El ataque macrista abrió la posibilidad de que el movimiento universitario vuelva a preguntarse y a cuestionar las reglas de juego de la universidad en Argentina.
Domingo 15 de mayo de 2016
Paula Varela es politóloga, doctora e investigadora del Conicet y profesora de las carreras de Ciencias Políticas y Sociología de la UBA.
¿Le puedo hacer una pregunta? ¿Con estas luchas alguna vez se consiguió algo? La que pregunta es una estudiante universitaria de menos de 20 años. La escena transcurre en la esquina de San Juan y Santiago del Estero en el barrio de Constitución. No estamos en la vereda sino en un corte de calle que estamos llevamos adelante 7 cursos del turno de 19 a 21hs de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. La fecha, el miércoles 11 de mayo, tercer día de la semana de paro de las universidades nacionales. El día previo y el anterior había habido cortes similares; el día siguiente habría una multitudinaria movilización al Pizzurno y a Plaza de Mayo que los medios masivos nacionales intentaron minimizar a toda costa.
Hace tiempo que no te veo
La pregunta de esta estudiante es de esas que concentran una cantidad densa de significados. El primero y más obvio es el desconocimiento (del que no podemos sino ser responsables también nosotros, los docentes) de la historia de lucha reciente del movimiento estudiantil y universitario. Para poner un ejemplo fácil: esta pregunta era formulada a escasos 150 metros del Edificio de la Facultad de Ciencias Sociales, bloque de cemento que se conquistó con más de una década y media de lucha por el edificio único con marchas, tomas, huelgas, asambleas, y más de una irrupción (con la violencia que esto requiere) al Consejo Directivo y al Consejo Superior. Sí, con la lucha se consiguieron muchas cosas (aunque falten otras tantas y más). Pero el segundo significado que muestra la pregunta es que hace mucho que no se veía una lucha como la de estos días. Como dijo un amigo y ex diputado de la Provincia de Buenos Aires: “qué bueno, volví a dar clases públicas después de años!”. Efectivamente, los años recientes fueron avaros en luchas del movimiento universitario y eso es parte de la explicación de la masividad de la marcha del jueves. Hubo algo del orden de la liberación de las ganas de beligerar que sobrevoló el conjunto de la movilización. ¿Por qué ahora y qué se libera?
Meritocracia
No voy a abundar en las formas en las que el ataque material y simbólico del macrismo fue el gran catalizador de esta lucha. Lo han descrito de manera contundente compañeros y colegas que dan su opinión en estas páginas. Quiero reparar sí en el efecto de “solidaridad” que generó en los estudiantes (para con los docentes en huelga) el fuerte discurso meritocrático del gobierno nacional, y su contraste con la “infelicidad” de los primeros meses del macrismo. Si en Enero los despidos de estatales eran justificados por el demérito de los que detentaban los puestos laborales (ya sea por grasa militante o por inutilidad), en abril esa justificación va perdiendo base social gracias a la lucha de los estatales (y pese a las direcciones de sus sindicatos) y gracias también a los pocos éxitos que expone el gobierno del “esfuerzo personal”. Podríamos decir que el discurso meritocrático o bien se asienta (para materializarse) en un fuerte trauma que opere como aterrorizador (como la hiperinflación de los 90) o bien en un fuerte éxito económico que permita creer que el mérito “garpa”. Ninguna de las dos cosas suceden hoy en Argentina. No hay ni trauma ni éxito. En este contexto, la apelación del mérito que fue tan exitosa en la campaña electoral, empieza a desplazarse hacia el terreno de la amenaza de “injusticia”. En cierto modo, fue esa dinámica la que ayudó a romper la lectura corporativa que el Ministro Bullrich quiso instalar de la huelga docente. Mientras desde el gobierno repetían, buscando el aislamiento, que los docentes luchaban por su salario, lo que se extendía dentro de la universidad y fuera de ella también era una corriente de solidaridad que reconocía en la lucha docente la expresión de la defensa de la educación pública como derecho. Porque efectivamente, es eso (y no solo el salario docente) lo que está siendo atacado bajo la aplicación en el terreno de la educación de la lógica del mérito individual (ya sea mérito en dinero para pagar aranceles o el mérito en educación privada para pasar exámenes de ingreso): la transformación de un derecho en un servicio al que se accede por “esfuerzo personal”. Es porque allí está el ataque y es porque allí reside el punto arquimédico de la solidaridad, que sería un error clausurar la lucha universitaria por una mejora en la oferta salarial. Por el contrario, lo prometido (que, digámoslo!! No recupera lo que ya perdimos por inflación!!) tiene que ser la muestra de que si fortalecemos la lucha, podemos trascender la pura defensa frente al ataque neo-neoliberal y entrar en el terreno mucho más interesante de la pregunta por cuáles son las condiciones para una educación pública y de calidad en Argentina.
Institucionalización de la miseria
Pero no es solo el ataque del macrismo el que responde a la pregunta de ¿por qué ahora? El kirchnerismo también es parte de esa respuesta. No sólo en el sentido del evidente oportunismo de sus funcionarios que hasta ayer estaban aliados a los radicales-macristas en el gobierno de las universidades y hoy marchan de opositores. Sino también porque fue su política de “institucionalización” de la política la que moldeó buena parte de estos años de poca lucha en el movimiento universitario. Podríamos decir que la década ganada fue el festival de la camarilla universitaria y su negociación de presupuestos y cargos en los despachos de decanos, rectores, consejeros y secretarios. Por esos territorios (mucho más que por los de la calle) transcurrió la política universitaria en la década K. Y esa institucionalización de la política (que consolidó una casta de funcionarios que ganan 10 veces más que el cargo testigo promedio…) produjo, si me permiten, una institucionalización de la miseria que dejó el menemismo. A qué me refiero? Algunos ejemplos. 1. Los 20 mil ad honorem de la UBA (mi compañero de aula trabaja hace 6 años sin cobrar) fueron “naturalizados” por el kirchnerismo como parte de la estructura universitaria haciendo que la más grande universidad argentina base buena parte de su funcionamiento en trabajadores que no cobran salario. Si algún kirchnerista pretende atribuir esa política de precarización laboral a la disfuncionalidad de la UBA, pregúntele qué pasa en las universidades nuevas, como las del conurbano. Allí, a falta de Ad Honorem, la regla es la contratación precaria sin regularización de cargos por parte de los docentes (que firman contratos temporarios que se levantan sin indemnización y sin decir agua va). 2. La proliferación de cargos de dedicación simple en detrimento de los de dedicación exclusiva que no sólo fomentan el docente bondi en la universidad (lo que afecta directamente la salud del trabajador y su posibilidad de capacitarse) sino que disocia el dictado de clases de la investigación consolidando un modelo de universidad enseñadero vs. el modelo de universidad productora de conocimiento. 3. La “normalización” de los llamados recursos propios de la facultades (a los que nos opusimos desde la izquierda en la Facultad de Ciencias Sociales) que legalizan los acuerdos entre las unidades académicas y las empresas, abriendo la puerta, por una parte, a privatizaciones parciales (con aranceles encubiertos), por otra, a la legitimación de formas de precarización laboral a través de pasantías que transforman a los estudiantes en mano de obra barata para las empresas, y por supuesto, a todo tipo de negociado y corrupción de las camarillas.
Seamos realistas
Esta “pesada herencia” que dejó el kirchnerismo en las universidades nacionales está directamente relacionada con un debate, hoy ausente en el horizonte de discusión, pero que siempre que hay grandes procesos de movilización y lucha se instala entre los estudiantes y docentes: el debate de la democratización del gobierno de las universidades. La precarización laboral, los negociados con privados, la completa arbitrariedad en la distribución de recursos, e incluso, los efectos que esto tiene para los contenidos teóricos (y también ideológicos) que circulan en la universidad, están en manos de un conjunto de funcionarios que impide todo ejercicio de control democrático por parte de estudiantes, docentes y también, de los grandes invisibilizados de la estructura universitaria: los no docentes.
El ataque macrista abrió la posibilidad de que el movimiento universitario vuelva a preguntarse y a cuestionar las reglas de juego de la universidad en Argentina. No la perdamos.

Paula Varela
Doctora en Ciencias Sociales, Profesora de la UBA e Investigadora del Conicet. Autora del libro La disputa por la dignidad obrera y coordinadora de El gigante fragmentado. Trabajadores y política durante el kirchnerismo y Mujeres Trabajadoras: puente entra la producción y la reproducción. Lugar de trabajo y militancia en la nueva ola feminista