Entrevistamos a Gonzalo López, miembro de una agrupación que reivindica el movimiento de los gilets jaunes –que puso entre las cuerdas a Macrón y conmovió los cimientos de la degradada República francesa-. Se denominan “Chalecos Amarillos Libres”, apoyan las luchas de los trabajadores y están en contra del pago de la ilegítima deuda externa.
Rosario Escobar Dra. en Enseñanza de las Ciencias | Redacción de Ciencia y Tecnología |@mrosario.escobar
Lunes 29 de abril de 2019 20:04
A las ocho sale del laburo. Después de diez horas de su vida en una veterinaria de Saavedra, todavía tiene que tomarse el bondi para volver a Ciudadela, aguantarse el tránsito de regreso por General Paz, de lunes a viernes. “No soy veterinario, ¿eh?”, aclara. Propuso que la entrevista fuera en parque Saavedra, un pulmón histórico de 146 años en la Ciudad de Buenos Aires que, gracias a las asambleas de vecinos, resiste incansablemente las inundaciones y los constantes avances del macrismo que amenaza con cercos, cemento, tala de árboles, y cada vez más puestos de la policía de la Ciudad en sus fronteras.
Son las ocho y pico de una noche tranquila y despejada, excelente momento para el jogging, el paseo de perros locales y charlas de política en las mesitas entre los árboles. Gonzalo es un laburante de pura cepa. Antes de la veterinaria estuvo unos años en una metalúrgica. Nació al calor del segundo saqueo del país, con un radical que apuraba su retirada y un peronista que ganaba ampliamente las elecciones con la promesa de la revolución productiva. Pertenece a la generación de jóvenes a la que le tocó pagar la deuda de la dictadura, de la burguesía local, de la especulación financiera. Aún así, Gonzalo dice estar dispuesto a luchar para torcer la historia, para no repetirla una vez más…
Todo empezó a finales de diciembre, cuando se armó una convocatoria por Facebook para empezar a organizarnos impactados por la experiencia de Francia (N.E.: de los Gillet Jaunes). Al principio nos juntábamos en el Congreso (N.E.: Plaza de los dos Congresos). Éramos cuatro nada más, pero igual dijimos “vamos a seguirla, probemos tres o cuatro sábados más a ver si más gente se arrima”. En un mes y medio llegamos a ser alrededor de setenta personas. Fuimos creciendo bastante. Había que desarrollar asambleas para discutir cuál sería el paso siguiente. Fue ahí cuando un sector mínimo del grupo empezó a plantear la idea de votar a Cristina. Lo decían abiertamente, ¿eh? Fue ahí que se empezó a generar un roce importante, porque la mayoría queríamos democratizar el espacio: la página de Facebook, las asambleas, que las iniciativas que surjan sean votadas en asambleas, etcétera.
Sin embargo, este sector se quedó firme en su voluntad de quedarse con la página y hasta empezaron a postear cuestiones partidarias del kirchnerismo. Se empezó a ensuciar bastante nuestra herramienta de difusión, la cual nos permitía convocar a más personas.
Lo charlamos con el resto de las y los compañeros y convocamos a una asamblea para ver cómo seguíamos. El núcleo duro en ese momento éramos treinta personas. De esas treinta, veintidós decidimos romper con ese espacio que ya estaba muy quemado. Votamos el nombre Chalecos Amarillos Libres (CAL), votamos un estatuto, los pasos a seguir y el lugar de convocatoria. Inicialmente el congreso era nuestro semillero, a donde se acercaban personas y se sumaba más gente.
Nos están siguiendo muchas personas interesadas. Elegimos los sábados porque en la semana están todos laburando. Por ahí a algunas les cuesta arrancar al principio. A veces dicen: “che, me gustaría ir”, pero después no aparecen… Es algo normal, nosotros no vamos a apurar a nadie. Entendemos que venimos de diversas ideologías y que tenemos que empezar a crear herramientas que nos permitan unificarnos.
Queremos buscar la confluencia con otros sectores más de vanguardia: organizaciones, partidos políticos que no estén ahogados en la línea electoral. Queremos tener más presencia en la calle que es lo que hace mucha falta en este país. La sociedad misma lo está pidiendo a gritos. Tenemos el caso de la CGT que no está haciendo absolutamente nada. Francia nos viene mostrando un camino con la lucha en la calle y cómo se le puede torcer el brazo a las derechas, buscando ir un poquito más allá también: empezar a pedir las renuncias, como con Macrón.
Charlando con todas y todos los compañeros que se fueron acercando al movimiento - los que nos abrimos del anterior colonizado por kirchneristas- nos dimos cuenta de que a la mayoría nos motivaba el ser un sector que vivió diferentes etapas en donde siempre nos sentimos solos. Por ejemplo, pensá en lo del G-20. Al G-20 fuimos todos aislados. O sea, todos los que estamos en CAL habíamos ido a manifestarnos por el G-20, pero éramos sectores aislados. CAL nos empezó a unificar con el activismo autoconvocado e independiente. Hay muchos sectores así que tienen ganas de lucharla realmente, pero bueno, hay que buscar esa herramienta o ese espacio de coordinación y acción, que es lo que queremos construir nosotros.
No conozco en profundidad los trabajos del resto de los compañeros, pero tenemos un norte claro: apoyamos a la clase trabajadora.
Algunos compañeros estuvieron presentes cuando ocurrieron los incidentes en puente La Noria, cuando la UTA mandó una patota terrible que vino a querer romper la lucha de los trabajadores de colectivos de las líneas 541 y 542.
También tenemos relación con los feriantes de San Telmo, y ya saben que pase lo que pase vamos a estar ahí. También vamos a estar en la lucha contra Monsanto. Se están generando lazos importantes. Hay compañeros que son más ambientalistas, otros que están más con la clase trabajadora. Siempre acompañando y escuchando, la onda es acompañar, ustedes también lo hacen, somos todos digamos...Cuando necesiten ayuda vamos a estar ahí presentes.
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Por las elecciones no lo vamos a lograr. Del kirchnerismo ¿qué podemos esperar? Entendemos que sí hay sectores revolucionarios que van a elecciones. Por el avance de la derecha en el mundo hay que plantearse nuevas cuestiones, organizarse y tener más presencia en la calle.
Porque están reteniendo mucho la lucha. Tenés una gran parte que acata la línea del kirchnerismo, que es: “esperemos hasta octubre”, tenés una CGT que está transando, que no va a hacer nada porque son todos transas. Y...con respecto a las dirigencias de los movimientos sociales….la gente en los barrios la está pasando muy mal, demasiado mal.
¿Qué es lo que está pasando que los barrios no están saliendo a la calle? ¿Qué pasa en el medio? El otro día las organizaciones sociales tenían un plan: empezaron a cortar puente Pueyrredón, amenazaban con cortar la 197 y Panamericana, acceso oeste y un par de lugares más. El gobierno los llamó al diálogo y.. ¿qué hicieron? Levantaron todas las medidas de lucha. Al final el gobierno no los atendió. Y... ¿qué pasó ahí? Están transando por arriba a costa de la gente.
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La crisis se va a profundizar, ya se está profundizando. Estamos en abril, ¿cómo vamos a llegar hasta octubre con todas las políticas de ajuste que se vienen implementando? Uno lo ve en la familia, imaginate en otros sectores más vulnerables. El kirchnerismo ya está diciendo que le va a pagar al FMI, ¿cómo va a contener entonces esta crisis?
Se nos están riendo en la cara, es una falta de respeto. Somos miles los que queremos salir a la calle, ¿por qué nos cuesta tanto lograrlo? ¿Por qué la CGT sigue ahí, estirando y estirando lo del paro? ¿Hasta cuándo vamos a esperar que la siga estirando? ¿Nosotros qué vamos a hacer en el medio de eso? ¿Qué presión vamos a meter? Son preguntas a las que hay que encontrarles respuesta.