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Jo Cáceres, auxiliar de aseo, dirigenta sindical: “La primera línea contra la pandemia y el capitalismo somos las mujeres”.

Alejandra Decap

Jo Cáceres, auxiliar de aseo, dirigenta sindical: “La primera línea contra la pandemia y el capitalismo somos las mujeres”.

Alejandra Decap

Ideas de Izquierda

A cien días de declarada la pandemia, Pan y Rosas lanzó un manifiesto internacional firmado por decenas de mujeres trabajadoras e intelectuales militantes, haciendo un llamado a la articulación contra el capitalismo patriarcal y racista. En ese marco, entrevistamos a Jo Cáceres, vocera de la colectividad a nivel local, quien se refirió al manifiesto y su correlato con las peleas que hoy tiene planteadas el movimiento de mujeres en Chile y el mundo.

Hace más de cien días que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró como pandemia global al Coronavirus, que ha desencadenado una crisis sanitaria y económica con importantes repercusiones en la vida social. Más de cien días donde la cara más cruel de la crisis la han enfrentado las mujeres, y a cien días es cuando se lanza de forma simultánea en varios idiomas el manifiesto internacional de Pan y Rosas: Mujeres en la primera línea de la crisis sanitaria y en el combate contra el capitalismo patriarcal y racista que busca responder desde una perspectiva feminista, socialista y revolucionaria a la crisis en curso.
Para conocer un poco más del manifiesto, conversamos con Jo Cáceres, trabajadora del aseo en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, dirigenta sindical y vocera de la agrupación de mujeres y disidencia sexual y de género Pan y Rosas - Teresa Flores, firmante del documento.

Ideas Socialistas (IS): ¿Por qué se lanza un manifiesto internacional de Pan y Rosas a 100 días de la pandemia?

Joseffe Cáceres (JC): Estamos en un contexto muy complejo. Una situación que millones nunca habíamos vivido. Yo supe de la palabra Pandemia en los libros cuando fui al colegio, o escuchando a mi abuela cuando hablaba de las plagas, lo más parecido, imaginate. Como Pan y Rosas, discutimos que era un momento clave para contraponer, a las ideas que difunden todos los medios oficiales, responsabilizando a las personas de la catástrofe económica y social, una mirada internacional desde el feminismo socialista y revolucionario, y hacer un llamado a organizarnos para ser la primera línea contra la crisis sanitaria y el capitalismo patriarcal y racista. Lanzamos el manifiesto, porque creemos fundamental articular una respuesta a nivel internacional para enfrentar esta crisis, que los capitalistas nos quieren cargar a los sectores precarizados, en especial a nosotras las mujeres y disidencias sexuales.

La pandemia desnudó la realidad del capitalismo, y hemos visto la miseria social desplegada; hambruna y desempleo, en límites históricos. El sistema en el que vivimos nos muestra su lado más crudo, plagado de irracionalidad. Los gobiernos asumen posturas autoritarias para implementar las medidas sanitarias, justificando con nuestra salud su represión, militarizando las ciudades y territorios. En países como Estados Unidos, mostró la brutalidad policial y el racismo, la desigualdad en el acceso a la salud. Mostró en muchos países el resultado de las políticas de desfinanciamiento de los sistemas de salud públicos, y más de fondo, la precarización de la vida en todos sus ámbitos.

IS:¿Qué lectura realiza el manifiesto de la situación actual de crisis sanitaria y económica?

JC: Lo que vemos, como primer punto, es que la situación actual no es exclusivamente producto de la existencia del coronavirus. A la importancia de la vida de las personas, se antepone la ambición de ganancia de los empresarios; con medidas tardías y poco eficientes en casi todos los países, que privilegian el lucro de los ricos a la salud de las personas. Lo que buscan hacer es que las políticas públicas para solventar los gastos de la crisis provengan de nuestros bolsillos, endeudando los países en lugar de recurrir a los recursos ya existentes, que hoy están en manos de los capitalistas, los grandes empresarios. Entonces la discusión acerca de desde dónde sale la plata, cuál es la prioridad, son debates centrales para una situación tan crítica como en la que nos encontramos. La crisis venía arrastrándose desde el 2008, cubierta con parches. Pero ahora está desplegada, y los grandes poderosos quieren que seamos nosotras quienes paguemos. No podemos aceptarlo sencillamente, ya que la deuda precariza la vida de las generaciones futuras. La pandemia mostró que quienes mantienen funcionando la sociedad somos las y los trabajadores, que tenemos el poder de poner en jaque al sistema si paralizamos nuestras funciones. Esa fuerza social tiene el potencial de transformarlo todo. Las mujeres conformamos, por primera vez en la historia, la mitad de esa fuerza. Y nos golpea más duramente la crisis a nosotras.

IS:¿Por qué planteas que la pandemia golpea más duramente a las mujeres?

JC: Como decía antes, si las y los trabajadores hemos mantenido la sociedad funcionando, quienes se han visto sobrecargadas en sus labores son los trabajos de cuidados como salud, alimentación, educación. Esos trabajos son realizados por mujeres en su mayoría; tanto en salud como educación, el 70% son mujeres. El teletrabajo nos empuja a tener que criar y trabajar al mismo tiempo, sin posibilidad de acceder a cuidado para nuestros hijos: esto afecta nuestra salud mental, física, y nos expone a vivir violencia machista el confinamiento. Muchas no han podido acceder a sus tratamientos, y hay escasez de métodos anticonceptivos, para qué hablar del aborto. De hecho, nose si sabes, pero un estudio de la OMS reciente plantio
que en este proceso de pandemia es posible que exista más de 15 millones de embarazos no deseados. Nos hemos visto empujadas a una mayor precariedad; a los despidos y las suspensiones, a que se vulneran nuestros derechos laborales y como mujeres. Realizamos las tareas de cuidado en nuestros hogares de manera gratuita. Al ser el rostro de la precariedad, las mujeres tenemos un poder revulsivo, podemos ser la chispa que encienda la llama. Todas las medidas que están implementando buscan disciplinarnos; la pregunta es ¿vamos a soportarlo calladas? Desde Pan y Rosas creemos que no, y que es necesario organizar la resistencia. La primera línea contra la pandemia y el capitalismo somos las mujeres trabajadoras.

IS:En el manifiesto hablan de la independencia política respecto de los partidos capitalistas ¿Qué significa esto?

JC: Bueno, esto es muy importante. Para conquistar nuestras demandas, incluso las más inmediatas y urgentes, es necesario que organicemos nuestra pelea, y creemos que tiene que ser de forma independiente de los partidos que resguardan los privilegios de los ricos. Por eso decimos que el género nos une y la clase nos divide. No podemos confiar en que las mujeres que pertenecen a la clase dominante lucharán junto a nosotras, porque sus intereses y los nuestros son opuestos. Esa “unidad de las mujeres” no puede ser de la mano de nuestras explotadoras. Queremos que nuestros espacios de organización, como los sindicatos, los podamos recuperar de quienes trabajan para los intereses de los empresarios y no en los de las grandes mayorías. Esto plantea la discusión implacable con la burocracia sindical, que hoy empantana nuestras fuerzas.

IS: En el manifiesto hacen hincapié en que “nuestras vidas valen más que sus ganancias”, y lo ligan a la construcción de una organización internacional ¿puedes explicar esta idea?

JC: La frase “nuestras vidas valen más que sus ganancias” es bastante expresiva del proyecto político por el que apostamos. Creemos en la organización de la sociedad basada en las necesidades sociales, no en el lucro de los capitalistas. Como el capitalismo y su organización es internacional, la única posibilidad real que tenemos para conquistar una sociedad de tipo socialista es en base a una organización revolucionaria internacional, que nos permita preparar los combates futuros. En el manifiesto nos interesaba poner muy claramente que nuestro feminismo es internacionalista y está de la mano de la clase trabajadora, que pone por delante la lucha contra las estructuras que sostienen la opresión y la explotación, que queremos que a lo largo del globo sean nuestras compañeras trabajadoras, negras, mapuche, migrantes, lesbianas y trans sean quienes estén a la cabeza de conformar una organización revolucionaria. Pienso que la pandemia nos abrió un desafío tremendo, porque acelera los tiempos, y resulta fundamental dar respuesta articulada a nivel internacional.

IS:¿Cómo se expresa esta lectura a nivel local?

JC: En Chile al igual que en todo el mundo, los capitalistas se preparan para resguardar sus ganancias. El gobierno ha usado la pandemia para aumentar el control social, y cargar la crisis sobre el pueblo trabajador. Militarizaron totalmente el país, recrudecieron su represión contra el pueblo mapuche, Piñera y su gobierno ha desarrollado de manera permanente una política de provocación y desprecio con nosotras. La provocación ha sido permanente, desde la instalación de ministras de la mujer como Pla, quien en el proceso del estallido social, ocultó los crímenes de odio, de violencia política y sexual, que desarrollaron la policía y los militares contra decenas de mujeres a nivel nacional.

Lo que hoy ocurre en el marco de la crisis, es la continuación de esa política anti mujeres. Lo vimos estas horas recientes con lo sucedido en la fábrica Fruna donde más de 80 madres trabajadores por temor a perder el trabajo, se vieron empujadas a dejar a sus hijos pequeños en una sala cuna clandestina levantada por los mismos empresarios, es decir si ningún resguardo. No es casual el nombre de la fábrica que le dan sus trabajadores “La fábrica del Terror”.

Lo vemos también en el posnatal de emergencia del gobierno, que propone establecerlo como parte de la ley de “protección” al empleo, es decir, que sean las madres trabajadoras las que se paguen sus sueldos mediante sus fondos de cesantía, esto creo que es la denuncia principal, pues se basa en la actual ley de destrucción del empleo que tiene a 1,5 millón de personas entre despedidos y suspendidos sin salario, es una total aberración. Los despidos han significado un retroceso de 10 años en materia de empleo femenino, con todo lo que nos cuesta a las mujeres entrar en el mundo del trabajo.

IS:¿Qué medidas crees que deberían impulsarse para dar respuesta a la crisis?

JC: No podemos permitir que como mujeres se nos imponga utilizar el seguro de cesantía para resolver el conflicto de hacer con nuestros hijos en este contexto de pandemia-, un seguro que por lo demás sale de nuestros propios bolsillos y esfuerzo. Eso es lo que quiere el gobierno con su proyecto, que las mismas trabajadores nos hagamos cargo, mientras el estado no se hace cargo. Por lo mismo es que levantamos la demanda del Post natal de emergencia, precisamente para que un derecho básico y mínimo conquistado, pueda en primer lugar respetarse, pero luego extenderse sin rebaja de nuestros sueldos, sin despidos, ni suspensiones, es decir que se extienda ante la crisis que vivimos. Y para eso por lo mismo que se hace más urgente echar abajo la “Ley de seguridad del empleo” que de seguridad no tiene absolutamente nada. Más de fondo, también hay una estrategia de debilitar al movimiento de mujeres, que durante los últimos años ha demostrado ser un factor revulsivo de la situación, que puede dinamizar a otros sectores de la sociedad que aún no despiertan.

Hoy estamos poniendo al centro como Pan y Rosas Teresa Flores la pelea por un postnatal de emergencia digno, que dure todo lo que dure la pandemia, con pago íntegro del bono de sala cuna que corresponde por ley a las mujeres trabajadoras por el concepto de cuidado de sus hijos e hijas, y contra los despidos y las suspensiones, que son un ataque a las y los trabajadores. Que todas las mujeres trabajadoras madres puedan acceder, independiente de su condición de contrato o tiempo de trabajo.

Vamos por la unificación del sistema de salud, por un sistema público gratuito y oportuno, donde las y los funcionarios cuenten con toda la tecnología y herramientas para enfrentar la crisis sanitaria. Hemos propuesto un salario de emergencia de 500 mil pesos, para que ninguna familia pase hambre en la cuarentena. También nos parece importante el impulso de espacios de coordinación como el Comité de Emergencia y Resguardo de Antofagasta, o el Comité de Salud y Seguridad del Barros Luco, que son ejemplos de construcción de redes organizativas en un contexto de pandemia, y que han permitido nuclear a los sectores que deciden organizarse contra las medidas del gobierno, por una salida a la crisis desde las y los trabajadores, mujeres y juventud que se organizan en esos espacios. Ahí levantamos junto a activistas, organizaciones sindicales y territoriales, las demandas que instaló el estallido social en Chile, en la perspectiva de retomar la lucha por que se vaya este gobierno doblemente asesino, que nos mata en revuelta y pandemia.

IS:¿Cuáles son las luchas que como movimiento de mujeres podemos impulsar en el contexto de una pandemia global?

JC: Partimos de lo que nos puede unificar como movimiento, que es el rechazo al proyecto de postnatal del gobierno, que realmente va contra las madres trabajadoras. Creemos que hoy debemos apoyar toda política que busque mejorar las condiciones de vida en las que las mujeres vivimos la pandemia, que como clase trabajadora, estamos doblemente precarizadas. Nos moveremos activamente por una campaña por el postnatal de emergencia y contra los despidos. La maternidad hoy la imponen y desprotegen, mostrando la hipocresía de los supuestos “pro vida”. Nos preparamos con ese ímpetu para conmemorar un nuevo 25 de julio, por el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito. Pensamos que como movimiento de mujeres podemos jugar un rol clave para echar abajo la ley de “seguridad del empleo”, planteando la exigencia de movilización a centrales sindicales como el Colegio de Profesores, que es un gremio tremendamente feminizado, o la Central Unitaria de Trabajadores, para que rompan la tregua con el gobierno y comiencen a preparar las condiciones para paralizar a nivel nacional todo trabajo no esencial, en la perspectiva de una nueva huelga general.


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