el cierre de la planta en Linares el 2018, ahora sumará el cierre de la planta de Los Ángeles, trasladando su operación a Chillan. ¿Cuál es la crisis que enfrentan las empresas que las lleva a tan radical decisión? ¿Es el único camino?

Antonio Paez

Antonio Paez Dirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile

Miércoles 30 de septiembre de 2020

El 2018 la ciudad de Linares vivió un enorme terremoto, pero este no se debió a un movimiento telúrico, sino al anuncio de la empresa Iansa de que cerraría la planta refinadora de azúcar ubicada en dicha ciudad.

Este inesperado anuncio puso en alerta a los más de 500 trabajadores que desempeñaban labores en dicha fábrica. En esa ocasión el dirigente sindical de la planta Ciro Tapia señaló que “Aquí se produce azúcar para Chile y trabajo para chilenos, por lo tanto, su cierre va a crear mucha cesantía. El trabajo de esta planta es fundamental para la provincia, se generan más de 31 millones de dólares que quedan acá”. A esos 500 trabajadores había que sumar los más de 1500 trabajadores agrícolas y de la cadena de producción que plantaban, cultivaban y movían la remolacha azucarera a la planta.

El ministro Walker (Agricultura) se mostró preocupado por la situación e instó a la empresa a postergara la decisión, cuestión que no ocurrió y finalmente Iansa prefirió pagar más de 1 millón de dólares en indemnizaciones y mover toda la producción a Los Ángeles y Chillan.

A dos años de dicha decisión, Iansa vuelve a informar el cierre de una de sus plantas, esta vez la afectada se encuentra en Los Ángeles y nuevamente representa un importante golpe para miles de familias trabajadoras que deberán enfrentar con mayor incertidumbre el momento social que vive el país.

¿Por qué cierran las plantas?

Hasta ahora Iansa ha justificado el cierre de sus plantas debido a la falta de competitividad en el mercado. Como lo señaló su gerente general Pablo Montecinos, en una entrevista a Diario Financiero, "queremos transformar verdaderamente Empresas Iansa en una compañía de alimentos", por lo que esta decisión impacta directamente en los diversos procesos productivos, donde el azúcar hoy representa poco más de un 50% de los ingresos de la empresa.

Su diversificación hacia otras áreas como la producción de jugos, puré de frutas y vegetales, cereales, miel y otros ha hecho que mantener grandes complejos industriales sea cada vez menos atractivo.

Según la empresa otro de los factores que abría impactado en la decisión de concentrar la producción de azúcar en Chillan, es el alto costo que tenia aparejada la producción en las plantas de Linares y Los Ángeles, costos que aumentaron debido a la creación del “impuesto verde” debido a la utilización de enormes cantidades de combustible fósil para sus calderas y aunque en el 2018 negociaron una exención tributaria al parecer este no fue suficiente para mantener competitiva las plantas.

Otro de los argumentos para el cierre fue la caída en el precio del azúcar. Después de su peak en el 2016 donde alcanzó la suma de US$ 23.42 la libra el valor cayó bajo los US$11 dólares para el 2018. Desde ese año hasta ahora, el valor del azúcar se ha recuperado, pero lejos de los del 2016.

Pero pesar de la baja en el valor del azúcar, Iansa realizó inversiones por más de 80 millones de dólares y según su informe financiero del año pasado “la compañía tuvo un EBIDTA positivo de US$19,3 MM (año 2018) y US$10,5 Millones (1er semestre 2019), tenemos una posición financieramente sana”, una posición tan sana que no le importó enviar a la calle a cientos de trabajadores.

¿Y, qué pasa con las familias trabajadoras?

Luego del cierre de la planta Linares el gobierno ofreció cursos de capacitación para la reconversión laboral. En el 2018 el gobierno entregó 29 cursos de conducción profesional clase A3 y A5, 14 optaron por cursos de instalación eléctricas tipo F y G y 24 prefirieron el curso de Electricidad en Sistemas Solares Fotovoltáicos. Otros 20 optaron por cursos eléctricos. En total solo el 27,4% de quienes perdieron sus empleos tuvieron alguna opción de capacitación.

De los agricultores y productores de remolacha la Corfo entregó algunos prestamos para palear la pérdida y negoció con la empresa un pago provisorio a mejor precio para compensar el traslado de la producción desde Linares hasta Chillan.

En el cierre de este año Iansa espera trasladar a una parte de los 121 operadores a alguna de las otras plantas que mantiene abiertas. En caso de que no puedan ser trasladado comprometieron algunos beneficios y pago de indemnizaciones. En el caso de los remolacheros comprometió el traslado de la materia prima a costo de la empresa.

El cierre no es la única opción. Nuestras vidas valen más que sus ganancias

Como hemos visto hasta ahora el cierre de las plantas de Linares y Los Ángeles responde a los planes económicos de la empresa para ingresar a otros mercados y deshacerse de sus procesos más costosos. El desechar ambos complejos trajo números verdes para la empresa y números rojos para sus trabajadores.

Entonces es válido preguntarse ¿es la única salida para estas empresas? Estamos convencidos que no. El cierre de las plantas menos eficientes es la salida más económica para una empresa, pero la más costosa para la clase trabajadora.
En un momento particularmente crítico para millones de familias obreras, las empresas mantienen una perspectiva que antepone las ganancias a las necesidades sociales.

El cierre de una planta significa desempleo y precariedad, por lo que se hace necesario que nunca la prohibición de los despidos, la estatización bajo control de sus trabajadoras/es de toda empresa que quiebre o cierre. En el caso de las plantas de Iansa debería crearse una comisión de trabajadores, productores agrícolas y las universidades estatales locales para actualizar la producción, hacerla más eficiente y ecológica, cuestión que Iansa no quiere hacer y prefiere cerrar.