Tormenta política en EE.UU. con el perdón de Trump a Joe Arpaio, el exsheriff de Maricopa, pocos días después de las acciones de Charlestonville, llevadas a cabo por los supremacistas. Cunden las críticas. Nuevo golpe contra los migrantes y la comunidad latina.

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3
Sábado 26 de agosto de 2017
Trump lo había anunciado en su último discurso en Phoenix, Arizona. Cuando le preguntaron por Arpaio había dicho que el exsheriff “estaría bien”.
Este viernes 25 de agosto -a pesar de la oposición incluso de algunos republicanos, preocupados por la profundización de la crisis de la administración Trump- el magnate devenido presidente anunció el indulto.
Joe Arpaio esperaba sentencia para el próximo 5 de octubre por el delito de desacato a una orden de una Corte Federal. Con el indulto presidencial, Arpaio se libró de un periodo mínimo de seis meses en prisión.
Fue el 31 de julio pasado cuando declararon culpable a Arpaio de no cumplir una orden federal que recibió hace dos años, de que cesara de aprehender a personas por su apariencia física bajo la sospecha de que fueran migrantes sin autorización para estancia legal.
El exsheriff de Maricopa encabezó la criminalización de los migrantes en Phoenix, Arizona, y cometió todo tipo de abusos y humillaciones, como hacer servicio público en las calles en ropa interior, vestidos con uniformes color rosa o encadenados.
Trump acaba de premiar al funcionario estadounidense que creó la siniestra Ciudad de las Carpas, la prisión donde las personas detenidas eran alojadas en tiendas bajo el ardiente sol del desierto de Arizona.
Fue vía Twitter, la red favorita de Trump, que el exsheriff agradeció el indulto: "Gracias Donald Trump por ver mi condena como lo que es: una caza de brujas política de los restos de Obama en el Departamento de Justicia".
Arpaio fue uno de los primeros partidarios públicos de Trump, desde su campaña hacia la candidatura por el partido republicano a la presidencia estadounidense.
Este indulto constituye un nuevo gesto de apoyo al racismo y de la política antimigrante, la herramienta usada por las administraciones estadounidenses para mantener sojuzgada a la clase trabajadora migrante, y orillarla a laborar en condiciones cada vez más duras bajo la amenaza latente de cárcel y deportación.
Desde el establishment estadounidense se alzaron voces contra el indulto otorgado por Trump. El senador republicano McCain cuestionó que el presidente estadounidense pasara por encima al poder judicial.
En un comunicado, Greg Stanton, alcalde demócrata de Phoenix, declaró “Perdonar a Joe Arpaio es una bofetada en la cara de la gente del condado de Maricopa, especialmente la comunidad latina, y aquellos a los que hizo víctimas de la violación sistemática de derechos civiles. El sheriff Arpaio aterrorizó a familias latinas por el color de su piel. Un juez federal le ordenó que parara y se negó.”
Por su parte, Eric Garcetti, alcalde de Los Ángeles –una ciudad que cuenta con 50% de población hispana- señaló en un comunicado que se trata de “un ataque directo a la capacidad de los tribunales de obligar a gente poderosa a cumplir con la ley, y se convierte en un vergonzoso apoyo al racismo que socava los derechos y la seguridad de todos”.
Trump juega con fuego. A la crisis de su administración detonada por la injerencia rusa en las elecciones que lo llevaron al poder se suman su apoyo a los principales referentes del racismo: los supremacistas que marcharon en Charlestonville y ahora a Joe Arpaio. Todo esto además a las puertas del desastre que puede ocasionar el huracán Harvey, que al tocar tierra en Texas llegó a nivel 4, el ciclón más temido desde el Katrina.
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