El cambio climático viene causando estragos en diferentes puntos del globo, pero no por azar o simple devenir histórico. Es consecuencia de la degradación ambiental producto de las “inclemencias” del capitalismo salvaje.
Sábado 15 de agosto de 2015 18:46
Pero no se puede adjudicar el desastre ocasionado en las urbes por grandes lluvias sólo al cambio climático, sino que hay que buscar las responsabilidades políticas de éstos sucesos en una casta de políticos lobbistas de los negocios empresarios que no representan los intereses del pueblo trabajador y que ante éstas circunstancias intentan eximirse de toda responsabilidad por los hechos que en éstos días afectan a miles de familias.
La falta de regulación en los desmontes, donde cada árbol talado podría absorber cientos de litros de agua de lluvia, los canales clandestinos en campos que desagotan en ríos y arroyos provocando el aumento descomunal de sus caudales, las fumigaciones con agrotóxicos que degradan la tierra y por lo tanto su poder de absorción, son una muestra de la complicidad de funcionarios y empresarios con este modelo agrario y de desarrollo urbano de los grandes negociados, en desmedro de los sectores populares que ocupan los cinturones urbanos de pobreza. Partidos tradicionales con sus aparatos punteriles y clientelares han estafado a cientos de familias ofreciendo tierras inundables y allanando el camino para que las tierras más “útiles” para los negocios, lo cuál es un verdadero engaño a los más humildes que deberían tener el mismo derecho que cualquiera a ocupar el espacio.
En Pergamino hay miles de afectados por las inundaciones y al menos 400 evacuados y autoevacuados. Muchos de ellos habitan los barrios pobres y asentamientos periféricos cercanos al arroyo que divide la ciudad, donde se producen inundaciones cada vez más frecuentes, lo que denota que el presupuesto provincial invertido en las obras hidraúlicas fue escaso para las necesidades, además de la falta de una planificación preventiva para sucesos de este tipo y una administración deficiente por parte del gobierno municipal de los terrenos que deberían utilizarse para solucionar el déficit habitacional y no para la vivienda ociosa condenando a miles a habitar terrenos no aptos. Lo mismo sucede en Salto donde hay cinco mil personas afectadas y cerca de mil evacuados.
Los medios oficiales buscan aplacar el descontento por las inundaciones que azotan a diversas localidades de la provincia de Buenos Aires y preservar la imagen de su candidato presidencial en campaña y actual gobernador Daniel Scioli, acción que evidencia aún más la responsabilidad del mismo en este crimen social. Estos deslucidos intelectuales como los del programa 678 maniobran discursivamente con el fin de involucrar en la culpabilidad del desastre sólo a quienes ejecutan el modelo de desarrollo inmobiliario incontrolado en las ciudades, y el modelo extractivo y sojizador en el campo, obviando a quienes son los responsables políticos del Estado a nivel nacional, provincial y minucipal, que son quienes lo han planificado, reglamentado y profundizado durante estos últimos doce años.
Resulta de una hipocresía desmedida que los voceros K devenidos sciolistas, ante las crecidas y miles de evacuados apelen a que la salida debe ser el desarrollo sustentable de las ciudades, cuando bajo el gobierno kirchnerista se han promovido la construcción irracional de countries y barrios privados en función de la especulación inmobiliaria, incluso en las cuencas de los ríos y arroyos que obstruyen el normal escurrimiento del agua y también han proliferado los asentamientos y villas miserias en las zonas inundables al lado de los canales de agua de los sectores que no logran acceder a una vivienda digna y tienen que ir a vivir en estas precarias condiciones, dando una nueva configuración en las periferias urbanas de las ciudades bonaerenses que han acrecentado su cantidad de habitantes formando "mini" conurbanos, destinados al hacinamiento y la precariedad.
A su vez, el gobierno nacional ha sido uno de los que más ha castigado con sus políticas al medio ambiente, permitiendo enormes negociados a los empresarios del campo y de la ciudad, propiciando y potenciando estas catástrofes. Lo confirman entre otras cosas los convenios con Monsanto para instalar el modelo de la soja y los agronegocios que han expandido la frontera agropecuaria para tener aproximadamente 25 millones de hectáreas con semillas transgénicas (fumigadas salvajemente con agrotóxicos cancerígenos) mediante desmontes en varias provincias del norte con desalojos y asesinatos de comunidades originarias; el pacto secreto con Chevron que habilita la práctica del fracking totalmente repudiado en países como Estados Unidos donde arrasó con la salud y el agua de los pueblos aledaños a los yacimientos no convencionales; el veto de Cristina a la Ley de protección de glaciares para beneficiar a corporaciones como la Barrick Gold con su megaminería a cielo abierto (donde se derrochan millones de litros de agua para diluir cianuro); y generando una propagación de alimentos en base a soja transgénica (sin alertar a los consumidores sobre su condición de OGM) que hoy están afectando a la salud de quienes no pueden acceder a una alternativa alimentaria de calidad por sus costos superiores a los de un salario promedio. Acciones como estas se han perpetrado en nombre de la “soberanía”.
En Pergamino vemos que las corporaciones semilleras, en parte responsables del modelo agrario que lleva a esta situación, se quieren lavar la cara improvisando como refugios para los damnificados las instalaciones que en época de campaña sirven para que se alojen los peones golondrinas muchas veces en negro, superexplotados y precarizados. Pero la verdadera solidaridad es la que viene desde abajo, de los vecinos, los trabajadores y los jóvenes que en cada barrio se organizan para conseguir donaciones para los damnificados.
Y mientras seguimos organizando la solidaridad de los de abajo y exigimos un plan de emergencia para que el Estado ponga todos los recursos necesarios para asistir a los inundados, el resarcimiento económico de las familias del pueblo trabajador que han perdido todo, afirmamos que el problema de fondo solo puede ser resuelto con un plan de obras hídricas e hidráulicas que resuelvan el problema del desborde de los ríos y arroyos, además de la construcción de viviendas para resolver el déficit habitacional de miles de familias de la región, financiados con recursos obtenidos mediante impuestos progresivos a la renta financiera e inmobiliaria, y terminando con este modelo agracio que solo busca seguir agrandando el bolsillo de los grandes capitalistas del campo.