“¿No podemos ir a estudiar pero sí a trabajar?”, es una pregunta que se hizo una joven estudiante en un testimonio de los tantos que llegaron los últimos días a La Izquierda Diario. La juventud debería significar una ventaja ante un fenómeno como la expansión de una pandemia. Sin embargo, debido a la precariedad en el trabajo y en la vida que afronta la mayoría de los y las jóvenes, son parte de la población que resulta más expuesta a las consecuencias de la llegada del Covid-19.
La juventud que trabaja sin registrar, como monotributista, tercerizada, contratada temporalmente, ¿qué medidas necesita que se tomen para que esta nueva crisis no caiga sobre sus espaldas?
Primero hay que tener en cuenta algunas consideraciones:
A mayor precarización, menos garantías tenemos de que nuestros patrones cumplan las medidas que el gobierno “invita” a tomar a “los privados”. ¿El Estado que permite que nos tengan en la irregularidad y que también nos precariza en la administración pública, va a controlar y sancionar a las patronales que no cumplan con las disposiciones necesarias para que no se propague la pandemia? ¿Quién controlará a los privados más precarizadores? Algunos sectores como los y las monotributistas quedan afuera de las medidas que anunció el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, en la conferencia de prensa que dio junto a la secretaria de Gestión y Empleo Público, Ana Castellani. Allí se refirieron al sector público y al privado. ¿Qué pasa con aquellos y aquellas que trabajamos por ejemplo, en Rappi? Se sabe que no somos “emprendedores independientes”. Se sabe que el monotributo - figura que el mismo Estado utiliza para contratar- es una forma de precarización encubierta. Una forma de explotarnos muy barato sin que las empresas o el mismo Estado, se hagan cargo de la relación de dependencia. ¿Cómo se piensa garantizar que Rappi, Glovo, Uber, no sigan exponiendo a miles y miles a salir a la calle todos los días durante horas y horas? A mayor precarización, peores condiciones de seguridad e higiene hay en los lugares de trabajo. Los call centers suelen ser pisos con escasa ventilación donde centenares trabajan hacinados, un gran ejemplo de cómo se combina la precarización con ambientes inhumanos. Trabajadores de Burger King denunciaron que a las personas que atienden la caja les permiten lavarse las manos una sola vez cada hora y media, escasez de alcohol en gel y que no les proveen barbijos. Estamos hablando de una tarea que implica hablar con gente y manosear billetes, tarjetas de crédito y monedas durante horas. Dicen que antes de la crisis del Covid-19, les permitían asearse las manos una vez cada 5 horas aproximadamente. Un asco. Normalmente, los sindicatos brillan por su ausencia en los lugares donde reina la precarización. La organización sindical es más perseguida y las patronales suelen ser más impunes para despedir por cualquier razón en los pequeños talleres por ejemplo, en los trabajos gastronómicos o en los comercios. El trabajo no registrado impera en este tipo de empleos donde la mayoría son jóvenes. O incluso, donde hay representación sindical como en los grandes supermercados como Wallmart o Coto, las direcciones son parte de la maquinaria montada para que exista la estafa de la tercerización o los contratos basura. La absoluta normalidad con que las patronales usan y descartan mediante contratos de tres meses en call centers, es pasmosa. Todo sucede ante los ojos del Sindicato de Empleados de Comercio. Ante la crisis del Covid-19, la CGT lo único que ha dicho, es que si no fuera por el virus, estaría tomando medidas de fuerza. Un insulto. ¿Los sindicatos no deberían estar a la cabeza de pelear las mejores condiciones para que todos y todas podamos defender nuestro derecho a la salud? La situación de millones de mujeres sostenes de hogar es un claro ejemplo de cómo la precarización afecta con más fuerza la vida de las mujeres. Las pésimas condiciones de trabajo son la regla entre las empleadas de casas particulares y las tercerizadas de limpieza por ejemplo, en tareas que implican una exposición alta. A su vez las mujeres más precarizadas son las que menos cobran y más dificultades tienen para afrontar el pago de alguien que cuide a sus hijos e hijas. Menos chances tienen de faltar a sus trabajos para quedarse en casa si no tienen quien las ayude. A mayor precarización, menos posibilidad de preservar la salud propia y la de la familia. La precarización no se reduce a determinadas condiciones laborales. El derecho al acceso a la salud en nuestro país está directamente relacionado con la forma que trabajamos. La precarización laboral es precarización de la vida: no es lo mismo trabajar registrado, con obra social, que vivir sin ningún tipo de cobertura. Si bien en Argentina la salud es pública, eso no garantiza que realmente sea un derecho para todos y todas. Acceder a un turno en un hospital público es una misión casi imposible. Una persona precarizada tiene que pedirse el día en el trabajo para conseguir un turno en un hospital. Una persona precarizada cambia tan seguido de trabajo o de horario, que muchas veces para cuando llega la fecha del turno que le dieron, no puede asistir. La precarización es no poder faltar por enfermedad e implica que muchos y muchas no tengan siquiera tiempo para ocuparse de su salud. La juventud se ve forzada por la rutina cotidiana a dejar el propio cuidado a un lado. Ante el desabastecimiento y la saturación del sistema público, ningún precarizado está en condiciones de afrontar con su bolsillo consultas en clínicas o consultorios privados. ¿Puede alguien pensar en les precarizades?: Sí, la izquierda
Este miércoles el diputado nacional por el PTS en el FIT participará de una reunión con el presidente y otros líderes de la oposición. Según manifestó en un comunicado, llevará una serie de propuestas que impulsa la izquierda, como medidas de emergencia ante la crisis sociosanitaria en curso. Entre ellas plantea un subsidio de 20 mil pesos para el personal no registrado, que en Argentina alcanza el 35 % de la población asalariada. La realidad de la juventud precarizada da cuenta de la verdadera necesidad de que se tomen medidas como sólo la izquierda está planteando y para cuya discusión exige que el Congreso sesione:
Sistema de salud único, en manos del Estado y controlado por trabajadores y trabajadoras. Es necesario absorber en el mismo a la salud privada y también la producción que hacen los laboratorios. Solo así se puede garantizar la producción y el acceso al alcohol en gel, jabón, lavandina, guantes o barbijos suficiente para que todos y todas, incluso quienes no tenemos cobertura médica, podamos acceder al derecho a la salud. Ningún despido ni suspensiones con recorte de salarios. ¡No es nuestra responsabilidad! Licencias para cuidar a nuestros hijos e hijas en nuestras casas. Comisiones de seguridad e higiene en los lugares de trabajo, a cargo de trabajadores y trabajadoras. ¿Con qué recursos se puede lograr esto? En primer lugar rechazando el pago de la deuda pública. Una deuda que solo beneficia a los grandes acreedores internacional y al FMI.
Está claro que las direcciones de los sindicatos no van a ponerse al frente de defendernos por su propia voluntad y que el Gobierno está más preocupado por garantizar los negocios de las patronales que nuestra integridad. Los trabajadores y las trabajadoras de los shoppings ya comenzaron a organizarse para exigir el cierre de sus lugares de trabajo. Hay que seguir su ejemplo y el de otros y otras que vienen organizándose en distintos países ante la crisis del coronavirus, en el contexto de otra pandemia que cada vez se extiende y profundiza más entre la juventud: la precarización laboral.