Sábado 6 de diciembre de 2014
En la biografía de Marx de Franz Mehring, reeditada últimamente por Editorial Marat, encuentro o reencuentro un dato que me inquieta. Y es el de las razones por las que, en su oportunidad, el aparato de censura del zar permitió que el primer tomo de El Capital se tradujera y se publicara en Rusia. El libro apareció ahí en marzo de 1872 y al cabo de apenas un par de meses se habían vendido ya alrededor de un millar de ejemplares.
La censura rusa estaba completamente al tanto, y cómo no, de que Carlos Marx era “un perfecto socialista”; y que ese mismo perturbador carácter inspiraba el libro en cuestión. No obstante, se desistió expresamente “de toda persecución judicial”. Y eso por dos razones. La primera (invierto el orden, en el informe del censor aparece en segundo lugar) es que sus doctrinas “revisten la forma de una argumentación científica, rigurosamente matemática”; con lo cual, de manera más bien paradójica, no es sino la ambición de funcionar como ciencia, es decir de garantizar una relación segura con la verdad y la objetividad, lo que a juicio de la censura habría de restarle a la obra eficacia política y poder de agitación.
La segunda razón (invertí el orden, el censor la menciona primero, y eso porque, por supuesto, es la primera) para eximir a El Capital de la persecución de la justicia, es que sus doctrinas “no son, ni mucho menos, accesibles para cualquiera”. Es decir que el censor calcula, para su alivio, un amplio margen de incomprensión. Es evidente: cuenta con eso. Y advierte (acaso, lamentablemente, con tino) que las trabas de la incomprensión eventual eximen a la censura de su tarea. Porque la cumplirán, de hecho, por otras vías, con menos aspaviento sin dudas, y sin dudas con igual o mayor rendimiento.
Del otro lado, evidentemente, la perspectiva de la incomprensión no hace sino plantear un dilema. Con las respuestas a ese dilema podría escribirse una historia entera: va de la noción de vanguardia de Lenin a las críticas a “lo popular desde arriba” de Bertolt Brecht, pasando por ejemplo por Gramsci, por la Escuela de Frankfurt o por los trabajos de Althusser y Balibar.
Lo que más nos afecta de esa historia, puestos a pensarla, es que no ha terminado todavía.

Martín Kohan
Escritor, ensayista y docente. Entre sus últimos libros publicados de ficción está Fuera de lugar, y entre sus ensayos, 1917.