Mucho se ha instalado en el sentido común, la educación como herramienta para superar la pobreza. La educación como fábrica de mano de obra más o menos calificada, según el estrato social al que sea dirigida. Atrás queda, como añoranza de tiempos lejanos, la concepción de la educación para el desarrollo de una sociedad y una identidad cultural. La educación como proyecto social, no de “movilidad social”. Es tarea urgente transformar las condiciones de vida, para lograr otra educación y, así mismo, cambiar el paradigma educacional, para transformar las condiciones de vida.
Martes 7 de mayo de 2019
Cada día en cientos de aulas, profesores abierta o veladamente cuestionan ¿para qué educamos? ¿para qué se educa usted? Con una gama inimaginablemente amplia de reflexiones y cuestionamientos.
Pues, mucho se ha instalado en el sentido común la educación como herramienta para superar la pobreza. La educación como fábrica de mano de obra más o menos calificada, según el estrato social al que sea dirigida.
Atrás queda, como añoranza de tiempos lejanos, la concepción de la educación para el desarrollo de una sociedad y una identidad cultural. La educación como proyecto social, no de “movilidad social”.
“Queremos otra sociedad para otra escuela y luchamos por otra escuela hacia la conquista de otra sociedad”
Es que, la educación y las ideas de transformación social siempre han estado ligadas y estas nociones resurgen a la luz del debate por la reforma laboral y la eventual reducción de la jornada laboral, que los medios de comunicación anuncian pomposamente prometiendo cuatro días de trabajo y tres de descanso, pero ¿Qué se ha dicho sobre las horas de trabajo? Porque, lo realmente brutal y embrutecedor es trabajar 45 horas semanales.
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En educación hemos visto variar las diferencias aun presentes en la jornada escolar, que muestran, según estrato social, incluso si es urbano o rural. Existiendo la JEC, jornada escolar completa, implementada paulatinamente desde finales de los 90’ y la primera parte de la década del 2000, que prometía ser un factor de mejora en la calidad de la educación de aquellos estudiantes de menores recursos.
Pero, con los años y su implementación, podemos afirmar, que su objetivo nunca estuvo orientado a la calidad de la educación, ni a “otorgar un espacio pedagógico a los estudiantes que no lo tengan en casa”, si no que mantener a los estudiantes en el colegio para poder incorporar al trabajo, mano de obra femenina, que se mantenía ocupada trabajando informalmente al cuidado de los menores, según el informe de evaluación JEC 2005: “No se constatan percepciones relevantes que imputen como efecto de la JEC un mejoramiento específico en las áreas de aprendizaje tales como lenguaje, matemáticas y ciencia.(…)Como efectos específicos de la JEC (...)destaca la posibilidad de que la madre pueda trabajar remuneradamente (44 % de menciones), el ahorro del costo de almuerzo de sus hijos (37%) y la posibilidad de evitar el costo de dejar el cuidado de los niños con terceros (35,7 %).
Siendo así, no sería descabellado pensar que aparejada a la flexibilización de la jornada laboral, se llegara a modificar la jornada escolar, pues, si el trabajador no se encuentra en su lugar de producción, o servicio ¿para qué se hará cargo el Estado, o el sector privado, del cuidado y formación de los jóvenes y niños? ¿Recaerá en el grupo familiar la responsabilidad de hacerse cargo del cuidado de los niños para aquellas y aquellos trabajadores que deban distribuir 45 horas de trabajo en 4 días?
Porque, incluso aquellos que tienen hijos, no podrán optar la modalidad de trabajo que más le acomode. Sabemos de antemano que esa decisión la tiene el empleador. La decisión que nos queda a los y las trabajadoras es aceptar las condiciones propuestas, o seguir buscando otro trabajo.
Con la implementación de la JEC, quedó demostrado que el discurso de “la igualdad de oportunidades para superar la pobreza a través de la educación”, es pura demagogia y la escuela ha quedado reducida a una guardería reproductora de desigualdades.
Nosotros reivindicamos la educación, como herramienta de transformación y emancipación, en el más amplio sentido de aquellas palabras. La educación concebida de forma permanente y de habilidades para la vida, que propuso en su proyecto la ENU.
En cita a Lev Vigotsky (1926): “La vida se convierte en creación solo cuando se libera definitivamente de las formas sociales que la deforman y mutilan. Los problemas de la educación se resolverán cuando se resuelvan los problemas de la vida".
Es bajo esta premisa, que creemos que para generar un sistema educativo que apunte al desarrollo íntegro de sujetos sociales, una educación emancipadora y, en fin, una educación para la vida, la jornada laboral debe ser de máximo 30 horas, 5 días a la semana y sin rebaja de sueldo.
Pues, repartir el trabajo entre ocupados y desocupados, implica sacar de la vulnerabilidad las miles de familias que padecen la cesantía, a su vez, haría posible integrar el anhelado 50/50 en el caso de los profesores, porque cuando hablamos de flexibilización laboral, somos los y las profesores un claro ejemplo de ello, con doble jornada, en el colegio y en la casa.