El martes 3/11 se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en Estados Unidos (EE.UU.), pero ¿qué significa eso para los trabajadores y los pueblos de otras nacionalidades? ¿Este proceso traerá algún cambio positivo para ellos?
Sábado 7 de noviembre de 2020
El martes 3/11 se llevaron a cabo las elecciones en EE.UU., el país imperialista más poderoso del mundo, los dos candidatos que contendieron son John Biden del Partido Demócrata y el actual presidente Donald Trump del Partido Republicano, quien se ha caracterizado por su política reaccionaria: racista, xenófoba, misógina y profundamente pro patronal. De hecho, Trump para ganar la pasada elección creó todo un ambiente de odio y su principal chivo expiatorio fue México (por ser la fuente principal de migración hacia ese país), dijo que los habitantes de su vecino del sur eran ladrones, narcotraficantes y delincuentes.
De ahí se lanzó contra el mundo, diciendo que los demás países se han aprovechado de la amabilidad del EE.UU. Todas estas bravatas y chantajes eran para endilgar la crisis que los grandes capitalistas han creado a otros; en ese sentido, el villano preferido del actual presidente del imperialismo norteamericano son los inmigrantes. De hecho, su principal asesor en la materia, Stephen Miller, en entrevista con la cadena de televisión NBC News, ya declaró que de ganar Trump mantendrá la misma política que ha tenido hacia los extranjeros.
Es decir, el magnate presidente de EE.UU. representa la peor cara del imperialismo o más bien lo muestra tal y como es, ya que el “Make great america again”, es el pretexto con el que se busca garantizar las ganancias de los más ricos, recortando impuestos a las grandes fortunas, llevando adelante medidas de una economía proteccionista que defiende a las industrias pero niega los derechos más elementales al grueso de los trabajadores y el pueblo pobre. El discurso anti inmigrante es la pantalla con la que pretenden esconder su defensa de los ricos y poderosos de aquel país.
La política migratoria de Trump
Miller es el principal responsable de la política criminal que el gobierno de Trump ha emprendido contra los que buscan asilo en el gigante del norte, además es uno de los operadores más importantes de la reelección del presidente norteamericano, también uno de sus principales asesores dentro de la Casa Blanca. Es así que, como parte de sus promesas de campaña, propuso medidas muy concretas para atacar a los migrantes, que es uno de los sectores más vulnerables y de los que más aportan a la generación de riqueza, ya que trabajan duro y con largas jornadas, pero sin tener ningún tipo de reconocimiento por ello.
El funcionario declaró que la prioridad del gobierno republicano de ganar de nuevo la elección, será: 1) limitar el otorgamiento de asilo, 2) castigar y prohibir las llamadas “ciudades santuario”, 3) expandir las prohibiciones de viajes aplicadas en la actual administración, con controles más estrictos para los solicitantes de visa, 4) poner nuevos límites a las visas de trabajo, todo con el fin de "elevar y mejorar el estándar de entrada a Estados Unidos”. En fin, aquel discurso de que EE.UU. es todo un ejemplo de tolerancia, amistad, inclusión y donde las oportunidades están a la vuelta de la esquina se hace pedazos a la luz de los hechos.
Aquí se expresa de forma más cruda la política imperialista, que ante la crisis estructural del capitalismo (crisis abierta en 2008, la cual no se cerró durante esta década y hoy en 2020 se ve poderosamente agudizada por la pandemia del Covid-19), busca dar salidas reaccionarias a la situación. Como ejemplo práctico tenemos los cuatro años en los que ha gobernado Trump, donde ha sido capaz incluso de crear campos de concentración para niños, que por cierto fueron separados de sus padres como una medida de castigo e intimidación.
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La reelección del magnate no traerá nada bueno a los trabajadores mexicanos, de EE.UU. y de otras nacionalidades, menos en un momento como éste de una profunda recesión económica, que en vez de disminuir su intensidad avanza con un ritmo cada vez más acelerado, lo que puede traer consigo que las tendencias de derecha en EE.UU. crezcan, aunque, también lo pueden hacer los movimientos que exigen derechos.
Los claroscuros de Biden
Con toda esta denuncia a Trump no queremos decir que Biden sea mejor, porque no lo es, ya que, si bien tiene un discurso más moderado, que busca aparecer como inclusivo con las minorías étnicas, con las mujeres o los extranjeros, esto no quiere decir que realmente quieran una sociedad igualitaria o que Biden sea el candidato de los trabajadores. Todo lo contrario, este hombre es un miembro histórico del establishment norteamericano, es un político profesional con una carrera larga dentro de los órganos de gobierno, es un fiero defensor de los intereses de los empresarios y sus grandes fortunas.
Un ejemplo, es que el Partido Demócrata no rechaza el intervencionismo, de hecho, uno de los medios afines a este, CNN ha sido partidario de la embestida contra Venezuela para invadirla, lo que refleja que es parte de la misma política expoliadora y defensora de las grandes corporaciones, sólo que busca darle otra cara. Este partido pretende ser la cara “progresista” del imperialismo, la cual se encarga de cooptar diversos movimientos, como lo es el feminismo o el propio BlackLivesMatter, para rebajar el contenido combativo de los mismos.
Por otra parte, no es que Biden haya sido muy amable contra los migrantes en EE.UU. Por ejemplo, el 17 de octubre de 2018 se dieron a conocer diversos documentos de un informe que recopilaba los abusos que agentes de migración cometieron contra infantes migrantes entre el año 2009 y el 2014, recopilados por la Unión Americana de Derechos Civiles (ACLU por sus siglas en inglés), durante la administración del ex presidente Barack Obama, de la cual Biden era su vicepresidente. Las cerca de 35 mil páginas mostraban gran cantidad de violaciones a derechos humanos perpetradas por agentes fronterizos contra niños, además de que la administración Obama se caracterizó por las deportaciones masivas, las cuales hasta ahora Trump no ha podido superar.
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Biden al igual que Trump son garantes de los intereses de los monopolios, la diferencia consiste en que este último es más inestable y explosivo, así, la realidad es que ninguno de los dos traerá beneficios a las grandes mayorías, en el fondo ambos cuidan de los intereses imperialistas por encima de las masas trabajadoras, sólo que lo hacen con una política diferente, el republicano con medidas abiertamente reaccionarias y de derecha y el demócrata lo hace con una máscara
progresista.
Más allá del resultado final de la elección, las y los trabajadores en Estados Unidos -de múltiples nacionalidades y orígenes étnicos-, junto a la juventud combativa y el pueblo pobre de aquel país, requieren su propia herramienta política, independiente de los partidos imperialistas, que busque unir las luchas y movimientos en aquel país con los de la clase obrera y los pueblos del mundo para enfrentar la política imperialista y la crisis del sistema capitalista.