Frente al problema de la pobreza creciente, el diputado de Libertad Avanza, dice: control de la natalidad, evitemos que nazcan más pobres. Pero para evitar que continúe creciendo la pobreza y el desempleo, las trabajadoras y los trabajadores debemos tomar el control de la tecnología y de las medidas económicas.
Lunes 1ro de agosto de 2022 20:35

En una entrevista para Infobae, José Luis Espert dijo: "Si no se pone un límite a la natalidad en los hogares pobres, Argentina va a ser una gigantesca villa miseria en los próximos años".
Allí también planteó que había que reducir la Asignación Universal por Hijo (AUH) -que representa solo un 0,6% del PBI. De los subsidios millonarios que el Estado da a empresas privadas o a las privatizadas de servicios públicos, Espert no dijo nada; parece que ahí no hay problema con el déficit fiscal.
Al diputado de Libertad Avanza poco le importan las mayorías populares de la provincia de Buenos Aires. Frente al problema de la pobreza creciente, en vez de pensar soluciones para mejorar sus condiciones de vida, dice "control de la natalidad, evitemos que nazcan más pobres".
Pregunta: ¿los liberales no plantean que el Estado no tiene que meterse en la vida privada de los individuos? Parece que en el caso de los individuos pobres, esta máxima no aplica. Una contradicción discursiva que muestra que la única libertad que defienden los "libertarios" es la libertad de los ricos, empresarios y banqueros, para hacer fortunas a costa de la explotación del pueblo trabajar y pobre.
Se ve que la parte de libertades democráticas para el pueblo, se las olvidó. José Luis Espert plantea que es deseable que el Estado decida sobre una persona pobre, cuántos hijos puede tener (si es que puede). Pero está en contra de que las mujeres y personas gestantes puedan decidir sobre su propio cuerpo, e inturrumpir voluntariamente un embarazo. Cómo es que avanzaría la libertad con este tipo de planteos, es un misterio.
Pero esta idea poco brillante no se le ocurrió a José Luis Espert. Desde finales del siglo XVIII, con Thomas Malthus, los economistas liberales vienen echandole la culpa al crecimiento de la población, de los males de la humanidad, incluso de la misma pobreza.
Afirmación absurda. Hoy en día, dos siglos después de estos planteos, se sabe, por ejemplo, que la producción mundial de alimentos alcanza para dar de comer dos veces a la población de todo el planeta. Si las grandes mayorías (no solo en Argentino, si no en el mundo) son pobres -no pueden acceder a una alimentación adecuada, ni a otros derechos básicos- no es porque haya más personas que recursos; si no porque hay una apropiación privada de los recursos, para el negocio de unos pocos.
Por otro lado, es la propia dinámica del capitalismo la que provoca que generación tras generación aumente la cantidad de personas pobres e indigentes, de la mano en que se consolida el desempleo estructural. Aún más, esta tendencia dio un salto en los últimos 40 años, con la implementación del modelo neoliberal, en Argentina y en todo el mundo: es decir, con las políticas económicas que José Luis Espert defiende junto a Javier Milei y compañía.
Esto es porque, aunque la tecnología haga cada vez más eficiente la producción de bienes y servicios (como el ejemplo de la producción global de alimentos); esa tecnología -esos medios de producción- se utilizan para maximizar las ganancias de los empresarios y no para mejorar la calidad de vida de los pueblos. Por el contrario, los empresarios utilizan el aumento de la tecnología para producir más con menos puestos de trabajo, para precarizar las formas de trabajo y hasta para rebajar los salarios.
Para evitar que continúe creciendo la pobreza y el desempleo las trabajadoras y los trabajadores debemos tomar el control de la tecnología y de las medidas económicas. En este sentido, el Frente de Izquierda plantea 6 medidas para enfrentar la crisis.
Una de ella es imponer un aumento de emergencia en salarios, jubilaciones y programas sociales, y que quede indexado a cada aumento de la inflación. Nadie puede ganar menos de la canasta básica familiar.
Y más de fondo, reducir la jornada laboral, a 6 horas, 5 días a la semana, para repartir las horas de trabajo entre ocupados y desocupados. Aplicándolo solo a las empresas más grandes del país, se podrían generar en lo inmediato 1 millón de puestos nuevos de trabajo genuino.
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