Una reciente exposición de la artista Dolores Cáseres en el Museo Caraffa en la ciudad de Córdoba (MEC) genera polémica. ¿Qué se exhibe en las salas? Aparentemente nada.

Natalia Rizzo @rizzotada
Miércoles 26 de agosto de 2015
La muestra se titula #SinLímite567. Consiste en tres salas aparentemente “vacías”. Son 450 metros cuadrados cuyas paredes, pisos y bancos son blancos: no hay objetos, no hay performance. El catálogo de la muestra contiene doce páginas que reproducen los 120 metros lineales de muros pintados de blanco.
Las notas de los medios se inundan de títulos como: “¿Arte o estafa?” o bien “Una muestra sin obras”. Se genera una problemática alrededor de la obra sobre si la ausencia de objetos, de materia tangible, puede “salvarse” con la apoyatura del concepto. Las redes están colmadas de comentarios reaccionarios en contra de la práctica artística de esta artista consagrada, mientas el público “especializado” va desde reflexiones favorables, a criticar la obra por tratarse de un “recurso muy utilizado”.
Pero la obra pareciera lograr al menos uno de sus objetivos: generar debate alrededor de las prácticas artísticas contemporáneas y sus instituciones. "El espectador lógicamente se pregunta qué es esto, hasta que entiende que la muestra es preguntarse ’qué es esto’ y ’qué es arte’", comenta Dolores.
Podríamos enmarcar esta práctica dentro de lo que es el arte conceptual, donde las ideas acerca de la obra prevalecen sobre sus aspectos formales. Se hace innegable reconocer en el germen que da origen a este arte, la influencia de los Ready-mades (el arte plasmado mediante el uso de objetos ya existentes que habitualmente no se consideran artísticos) de Duchamp, como es el caso del mingitorio que expone en 1917 en el Museo de Nueva York y cuyo título es “La Fuente”. Estos “objetos encontrados” ponen en jaque la instalada idea de realización concreta de la obra de las manos del creador junto con el aspecto contemplativo por parte del público. Convierte a las obras en objetos para la pura interpretación intelectual.
Como movimiento, comienza a partir de los años ’60, con eje geográfico en EEUU y Europa en el contexto del fin de la II Guerra Mundial. La lista de artistas que se abocaron a realizar este tipo de manifestaciones es innumerable, pero entre ellos podemos citar desde John Cage, Robert Rauschenberg, Jasper Johns, Yves Klein, Piero Manzoni, grupos como fluxus, (Joseph Beuys, Wolf Vostell, Nam June Paik) y el mail art, hasta artistas locales como Alberto Greco, Liliana Porter, Marta Minujín, y una larga fila de etcéteras.
“Nada será una obra de arte porque yo lo decido”, declaró Yves Klein. Sin duda, el principal antecedente a la muestra de Cáseres es él, quién ya en el año 1958 presenta su "exposición du vide" en Iris Clert en París, que consistía en un espacio vacío para no/darle forma a lo que él llamaba “sensibilidad pictórica inmaterial”.
El arte conceptual ha dejado fuertes influencias en el campo de lo que hoy llamamos arte contemporáneo. Podemos citar también propuestas conceptuales en manos de curadores como es el caso Ivo Mesquita, en la 28ª Bienal de San Pablo, donde no exhibió obras de arte, ni hubo exposiciones. El inmenso pabellón de 25.000 metros cuadrados se abrió tan sólo para reflexionar.
Otro claro ejemplo es el que ocurrió con el artista cordobés Enrique Ježik quién se vio sorprendido cuando se le informó que había ganado la décima edición del Premio arteBA-Petrobras de Artes Visuales, donde el jurado lo premió por enviar un mail vacío a la convocatoria, un gesto de descuido y no una decisión conciente del artista, que se olvidó de adjuntar un archivo en el cuerpo del mail.
La representación del vacío en el campo del arte ha sido “objeto” de estudio y teorizaciones. Más allá del gusto o disguto subjetivo y de las posibles elucubraciones al respecto, vale la pena preguntarse una vez más ¿cuál es el sentido de volver a replicar una muestra de arte-vacío en el contexto actual? O bien si ¿el contexto actual le imprime un nuevo sentido a una obra que ha sido disrruptiva en otro momento histórico?¿Cuántas veces puede ser disrruptiva una obra? ¿Es la misma obra o es una obra nueva?
En torno a las discusiones sobre la crisis de representación en el arte contemporáneo, podemos reflexionar sobre el significado de ese supuesto “vacío” donde al público se le suelen presentar inaccesibles las obras aún con sala llena. Una ausencia que nos lleva a preguntarnos una vez más qué es el arte, sin encontrar definiciones taxativas.
¿Porqué la artista vuelve a elegir dejar una sala vacía? ¿qué tipo de discurso encierra la ausencia del discurso o la ausencia de las formas? ¿Qué hay detrás de la “nada” aparente o del todo “inabarcable”?
El capitalismo se adueña de los espacios simbólicos a través del pensamiento hegemónico. Junto con la lucha de clases se impone la batalla de ideas ¿El supuesto “fin del arte” no viene de la mano del triunfo neoliberal de la naturalización del “fin de la ideología”?
Si el arte trata de cambiar el orden de las cosas, ¿no podemos utilizar todas las herramientas creativas disponibles para superar esta contradicción?

Natalia Rizzo
Artista Visual, nacida en 1980, oriunda de Villa Luro. Es profesora Nacional de Bellas Artes y realizó la Maestría en Artes Electrónicas de la UNTREF. Miembro de Contraimagen y del equipo de diseño e ilustración de Ideas de Izquierda.