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Bolivia

OPINIÓN: #21F QUESEVAYANTODOS. Jugando a la pulseta

Miércoles 22 de febrero de 2017

Foto: Juventudes de Sol.Bo

Después de la derrota ante el intento de modificar la Constitución Política del Estado en su art. 168 referente al periodo presidencial, con la ansia de llevar a la re-elección al representante del partido de gobierno, comenzó una serie de polémicas respecto al porque no había triunfado la opción afirmativa de dicho plebiscito. Ayer a un año de la derrota por urnas sobre el oficialismo, la ciudad de La Paz fue testigo de una serie de movilizaciones, unas en consonancia con las posiciones y ambiciones oficialistas; y otras, entre sectores de oposición (Sol.Bo, UN y otros) además de sectores ciudadanos no simpatizantes del actual gobierno, se hallaban expresando sus pretensiones. Por un lado la intentona de quedarse en la administración del poder público por medios legales y hasta ilegales; por otro lado la oposición expresión de los intereses empresariales, en resumen una derecha líquida y rabiosa, también vimos entre las movilizaciones a la burocracia prebendal y resentida de la COB (Central Obrera Boliviana) arrastrando tras de sí a distintos sectores obreros, pero sin norte político propio, y aún más importante, el ciudadano de a pie que sumó sus opiniones en contra de la gestión actual pero que a diferencia de otros sectores tampoco es simpatizante de la actual oposición.

Cambio de ring

En el transcurso de este año entre la derrota electoral del 2016 y las movilizaciones del día de ayer, variados fueron los escenarios de enfrentamiento entre estos dos bandos. Principalmente la polémica novelesca del caso Zapata difundida por los medios de comunicación, alrededor de la cual giró todo este conflicto. Si de un lado la oposición utilizó de escudo y bandera esta polémica, el oficialismo victimizó a niveles de mártir a su principal epígono. Unos, desde los noticieros cubriendo casi en exclusiva “la novela” y otros haciendo documentales con dinero de los contribuyentes. Esta pelea, como acabamos de observar, fue en primera instancia la lucha de información y “mentira”, conflicto de “verdades” y “mentiras” según la poción de cualquiera de estos bandos.

El escenario del día de ayer fueron las calles, donde se creía que el partido de gobierno tenía control hegemónico, eventualmente fue la expresión ciudadana la que cobro fuerza, aunque la corriente de opinión capitalizada por la oposición desde la agitación polemista fue el gran referente.

La ciudadanía decía ¡ni masistas, ni derechistas!, pero este pensamiento colectivo se vio estéril sin un objeto materializado de bandera política, sin una opción real que dé respuesta a los grandes problemas del pueblo y de las clases desposeídas, y que dote de un norte político a la clase trabajadora sobre la base de un programa revolucionario, es decir, que enfrente a los capitalistas.

¿Qué camino seguir? Construyamos el Partido de los Trabajadores

Independencia política, es un término casi olvidado entre los sectores obreros, generalmente confundido con las cuestiones sindicales. Pero el anhelo de tener un brazo político que represente a las masas obreras, anhelo de larga data, solo puede ser posible con la organización dentro de las fábricas, centros mineros, principalmente en las calles, debe ser el esfuerzo de la clase obrera por terminar la explotación del hombre por el hombre no solo en Bolivia. Si bien el proletariado boliviano trae a cuestas la derrota de más de 25 años, es hora ya de encontrar la opción obrera, y unificar tras de sí a las clases medias, esto solo se dará cuando el trabajador encuentre su identidad histórica, esta tarea harto importante no ocurrirá por iluminación divina, será también un trabajo de educación y de reeducación entre las filas trabajadoras.

El camino no está asegurado, sin embargo, hoy más que nunca la población quiere una salida de esta encrucijada política en la que nos hallamos empantanados y obligados a decidir entre los actores del momento. ¿Cuándo la clase obrera será actor real?

Como dice el estribillo ya gastado pero no caduco: ¡Ahora es cuando!