Bantú, el gorila de tierras bajas occidentales, fallecido antes de su traslado al Zoológico de Guadalajara, fue innecesariamente desmembrado durante la necropsia realizada para investigar los motivos de su muerte.
Miércoles 13 de julio de 2016
La muerte de Bantú destapó una importante polémica en torno a las inconsistencias en el trabajo realizado en los zoológicos. Ahora su necropsia, calificada como “carnicería” por especialistas, genera una ola de repudio en contra de las autoridades del Zoológico de Chapultepec, ya cuestionadas por parte de asociaciones como Black Jaguar, White Tiger y Proyecto Gran Simio.
El trato indigno y la falta de cuidados adecuados en el caso de Bantú despertó una gran sensibilidad en la opinión pública.
Como resultado del procedimiento de una necropsia mal realizada, sin ningún respeto a su cuerpo fue desmembrado y troceado sin razones científicas. Además, según se evidencia en imágenes filtradas a la prensa, la sala donde se realizó el estudio presentaba una higiene de niveles reprobables.
El procedimiento ha sido criticado y cuestionado por ambientalistas, protectores de animales, y también por expertos en primates como Juan Carlos Sánchez, quien pidió un dictamen público sobre la causa de la muerte y el motivo del desmembramiento.
El procedimiento para realizar necropsia tiene como objetivo conocer las causas concretas de la muerte de un animal y consiste en una incisión primaria que va de la barbilla hasta la ingle en el caso de un primate. A partir de la misma se hace disección sobre los diferentes órganos aparatos y sistemas que se van separando y estudiando en un orden determinado. Se extraen y se conservan muestras de diversos tejidos incluidas glándulas y sistema nervioso, músculos o cualquier otra estructura para su análisis y estudio macroscópico además del histopatológico, toxicológico o lo que sea determinado por los informes de los patólogos veterinarios, pero conservando en todo caso pulcritud y un orden estricto. El objetivo es conocer la etiología de la muerte, no destrozar el cuerpo de un animal.
La necropsia que se realizó a Bantú no cumplió con las mínimas medidas exigidas. Este caso devela que la imagen de prestigiosa institución que pretendían ostentar las autoridades del Zoológico de Chapultepec no tiene correlato con la realidad. Es indignante que se practiquen procedimientos tan atrasados que recuerdan las disecciones medievales y ponen en evidencia la profunda crisis en la que se encuentran los zoológicos de la ciudad de México, incluso en aspectos tan básicos como la imposibilidad de realizar una necropsia adecuadamente. Si así tratan a los animales muertos, ¿a qué están expuestos los animales vivos que alberga esa institución?
Cabe mencionar que el Dr. Arturo Rivera Rebolledo ha sido retirado del cargo de director general de Zoológicos de la Ciudad de México. Con estos hechos se pone bajo la lupa el trabajo de estas instituciones que no deberían funcionar no sólo como meros lugares de exhibición y negocio para restaurantes de comida rápida y venta de souvenires. No pueden reducirse a ser un engranaje de la industria del entretenimiento, como pretenden hacerlo Miguel Ángel Mancera y sus socios con el fideicomiso ProZoológicos.
La función social de los zoológicos debería ser llevar a cabo programas de reproducción, educación e investigación sobre la fauna de distintas regiones del mundo. Para que los seres humanos comprendamos y valoremos la diversidad biológica existente, y que se pueda evitar la extinción de tantas especies en peligro de extinción.
Es evidente la necesidad de revisar el funcionamiento de todas las áreas del Zoológico de Chapultepec para determinar sus deficiencias y evitar más situaciones resultantes de descuidos y omisiones que pongan en peligro la vida de los animales.