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Red Internacional
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La Cámpora: con la remerita del Vaticano bajo el brazo

Con la mirada levemente perdida, Andrés "Cuervo" Larroque entregaba en Santa Marta una remera de La Cámpora al papa Francisco.

Leo Améndola

Leo Améndola TW/IG: @aladelos

Martes 30 de septiembre de 2014

La carcajada forzada de Cristina de fondo y el semblante expectante de Bergoglio completan la foto oficial que fue objeto ya de cuantiosas valoraciones.

Propios y ajenos del kirchnerismo dijeron algunas palabras respecto del encuentro con el cual Cristina buscaba mejorar la imagen de su Gobierno en estos difíciles momentos. Más allá de los resultados generales que dio el encuentro, la presencia de Larroque en la foto de la semana con el Papa es un nuevo gesto dentro del plan de Cristina de darle a La Cámpora mayor peso en el tortuoso camino de la carrera por la sucesión.

La comitiva oficial estuvo compuesta por otros jóvenes camporistas como Eduardo “Wado” de Pedro y José Ottavis. Pero también por una figura importante del Movimiento Evita, Leonardo Grosso, quien después de irse de Unidos y Organizados con críticas al kirchnerismo parece haber vuelto a hacerle un guiño al cristinismo. Completaron la visita Victoria Montenegro de Kolina y hasta el radical Leandro Santoro de Los Irrompibles. Quisieron mostrar juventud y amplitud junto al Vaticano. Pero todos estos jóvenes parece que ni siquiera escucharon las plegarias del Papa: en vez de ir a “hacer lío”, fueron a dar la bendición a Cristina y a su plan de reforma del Código Civil.

Ya en el editorial de la semana pasada decíamos que "la aparición de Máximo y las declaraciones de varios dirigentes de La Cámpora durante la semana apuntaron su mensaje a ordenar la tropa volviendo a poner a Cristina en el centro y prepararse para una nueva etapa marcada por la dificilísima osadía de retirarse del poder ejecutivo, algo que jamás conocieron".

La oratoria con toques de “nestorismo” sacó a Máximo del terreno de la camarilla familiar para ubicarlo frente al ojo escrutador de la opinión pública, los electores y el propio aparato de Gobierno. La posición privilegiada de La Cámpora en el viaje al Vaticano se ubica dentro de la misma estrategia cristinista.

En el plan quizá también entren los rumores esparcidos durante los últimos días, aunque todavía inciertos, de la posible salida de “Coqui” Capitanich del Gabinete, con algunos candidatos camporistas como posibles relevos.
Respecto a ambos “actos” de Gobierno, hay, sí, una diferencia significativa en lo que hace a la "simbologia" de ambas fotos, una cuestión que en el kirchnerismo, como es sabido, tiene bastante peso. Si en el acto de Máximo no hubo nuevas ideas y lo único novedoso fue su presencia (ya que el discurso no destacó por su brillo), la imagen de Larroque entregando al Papa la remera de La Cámpora aporta un nuevo hito en la entrega del relato kirchnerista.

Es que esa remera entregada va a costarles caro a los progresismos que el Cristinismo dice todavía albergar. La dialéctica entre integración al centro del poder kirchnerista, de un lado, y los costos que surgen de las decisiones políticas del mismo en su etapa senil, por el otro, perjudican a los que todavía buscan mostrar en la construcción de la juventud kirchnerista la encarnación de las fuerzas vivas del país. El abandono de las políticas progresistas está dejando un tendal de símbolos heridos en el camino.

Si hacemos el ejercicio de ubicar a “Carta Abierta” como la vertiente académico-intelectual-barroca del progresismo oficial, y a La Cámpora como el brazo juvenil-estatal del mismo, en la negociación carnal con el Vaticano La Cámpora demostró ser la más obsecuente. Carta Abierta incluso omitió cualquier alusión al encuentro papal en su última carta difundida, lo que en un agrupamiento que acostumbra a dar rienda suelta a sus divagaciones frente a cualquier insignificante acto del Gobierno no suena a olvido.

En el dominio de la coyuntura, la foto con el papa Francisco es transable con la aprobación de un nuevo Código Civil. La Iglesia metió mano y se puso firme para conquistar lo que buscaba. Un acuerdo que, como plantea la agrupación de mujeres Pan y Rosas, "retrocede cien años". Uno de los artículos más controversiales para la Iglesia, ante el cual el Gobierno y la juventud kirchnerista cedieron, es el 19, que establece que "la existencia de la persona humana comienza con la concepción", algo que ya fue superado por la jurisprudencia y, sobre todo, por la ciencia. Luego de diez años vuelven a ratificar que importan más sus acuerdos con el Vaticano que las más de trescientas mujeres, en su mayoría jóvenes, que mueren por año a causa de la clandestinidad del aborto. Además, se eliminaron también del proyecto las figuras que consagraban la fecundación post mortem y la maternidad subrogada (alquiler de vientres).

La Cámpora, que se arroga la representación política de la juventud que surgió a la vida política en la última década, en la medida que se vuelve un factor de peso en el plan sucesorio de Cristina, más cargará sobre sus hombros los aciertos, las fallas y los costos de esa política. La división de tareas que se podía efectuar en otro momento, donde el Gobierno podía gozar de mayores puntos de apoyo, se ha convertido en la debilidad de este agrupamiento juvenil. La Cámpora "es" Cristina y "su" política.

En este momento "es" también el acuerdo con la Iglesia.¿Con qué cara los dirigentes barriales de La Cámpora explicarán su subordinación a las imposiciones arcaicas de la Iglesia católica en lo que hace a una de las principales causas de muerte de cientos de mujeres por año, como es la prohibición del derecho al aborto? ¿A qué jóvenes secundarios puede enamorar la foto del "jefe" Larroque posando junto al representante de una institución retrógrada que es la contracara de las aspiraciones de la juventud? Cuando el plan es mostrar a los chicos como “candidateables” para gobernar el país, el discurso de ampliación de derechos queda guardando polvo.

Así como en el terreno de la defensa del trabajo y de la protesta social, el cristinismo ha dejado en claro cuáles son sus aliados y dónde están sus enemigos (como demuestra frente a la lucha de Lear), en el terreno de los derechos democráticos, Cristina y su colateral juvenil transitan el mismo camino.

Mientras la juventud kircherista se paseaba en Roma con una institución que desde sus orígenes ha sido enemiga de los derechos de las mujeres, el país estaba conmovido por los casos de femicidios, que siguen aumentando.

El acuerdo que fueron a firmar Cristina y La Cámpora con el Papa para la reforma del Código Civil, que implica un nuevo ataque a los derechos de las mujeres, ya está en marcha y querrán aprobarlo los próximos días. Justo esta semana, que comenzó con una nueva jornada de lucha por el derecho al aborto frente al Congreso con diferentes organizaciones de mujeres, políticas y sociales, a propósito. Ahí estuvo presente la juventud que pelea en las calles por este derecho, para que no haya ni una muerta más por aborto clandestino y para que sean las mujeres las que decidan sobre su cuerpo.

Los diputados del Frente de Izquierda, con Nicolás del Caño a la cabeza, junto a diversas organizaciones de mujeres, presentarán batalla contra la aprobación de ese Código Civil, que, en última instancia, es la viva expresión de esa foto en la que La Cámpora optó por dar un paso más en su asimilación total a la figura de Cristina.


Leo Améndola

Trabaja en el MTEySS y es delegado de ATE-Trabajo. Miembro de Izquierda Diario y militante del PTS

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