Christopher tenía 6 años. Vivía en Chihuahua. En los medios se afirma que cinco adolescentes le propusieron “jugar al secuestro” y lo mataron. Ése es el rostro más terrible de la realidad de los niños en México, acosados por la violencia y la miseria.

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3
Miércoles 27 de mayo de 2015
Los adolescentes que se supone asesinaron a Christopher tienen entre 11 y 15 años. Todos vivían en la misma colonia empobrecida que el niño de 6. Eran vecinos.
El día 26 tendrá lugar la primera audiencia para juzgar a estos jóvenes, casi niños. Los menores de 14 años están en custodia del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia de Chihuahua. Los dos de 15 años serán juzgados, y si se los halla culpables, purgarán una pena de 10 años.
Ahogados por su dolor, los familiares de Christopher piden que los juzguen como adultos.
Pero son niños. Niños criados en una sociedad donde la violencia está naturalizada tanto en la calle como en la televisión, y donde conviven, de alguna manera, sicarios del narco con trabajadores superexplotados de las maquilas y el comercio informal. Donde la vida no vale nada. Y en especial, en el estado que hizo público a nivel mundial los feminicidios.
Son niños, hijos de trabajadores, que dejan la vida en su centro de labor, cualquiera que éste sea. Donde los obreros de las maquilas ganan sólo dos salarios mínimos por día, lo que equivale a unos 4,096 pesos mexicanos por mes (o 267 dólares).
Porque con estos salarios de miseria que pagan los empresarios adictos al lujo y a la opulencia, para los trabajadores no hay dinero que alcance para satisfacer necesidades tan básicas como comer, vestirse, tener el resguardo de un techo.
Los victimarios de Christopher son niños, condenados de antemano a pasar hambre, a ser excluidos del sistema de educación pública medio y superior, a no tener un trabajo con salario y condiciones laborales dignas al llegar a su mayoría de edad, son niños que pueden terminar ultimados por el crimen organizado, o siendo parte de sus filas. Son niños que, pesa decirlo, no tienen futuro.
Esto es parte de la oscura realidad de la niñez en México. Otra cara es el trabajo infantil, como explicamos acá, que priva a los niños de vivir su infancia y les impone jornadas laborales extenuantes, peligros de accidentes laborales y precarización.
Chihuahua, entre la violencia y la corrupción
César Duarte Jáquez, quien asumió la gubernatura el 4 de octubre de 2010, es uno de los responsables políticos de esta situación.
En un fragmento de una carta de un residente de Chihuahua al gobernador, que se dio a conocer en redes sociales y publicada por distintos medios, se puede leer: “Sellaste tu destino el día de tu toma de protesta, cuando insultaste a Reyes Baeza y a todo su equipo, dijiste: ‘el poder es para poder’ y antes de un mes, en tus narices, a sangre fría asesinaron a una mujer desarmada en la puerta de tu propia oficina. No es cuestión de haber atrapado al culpable. Esa mujer debería estar viva César, igual que tantos inocentes hombres, mujeres, niñas y niños que han muerto bajo el impacto de balas que no has tenido ‘poder’ para evitar que se disparen”.
El gobernador Duarte está acusado de desviar alrededor de 65 millones de pesos del erario público. Y también de reprimir con bandas de golpeadores las protestas sociales.
Tras la masacre de villas de Salvácar, en 2010, se desplegó un “plan de seguridad” para combatir al crimen organizado en Ciudad Juárez, el reino de los feminicidios y las maquilas.
Pero según informa el portal de noticias Sin Embargo.mx, entre 2008 y 2012 en Chihuahua “se cometieron más de 10 mil homicidios atribuidos a la disputa del crimen organizado por el territorio, convirtió a la entidad en la más violenta de México, registrando, tan sólo en 2010, más de 3 mil 500 asesinatos.”
Otra vez se demuestra que la militarización no sirve para frenar la violencia en los territorios donde operan el narcotráfico y las redes de trata.
Esto es lo que tienen para ofrecer a los trabajadores, las mujeres, los jóvenes y los pueblos originarios los partidos del régimen hambreador y asesino del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido Acción Nacional (PAN) y Partido de la Revolución Democrática (PRD).
El terrible crimen de Christopher es otro ominoso resultado de la descomposición y degradación que bajo el capitalismo y la opresión imperialista se impone a la sociedad.