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MUSICA // ENTREVISTA. Juan Falú: "Una canción que descuide lo estético es como una política que descuide lo ideológico"

Entrevistamos al excelente guitarrista y compositor tucumano Juan Falú, quien hará la presentación de su disco "Como el aire" en el ND Teatro, el sábado 14 a las 21 h.

Natalia Rizzo

Natalia Rizzo @rizzotada

Jueves 12 de mayo de 2016

Fotografía: Fernando Lendoiro

Puerta abierta.

En la casa de Juan nos recibe en un silencio que se apodera de los primeros segundos de nuestra visita. Luego la postal de fondo lo muestra a él tranquilo parado a un costado de una guitarra iluminada que se lleva el primer plano de la escena. El instrumento está como pronto a usarse, junto a una computadora, luego al ras del piso, descansan unos cuantos estuches con más guitarras expectantes.
Ya sentados en una mesa, desde donde el plano ahora era más cerrado, la guitarra parecía iluminarse más, a medida que sus palabras seguramente causaban vibraciones sobre las cuerdas, más amigas de sus manos, que de su voz.

Comenzamos a charlar sobre sus proyectos actuales, la presentación de su disco “Como el aire” en el ND Teatro, éste próximo sábado 14 de mayo a las 21 hs. El disco cuenta con 20 temas, de los cuales 14 temas son composiciones nuevas y otras son versiones nuevas de otras composiciones.
“Como el aire” es el nombre de una zamba que yo compuse y me ha dado algunas satisfacciones. Hay temas que tienen una llegada que no se puede planificar, no se puede preveer, y para el que compone eso es como una especie de caja de sorpresas. A esta zamba la quieren tocar sobre todo los guitarristas. A mí me gustó el nombre "Como el aire". El aire en el folklore puede referir a notas largas o a silencios. Hay un modo de abordar la zamba que requiere de ese aire, para tocarla, para cantarla o para bailarla.
No es un disco planificado para que tenga una temática determinada, ni siquiera un nombre. Yo no soy muy apegado a este tipo de estrategias discográficas. Grabo un disco cuando creo que tengo material para grabar, que sea testimonio de lo que estoy haciendo.

Además nos contó con entusiasmo que está coordinando una Licenciatura en Música Argentina en la Universidad de San Martín (UNSAM), y que llevan el primer mes de clases donde profesores y estudiantes se encuentran contentos con el resultado.

Para mí enseñar música argentina es dedicarse al tango y el folklore, quiero aclararlo porque yo sé que hay espacios académicos de la música popular donde se incluye también el jazz, inclusive he visto proyectos en otros lugares, en algunas provincias, que incluyen hasta la cumbia porque ciertamente está dentro de la música popular, o que se incluye el rock , pero los proyectos que siempre he plasmado que son el del Manuel de Falla y éste, se reducen al tango y el folklore porque yo considero que son los lenguajes argentinos más sedimentados. A pesar de que el rock pugna por tener un espacio consagrado como música Argentina, yo todavía tengo mis dudas, no sobre si el rock sea o no sea nacional, porque eso es indiscutible, porque lo es, sino mis dudas sobre si es un lenguaje que tiene un corpus como tal, como lenguaje musical que justifique un abordaje académico. En el folklore y el tango si lo hay. Vos tenés líneas estilísticas, músicas regionales, unas 30 formas musicales que están vigentes. Hay muchas categorías por las cuales se justifica un abordaje pedagógico. Y el tango tiene su formas estilísticas que también requieren su abordaje, en las formaciones instrumentales, formas de marcación rítmica, técnicas instrumentales, etc.

Juan fue docente en el Conservatorio de Música Manuel de Falla hasta hace poco que se jubiló. Comenzó dando un materia de música argentina, que se hizo obligatoria para todas las carreras del conservatorio, fue la primera vez que el conservatorio daba obligatoriamente una materia sobre música argentina.

Con toda la experiencia como docente que nos estás contando, cómo se vincula tu relación académica con arte y el oficio que adquiriste siendo autodidacta.

No es fácil. Transmitir en el aula lo que uno aprendió a pura vivencia no es una tarea sencilla, se puede hacer pero es necesario tener ciertas formalidades académicas y ciertos conocimientos. Vivenciar a veces no es suficiente para dar clase, sobre todo a alumnos que son músicos avanzados. O sea, lo que condiciona ahora la enseñanza, es el excelente nivel de los que van a aprender. Eso nos pone a nosotros los docentes en un brete muy interesante porque nos obliga a ciertos rigores que antes, hace un tiempo atrás no era necesario porque era otro el nivel, era menor el conocimiento que había de la música argentina, entonces sí había mucho para aportar. Ahora uno tiene que formarse mucho para enseñar. En el caso de la Unsam son profes que dominan el lenguaje y que tienen una formación muy completa en lo teórico, en lo técnico, en el marco académico.
Y lo que siempre está es la vida artística que no para. Antes que ustedes llegaran, me puse a tocar acá media hora, porque me acuerdo que tengo que presentar un disco. (risas) …

Eduardo Fernández dijo una vez que eras “un compositor en tiempo real”…

Esa es una frase que cayó bien en general y me tuve que hacer cargo yo de la frase. No lo había pensado pero entiendo perfectamente lo que quiere decir porque una cosa es improvisar sobre un tema y hacer una versión libre de un tema y otra cosa es crear una música. Y a veces uno utiliza en esas versiones libres algunos espacios como las introducciones, para realizar creaciones musicales que actúan como una especie de preludio de lo que va a venir después, que es el tema conocido. Y eso se transformó como en una especie de juego bastante natural…

Es como si, podríamos decir, nos invitaras cuando te vamos a ver a presenciar parte de tu proceso de creación.

En parte sí. Lo que pasa es que eso nunca lo viví como mérito, ni siquiera me siento halagado por eso. Como yo agarro una guitarra y en lugar de leer una partitura y hacer unos ejercicios , lo que hago es tocar, y en ese tocar y transformar, estar generando ideas musicales, es algo natural. Te ayuda mucho transitar por formas muy familiares de la música: la forma de la zamba, la de la chacarera, para darle “forma” a esa ideas. Es algo cotidiano y por tanto lo vivo con naturalidad.

El ciclo “Guitarras del mundo” tuvo mucho éxito, ¿Cuál fue el motor de hacer el ciclo? ¿Cómo surgió la idea?

Surgió porque yo ya venía viajando desde el año ‘82 por el mundo y había estado en muchos festivales de guitarra. Hubo tres de esos que tenían un modelo que a mí me gustaba mucho. Uno en Alsacia, otro en Costa Rica y otro en Chile. Eran encuentros en los que existía esa semilla del festival de guitarras con fuerte presencia de las guitarras representativas de las culturas musicales de los pueblos, particularmente de América Latina. Bueno a mí me gustó y lo propuse acá, y me mandaron hablar con UPCN desde el Ministerio de Cultura de la Nación, que era entonces Secretaría. UPCN dijo que sí y nadie sospechaba que estábamos haciendo algo que iba a dispararse, que iba a crecer tanto. No sospechábamos que en el primer día del Festival habrían como 3 cuadras de cola. Vimos un público muy amplio.
Y bueno creció y ya llevamos 22 años. Lo que destaco de esta experiencia del festival es la cogestión del estado con el sindicato. Eso me parece que es muy importante más allá de que sindicato sea de tal o cual linea línea política. Se trata del sindicato como tal vinculado al laburo, a los trabajadores y de la clase trabajadora como generadora y protectora de espacios culturales.

Y sobre tu experiencia en el exilio en Brasil ¿Cómo fue el reencuentro o continuidad con la música de acá o que te aportó la música de Brasil en ese momento particular que estabas viviendo…

Mirá lo que a mí me pasó es que yo reforcé la música argentina. La tocaba más que viviendo acá porque era la vía de comunicación con mi tierra. No me puse a hacer otra música ni siquiera la brasileña. Claro que viviendo ahí había siempre alguna influencia brasileña. Sobre todo aprendí a disfrutar y a querer la música brasileña más allá del más allá del vínculo que puede haber con lo brasileño desde una posición de espectador. Y eso obviamente hizo que sea permeable a muchas influencias, pero estaba metido en la música nuestra, sobre todo la del nordeste estaba metido en la vidala, la zamba, la chacarera y además empecé a componer. Nació el compositor.
Sin dudas, se extraña mucho el país y el pago chico, cuando uno se va compulsivamente.

Sobre tus años de militancia universitaria, nombraste momentos en la facultad en los que te veías en la situación de que algunos compañerxs se prestaban más a pedirte o escuchar canciones que tuviesen cierto contenido político, que había un “repertorio militante” y vos venías con otro bagaje musical.

No quiere decir que haya subestimado el denominado cancionero de protesta sino que lo que a mí me salía naturalmente, porque fui músico antes de ser militante, era la música que venía conmigo. Cuando uno tiene un espejo muy sublimado de determinados compositores, determinados poetas y quiere decir algo con contenido, el nivel de exigencia pasa a ser elevado. Ya la canción de protesta por ahí es más directa, porque dice directamente algo, es menos metafórica, digamos, menos exigente, en un punto, en un sentido estético. Cuando uno ya viene condicionado por su propia experiencia o sus modelos esa canción de protesta tiene valor relativo desde lo estrictamente artístico. Uno se apega a la canción que, sin proponerse una denuncia directa, la haga desde una estética muy definida, muy buena y muy profunda. Es un tema que a mi me preocupa ese poder decir de una manera que sea lo más sublimada posible. Puede confundirse con una posición elitista pero no es así. Más bien se trata de pretender para las grandes mayorías populares el mejor arte posible.

¿Por qué crees que se establece esa relación entre el arte y la política? O más bien entre los militantes y artistas, por qué existe esa tensión, sobre que lo político se exprese de una manera, sin menospreciar, propagandística o literal. ¿Porqué prevalece el contenido ante la forma?

A mí me parece que es natural que el arte se relacione con la política y que en ese sentido todo tiene validez, todas las maneras de encarar una canción tienen validez. Yo simplemente hablo de una exigencia profunda y personal.
Por ejemplo, reconozco que el rock hace muchas denuncias, prácticamente para mí el rock es una especie de crónica musical. Pasa algo y aparece una canción. En ese sentido uno puede pretender que esa crónica sea una excelsa canción. El valor que tiene el rock es para mí muy importante en ese sentido, como un lenguaje que dice cosas de la realidad, el valor de ser una crónica cantada de cosas que ocurren. Pero hay segmentos de públicos, de audiencias, para todas las expresiones. Así como el folklore, con el Nuevo Cancionero, era un movimiento importante, una usina de canciones con contenido social. Con Matus, Tejada Gómez y muchos músicos más. Con Los Andariegos, Mercedes Sosa, los hermanos Nuñez. Y después está ese segmento que da cuenta de la realidad sin ser tan explícito, un tipo de canción más sublimada poéticamente, pero dice lo que hay que decir. Por ejemplo, Pepe Núñez le canta a un laburante manco, el manco Arana. Y dice “ya lo veo de mañana, con sus dos brazos abiertos, el izquierdo nuevo y fresco; el derecho un niño muerto”. Eso para mí es tremendo. Un solo brazo, la figura del manco, que era un personaje real, un trabajador, que hombreaba bolsas en el mercado, eso para mí ya es algo que lo considero sublime. O con la sequía que es un drama social, para pedir la lluvia dice “segurito que llegas de madrugada, despeinada y gritona, mujer amada". Ese tipo de creaciones a mí me seduce particularmente. Creo que generan conciencia, y al mismo tiempo se valoriza el arte. Para mí mientras más elevada sea artísticamente la canción, mejor será el resultado político e ideológico. O sea una manera de defender la política y el arte es hacer buenas canciones. La demagogia existe tanto en la política como puede existir en la canción.
Una canción que descuide lo estético, es como una política que descuide lo ideológico. Y es algo que está ocurriendo bastante.

Las dos cosas…

Porque tanto la política como el arte terminan siendo una caricatura de lo que uno querría que fuera. Cuando uno ve políticos sin ideología da mucha tristeza, es como un vaciamiento, porque es la idea de la política como algo que te genere poder, por el poder mismo, por el poder de un grupo… Si es por el poder popular, tiene que haber ideología.
Tiene que ver con los niveles de conciencia, de educación, para mi hay una crisis tan grande de la conciencia, que no puede haber un sentido crítico también de lo que reciben, desgraciadamente, se puede vender cualquier basura.

En ese sentido, ¿cuál es tu visión del arte? Es una herramienta, una expresión…

Yo no sé responder esas preguntas porque para mí es tan natural el arte, es parte de la condición humana. Hay que estar atentos, el arte puede ser transformador y no necesariamente como herramienta revolucionaria transformadora de la sociedad, sino transformador de personas, de grupos y comunidades. Puede tener un rol asociado a un proceso de transformación social, político, pero también puede servir para todo lo contrario. El arte, entre comillas, en manos de las multinacionales es un peligro. Lo que está pasando con la música para mí es altamente peligroso. Además hay empresas coqueteando con el arte contemporáneo…

…Bueno el cine también y la televisión, obviamente. Funcionan más como sistemas comunicacionales, pero la música está tan degenerada, esto de poner música todo el día, de que sea natural poner música todo el día, de que si quiero poner música en mi laburo obligo a todo el mundo a escucharla. Es una verdadera contaminación ambiental Y todo está legitimado por el uso de la música. Es perverso. Lo más sublime de mi vida que es la música también puede ser algo perverso. Y es terrible… Esa invasión, tiene el don de la ubicuidad, está en todos los lugares al mismo tiempo, es como Dios.

Es natural que ante un ruido ensordecedor, cuando se apaga vos sentís un alivio. Ya paso a desnaturalizarse, el reflejo de la distensión.
No hay un instante de silencio y el murmullo de la conversación en un bar, que es un sonido más agradable y más humano, quedo escondido por la música ambiente. Entonces creo que el arte -volviendo a tu pregunta- es muy importante en los procesos de transformación, para la dirección que sea. En cualquier dirección.

El problema de la mercantilización del arte y la cultura, es más un objeto que pierde ese valor estético “sublimado” del que vos hablabas, para componerse en un producto. Entonces conviene que escuches un tema todo el día porque en la radio o los reproductores de música online, se pagan derechos…

En nuestro diccionario político existía la palabra enajenación. Era la pérdida de la conciencia política y social, en función de determinadas influencias. Ahora para mí es tremendamente enajenante la influencia de los medios de comunicación con el uso de la música.
Es preocupante. Pero de todos modos, lo bueno del arte, es que es algo inescindible de la condición humana, por esa misma razón siempre se va a hacer arte. En ese sentido trasciende ese uso mediocre, es algo permanente, por eso es que hay el folklore comercial y el folklore que se refunda desde lo artístico y no desde lo mediático. Lo hacen músicos jóvenes que no son conocidos y es impresionante, como una especie de ejército de retaguardia.

Una charla muy amena con un artista imperdible.

Sábado 14 de mayo, 21 hs
ND Teatro, Paraguay 918


Natalia Rizzo

Artista Visual, nacida en 1980, oriunda de Villa Luro. Es profesora Nacional de Bellas Artes y realizó la Maestría en Artes Electrónicas de la UNTREF. Miembro de Contraimagen y del equipo de diseño e ilustración de Ideas de Izquierda.

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