Durante las últimas semanas el caso de los abusos sexuales de curas de la Iglesia Católica ha estado nuevamente en el tapete debido a las escandalosas declaraciones del Papa Francisco acusando de “zurdos” a los denunciantes, pero también al proceso judicial que se lleva adelante contra el Arzobispado por encubrimiento.
Natalia Cruces Santiago de Chile
Sábado 14 de noviembre de 2015
Karadima, el sacerdote al que se trataba de “santo” y que era protegido por los sectores más acomodados del país, declaró días atrás ante la justicia por la demanda que interpusieron contra el Arzobispado tres de las víctimas de sus abusos. Si bien Karadima está “condenado” por el Vaticano sigue gozando de privilegios e incluso ha sido denunciado por seguir haciendo misas en su lugar de “reclusión”.
En la declaración ante la justicia, Karadima negó los abusos y señaló tener una amistad con el Obispo Barros, quién está acusado por las mismas víctimas de ser encubridor de los abusos y que ha sido cuestionado por amplios sectores de la sociedad que exigen su salida de la ciudad de Osorno.
Los demandantes señalaron en una declaración pública que rechazan las declaraciones de Karadima, quién no solo negó los hechos sino también indicó no recordar nada, señalaron también que “no sabe quién financia su defensa, niega hechos acreditados por la investigación de El Vaticano, rememora un tiempo lleno de regalos, lisonjas y aplausos de sus superiores, a quienes llama jefes, y desconoce su actuación criminal que, de acuerdo al fallo vaticano en su contra, involucró abusos contra más personas que nosotros tres”.
También indicaron que “lo que padecimos pudo ser porque nunca dejó de haber gente en la parroquia y fuera de ella que protegió, encubrió y desacreditó lo que estábamos denunciando” y que efectivamente mientras sucedían las denuncias y abusos, a Karadima se lo colmaba de “regalos y atenciones, mientras a nosotros se nos desacreditaba e ignoraba públicamente”.
Corte envía exhorto al Vaticano para conocer investigación sobre Obispo Barros
La Primera Sala de la Corte Suprema envío un exhorto al Vaticano para acceder a la investigación que se realizó contra el Obispo Barros, que actualmente está en Osorno y que ha recibido numerosas muestras de rechazo desde distintos sectores sociales. Barros ha sido señalado por quiénes fueron víctimas de Karadima, James Hamilton, José Andrés Murillo y Juan Carlos Cruz, de haber encubierto estos abusos.
Los mismos denunciantes son quiénes demandaron por la justicia civil al Arzobispado de Santiago, bajo los mismos cargos de encubrimiento. Por este caso han tenido que declarar Ricardo Ezzati y Francisco Javier Errázuriz.
“Los Karadima existen porque se les cree, se los protege, se los financia”
Estas son las duras palabras de las víctimas de Karadima y que señalan una realidad que existe en la Iglesia chilena y mundial ante los abusos sexuales cometidos contra niñas, niños y jóvenes, durante décadas y que en los últimos años han ido saliendo a la luz pública. La respuesta de la Iglesia, cuando ya no podía tapar los casos, era en general el traslado de los curas a otras parroquias en que continuaban sus abusos.
La impunidad que ha rondado durante años a los abusadores no es casual, sino parte de una política de ocultamiento y encubrimiento que existió desde la Iglesia Católica y el Vaticano, a pesar de que el Papa Francisco ha señalado que no se aceptará más esta situación, es el mismo que hace pocas semanas indicó que las acusaciones contra Barros eran obra de los “zurdos” y que los que creían en ellas eran “tontos”.