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Red Internacional
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Derechos Humanos. Interna da a luz en medio del pasillo de la cárcel de San Miguel

En plena navidad, una interna dio a luz en un pasillo del centro penitenciario de San Miguel en Santiago, luego de dos días con contracciones sin la atención médica adecuada. Esta no es una postal nueva para la historia del sistema penitenciario chileno, una muestra de degradación total hacia las mujeres y cuerpos gestantes en las cárceles

Domingo 15 de enero de 2023

Durante el domingo 25 de diciembre, mientras la mayoría de las familias trabajadoras se encontraban celebrando la navidad, una interna en la cárcel de San Miguel en Santiago tenía a su hija en medio de un pasillo, tras 2 días con contracciones. Tuvo que ser trasladada en el auto particular de una funcionaria al hospital Barros Luco Trudeau.

Con 40 semanas, la interna manifestó tener dolor y haber eliminado el tapón mucoso, o sea ya debía recibir atención. Las contracciones empezaron el día viernes y culminaron el domingo con el trabajo de parto y posterior nacimiento de la niña.

La interna señaló que ya el día sábado tenía contracciones cada 10 minutos, lo que no le permitió dormir y que para paliar los efectos del trabajo de parto, buscó darse una ducha. Solicitó ser ingresada para atención médica, pero le señalaron no hablar “tan fuerte", ya que el ruido molestaba.

Esto tuvo como consecuencia que la mujer tuviera un desgarro que pudo haber sido evitado y que durante el traslado a un centro de salud, utilizaron una pinza en el cordón umbilical. Entre otros hechos en la cadena de errores que generó una profunda vulneración de los derechos de la mujer y su hija, que es una expresión del abandono y marginación de la población penitenciaria.

Un hecho ha causado gran repercusión, principalmente hacia Gendarmería, que en el último tiempo se había venido abriendo un profundo cuestionamiento, por un historial de constantes vulneraciones a la integridad de las internas, como lo fue la muerte de una interna en la misma cárcel de San Miguel hace ya casi un año, que desató un motín.El INDH declaró estar recopilando más antecedentes para poder presentar acciones legales.

Este tipo de violaciones a los derechos humanos no es algo nuevo. La institución de Gendarmería cuenta con un degradante historial en el sistema penitenciario chileno, donde torturas y muertes son parte de este. Como lo fue el caso de Lorenza Cayuhan, mujer mapuche que fue obligada a dar a luz engrillada el año 2016.

¿Quiénes van a la cárcel? ¿Quiénes pasan por estas situaciones?

Estos hechos, que no son nuevos y que cada cierto tiempo se repiten, reapareciendo en una nueva y/o peor forma, hacen pensar más profundamente sobre las condiciones en las cuales se encuentran las mujeres en las cárceles, considerando el amplio historial de vulneraciones de derechos a las mujeres en los centros penitenciarios. Donde muchas veces el acceso a servicios higiénicos, útiles de aseo y atenciones en salud sexual y reproductiva, queda totalmente descartado, siendo las miles de mujeres que residen en los centros penitenciarios a lo largo del país, vulneradas sistemáticamente.

Existe también un sentido común, constantemente alimentado por ideas discriminatorias, argumentando que quienes hoy se encuentran en las cárceles, pierden su calidad de humanos y se cuestiona por qué se siguen financiando sus necesidades básicas.

Ignorando completamente el carácter que cumplen estos recintos, donde resuena la premisa de que en las cárceles van solamente los pobres, plasmando más claramente la realidad, donde los ricos viven en una constante impunidad, librando de este tipo de situaciones.

Esto es parte del ya conocido régimen carcelario del sistema patriarcal y capitalista, que arrastra a miles de personas a vivir en condiciones precarias, sobre todo a las mujeres pobres que la mayoría de las veces son empujadas a cometer delitos para poder sobrevivir de conjunto a sus familias. Sin libertad, sin las condiciones básicas mínimas, sin acceso a mayores herramientas, oficios, que profundiza aún más el círculo de violencia, ya que todas estas condiciones hacen aún más difícil la reinserción al salir de la cárcel, con bajas redes de apoyo.

Muy diferente de la realidad que tienen mujeres como Karen Rojo, quien tras ser condenada a 5 años de cárcel por los casos de corrupción por robos de los fondos públicos de educación y salud, escapó. O Ingrid Olderock una de las más crueles torturadoras de la DINA, que murió sin pagar condena de ningún delito cometido durante la dictadura.