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DOS AÑOS DE MADYGRAF. La Izquierda Diario, impreso bajo gestión obrera

Una crónica desde adentro de MadyGraf, la gráfica gestionada desde hace dos años por sus trabajadores. Hablan los hombres y mujeres que imprimen el periódico que tenés en tus manos.

Lucho Aguilar

Lucho Aguilar @Lucho_Aguilar2

Jueves 11 de agosto de 2016 18:54

Miércoles, día de “cierre caliente” en MadyGraf. Durante horas, decenas de trabajadores concentrarán nervios y músculos en sacar Gente y Paparazzi, las revistas de brillantes colores que disputarán la fachada de los kioskos la madrugada siguiente.

Pero ese día, los mismos hombres y mujeres, las mismas máquinas, también se encargarán de “dar vida” a otras imágenes y textos, sin escándalos ni vanidades.

Antes que caiga la noche, llega al sector de preimpresión de la planta de Garín un mail con el último pliego de La Izquierda Diario. En algunas horas saldrá convertido en papel y tinta. Conozcamos el proceso.

De la redacción a la plancha

Pocho, que hoy preside la cooperativa, nos presenta a Cristian. Él nos guiará la primera parte. “Cuando ya tenemos los archivos que ustedes mandan, armamos una plantilla donde se acomodan las páginas. Luego, otra máquina la imprime en una plancha de aluminio, que luego pasará por la reveladora y quedará lista para entrar a la máquina”.

Pasamos por una mesa donde otros trabajadores saludan rápido: debaten cómo se puede hacer un producto nuevo que entrará en pocos días.

Sigue Cristian: “Luego pasa por un horno, que permite que la impresión se adhiera a la plancha y tenga menos desgaste. La dobladora le hace los pliegues para que la podamos colocar en las rotativas. Ahí termina el proceso de preimpresión”.

Cristian hace parecer sencillo algo que implica mucha precisión. Ellos son los hacedores de la primera transformación: del archivo digital a la plancha de aluminio.

¿Siempre fue así? “No. En el 98 cuando entré a la planta, era mucho más manual. Trabajaban 30 o 40 personas por turno. El avance tecnológico, aunque mejoraba las condiciones en que se trabajaba, liquidó muchos puestos de trabajo. En la medida que nos fuimos organizando fueron mejorando las condiciones en cada sector”.

No podemos evitarlo: “¿Todo bien con el material que les mandamos?”. “Sí, yo agarré las primeras ediciones, nunca teníamos problemas. Hoy creo que también anda bien”.

Ya nos sentíamos parte de esos engranajes que se empezaban a poner en marcha frente a nosotros.

Trompos de colores y consignas

Caminando por el pasillo central, vamos atravesando salas. A esa hora las grandes rotativas ya están en silencio. Sandro toma la posta. Entró a Donnelley como operario de limpieza. Primero la experiencia sindical, luego la militancia política y ahora la gestión obrera lo fueron transformando profundamente, como a la mayoría de sus compañeros. Hoy nos puede contar cómo entra en las rotativas ese periódico en el que a veces se hace tiempo para escribir.

Estamos parados ante una Harrison 301, contemplándola por unos segundos. “En estos cilindros se colocan las planchas. Es muy importante la tensión que les das, porque si está muy ajustado se puede cortar la plancha”.

En el ojo y la mano del maquinista se juega parte de la suerte de nuestro periódico.

De pronto, en el medio de los fierros y las bobinas de papel, por fin aparecen los colores. Sandro los presenta: “Black, cyan, magenta, yelow”.

Pero la máquina todavía no arrancó. Falta empalmar el papel y otros detalles. De pronto, el encendido de la 301 sacude el silencio de la sala. El cilindro envuelve el papel. Sac, sac, sac, sacsacsac... Cada vez más rápido, la hoja en blanco empieza a mancharse de tintas negras. Amarillas, magentas, celestes. El llamado al paro nacional y los hombres marchando se convierten en un trompo de colores. Nuestros debatidos títulos parecen perderse. Caminamos hacia el final en búsqueda de la consigna perdida. Por suerte, reaparece clara y potente al final de la rotativa. Pero multiplicada por miles.

En esos 20 metros se produce la combinación de colores, materiales, temperaturas y velocidades. El horno seca el papel, otro dispositivo cristaliza la tinta, el doblador lo convierte en tabloide y las cuchillas cortan el pliego. Sandro lo toma en sus manos. “Cuando sale de acá, se lleva a la encuadernadora. ¿Cuánto tiene un pliego? 8 páginas”. Se acabaron los debates.

Máquinas y hombres

Nos tomamos un respiro para hablar, justamente, de tiempos. “El tiempo que teníamos en la empresa, de preparación a partida, era de 45 minutos. Pero en media hora lo sacábamos, y podíamos charlar o tomar mate. Habíamos conquistado manejar los tiempos”.

¿Y ahora, cómo es? “El cambio fue rotundo. Teníamos productividad controlada por supervisores en nuestro puesto. Además había una división bien marcada según tareas y categorías que también te estructuraban en un sector o generaban competencia entre el que manejaba una máquina compleja y quien aspiraba a llegar algún día a ese puesto. Con la gestión obrera todos conocemos el proceso de principio a fin”, cuenta Sandro.

La alienación en la línea parece tener un freno. “Rotar por distintos sectores te permite aprender distintas tareas y el proceso de producción en sus distintos pasos hasta llegar el producto final. Incluso la rotación permite organizarnos, desde garantizar una publicación hasta otras tareas de la gestión obrera y las actividades políticas. Ademas podemos conocernos, buscando que la tarea tenga también que ver con lo que te guste hacer. De ahí surgen mejores vínculos, te ayudás, generás compañerismo, solidaridad, y podemos hablar de política, cuestiones personales, de todo”.

Pasamos al lado de otro grupo de trabajadores. Herramientas en mano, debaten frente a una máquina abierta. Es una dobladora especial, que podría permitirles tomar un trabajo bien pago. A falta de capital, como todas las gestiones obreras, los mecánicos fabrican repuestos en los tornos y usan su creatividad para darle vida, algo que la empresa no había podido lograr ni trayendo mecánicos de afuera.

A punto

Entramos al sector de encuadernación y nos recibe el “loco” Medina. “Esto que van a ver en algunos grandes diarios todavía lo hacen a mano. En MadyGraf tenemos todo el proceso automatizado. Acá hacemos el intercalado de los pliegos según las páginas y el corte de los bordes y márgenes”.

Todavía están “tibios” al final de la máquina algunos periódicos impresos esa mañana. Pero él nos recrea el trabajo, paso a paso. En los módulos las páginas serán absorbidas por las ventosas, que abrirán los pliegos para que luego caigan abiertos sobre la cadena colectora y se monten entre sí. Otra vez, la máquina empieza a correr y los rostros y consignas que van desdibujando con la velocidad. El final de la cadena nos devuelve otra vez esa tapa que habíamos debatido durante horas.

“Luego armamos los paquetes para que ya salgan a entrega”, concluye nuestro guía mientras saluda a Laura, una de las compañeras que se sumaron a la gestión obrera. Sentada en una banqueta, está concentrada en sus auriculares y la editorial del periódico. Igual se desenchufa un rato para recomendarnos charlar con algunas compañeras. Para que no queden dudas del rol de esas mujeres afuera y adentro de la fábrica (ver recuadro).

Tratando de pasar en limpio surge la pregunta inevitable: ¿Cuántas manos, cuántas horas? “Arrancás con dos compañeros en preimpresión y compaginación; el clarkista que lleva las bobinas de papel a las rotativas; allí lo esperan 4 personas, que imprimen y entregan a encuadernación donde son 4 o 5 trabajadores más. Además, los que siguen el trabajo en administración, despacho y la carga de camiones que son otras 5 y 6 personas. Si todo anda bien entre la llegada del archivo y el despacho son 6 horas”.

Si arrancamos desde el principio somos más, es cierto. Desde los corresponsales y militantes que mandan sus notas y la redacción que redacta y diagrama, hasta Antonio y Bartolo que se llevan los paquetes recién salidos del horno para hacer llegar La Izquierda Diario y las posiciones del PTS a todo el país.

Debates entre las máquinas

Durante la vuelta, los trabajadores explican cómo hacen funcionar una planta de grandes dimensiones y alta tecnología: “Tenemos coordinadores de producción, votados en asamblea”. Es una de las cosas que, siempre lo reconocen, aprendieron de los ceramistas de Zanon. La planificación obrera cómo alternativa al despotismo del capital en las fábricas (ver recuadro).

El “loco” mira la tapa del periódico que comparte mesa con Vanidades. “Esta imprenta siempre fue reconocida por su calidad. Y habernos dado esta organización no nos impide producir con calidad y a la vez compartir el espacio de trabajo mediante charlas de todo tipo. En este sector hay compañeros que votaron a Del Caño, Macri, Scioli o Massa por lo que son comunes los debates de política mientras trabajamos. Sobre la fábrica, sobre la situación del país, sobre cómo avanzar y conquistar la expropiación”.

El tema de los debates políticos venía de antes que sea gestionada por sus trabajadores. “En el caso de la impresión de LID, que todos sabemos que es un diario de izquierda, que es del PTS, muchas conversaciones salen de ir viendo las páginas, qué dice el periódico, qué trae este número. Y en general la tarea de imprimir materiales facilita la lectura. Revistas, diccionarios, siempre tuvimos al alcance una diversidad de temas para leer, opinar, criticar, expresar la ideología que tenemos cada uno”.

Y se hace inevitable hablar de las tradiciones de los tipógrafos, luego gráficos, semillero de sectores combativos de la clase obrera. Los que organizaron los primeros sindicatos en Argentina, que pronto sacaron sus periódicos sindicales o políticos, que tiene sus mártires, desde Argentina a Chicago.

“Y en nuestra fábrica todo esto es muy importante porque te lleva a discutir la salida que nos dimos. Por qué tomamos la fábrica y la pusimos a producir, por qué los gobiernos hacen todo lo posible para que no haya más ejemplos como este, que los trabajadores no podamos ser conscientes de cómo se administra y se sostiene una fábrica bajo gestión obrera. Esas son cosas que pasan a diario en MadyGraf, y encontrarnos la impresión de un diario de izquierda genera también inquietudes y politización. Incluso ese que te dice “me lo llevo para el asadito” pero siempre lo ves irse con LID bajo el brazo, y después alguna discusión te trae”.

Una pelea de fondo

Vamos llegando al final. Desde un ventanal se ve el óvalo de la Ford. Estamos en el corazón industrial de la Zona Norte. En la mesa de entradas hay un cuaderno de MadyGraf. Hace algunos meses imprimieron 20 mil y los donaron a escuelas públicas de la zona, donde muchos pibes no pueden comprarlos. Fue un enorme acto de solidaridad de clase, pero además un claro mensaje político.

“Desde que ocupamos la fábrica planteamos la estatización bajo administración obrera, para poder producir en óptimas condiciones, que el Estado financie el mantenimiento, los insumos, repuestos y compra de nuevas máquinas y eso devolverlo con trabajo para las escuelas, los ministerios, poner la imprenta al servicio de la comunidad. Así podríamos generar además muchos puestos de trabajo, hoy la fábrica solo está usando una parte de su capacidad”.

Mientras terminamos de salir, vemos grupos reunidos. Algunos comienzan a preparar un trabajo. Otros discuten la coordinación con Zanon y otras fábricas sin patrón para rechazar el tarifazos y reclamar asistencia del Estado. Otros preparan el festival que realizarán el 20 de agosto por los 2 años de gestión obrera y el reclamo de expropiación que depende de la Legislatura Bonaerense. Nadie dice que en MadyGraf no hay problemas, pero es una fábrica viva, que no solo crea publicaciones sino también hombres y mujeres que militan en defensa de la gestión obrera. Y de sus ideales.

Lenin decía que los comunistas peleamos por un sistema social en el que “no habrá posibilidad de someter directa o indirectamente la prensa al poder del dinero. No habrá obstáculo para que cada trabajador (o grupo de trabajadores) posea y ejerza el derecho igual de utilizar las imprentas y el papel que pertenecerán a la sociedad”.

Por ese mundo peleamos los que hacemos La Izquierda Diario. Nunca está de más recordarlo. MadyGraf, con sus luces y también sus duras peleas cotidianas por sostenerse, es un “pequeño” escalón en ese camino. Es un orgullo que nuestro periódico esté en esas manos.