Una de las preocupaciones de Libération de esta semana es el reclutamiento de jóvenes franceses por parte del Estado Islámico. El último video de la ejecución de un rehén norteamericano muestra, entre los “verdugos” a al menos un francés. Y según este diario, la propaganda del Estado Islámico “muestra la cara descubierta de los verdugos occidentales, una forma de mostrarle a su enemigo que sabe seducir a su juventud”.
Martín Noda París
Domingo 23 de noviembre de 2014 11:11
La preocupación reside, sobre todo, en el hecho de que este joven, entre otros, se convirtieron al islam, provenientes de familias católicas. No son tampoco jóvenes de familias pobres, sino que provienen más bien de las clases medias. Por lo tanto la represión y todas las medidas de control social no serían suficientes. La salida sería que “las sociedades europeas [aprendan] a defender sus valores y sus principios”. Se ve entonces que este diario ideológicamente progresista no logra entender, al igual que los políticos y analistas, que en realidad esta sociedad tiene poco que dar a su juventud. Que no son solamente los pobres y los inmigrantes los que no ven un futuro decente. Estos jóvenes empezaron por ir a pelear en la guerra civil siria, viendo en las revueltas contra el régimen de Al-Assad una salida a su desesperación. Ante la falta de una dirección revolucionaria, se dejaron guiar por una dirección reaccionaria como la del Estado Islámico. La cuestión no reside entonces en defender los “valores” burgueses y republicanos frente a la barbarie islamista, sino, precisamente, en ponerlos en tela de juicio, de mostrar a qué intereses son funcionales, y darle otra salida, radical, revolucionaria, por el socialismo.
El centro de su edición del sábado es la caída precio del petróleo. Para la editorialista, a contra pie del sentido común, esto “no es una buena noticia”. Porque es un síntoma de la crisis económica, porque no significa un menor consumo de petróleo, pero sobre todo porque no habría incentivos para buscar alternativas al mismo. Es decir que no pone en cuestión la lógica del mercado para solucionar los problemas ecológicos. Sin embargo en dos puntos tiene razón. El primero es que esta caída tiene efectos geopolíticos: Perjudica a Rusia y a Venezuela y le permite que “Arabia Saudita debilite a su enemigo, Irán”. El segundo, y que debería ser una de las principales preocupaciones, es que esta caída no significa que las naftas bajen de precio. Pero para Libération la culpa no es de la petroleras, que aumentan la nafta cuando sube el petróleo, pero no bajan cuando esto cambia. La culpa es del estado que ha puesto muchos impuestos a los combustibles. ¿Libération estará por acercarse a la lógica de Le Figaro, en las demandas de reducción impositiva?
El viernes Le Figaro se preocupa del “doble impasse” de Hollande. A la cuestión económica, se le suma el impasse político. Por un lado siguen criticando al gobierno por la debilidad de sus reformas. No logran convencer a los inversores, no logran reducir el gasto público o bajar los impuestos. Y haciendo pose de gran previsión, augura que el gobierno perderá las elecciones regionales del año que viene. Y esto no es ninguna novedad, siendo el gobierno más impopular en varias décadas. Pero ante la casi segura derrota electoral la cuestión es si Hollande tendrá una respuesta que dar. Si no, Le Figaro le pide al presidente que “le pregunte a los franceses”
El sábado cambian un poco el discurso, porque aunque no tienen inconvenientes en debilitar al gobierno, tienen miedo de debilitar a la institución presidencial. Porque una cuestión que resonó los últimos días fue la posibilidad de que François Hollande, antes de la elecciones presidenciales, se presente a una interna abierta del PS. Y los resultados de las encuestas son devastadores. Más del 70% de los simpatizantes del PS no quieren que Hollande sea nuevamente candidato a presidente.
Los que ganarían una interna serían el primer ministro Valls (un poco más a la derecha), o Martine Aubry (un poco más a la izquierda). Pero la perspectiva de que el presidente, entre “una cumbre europea y una cumbre del G20, deba batirse en duelo frente a las cámaras de televisión” con los otros posibles candidatos, aterra al editorialista. Esto “terminaría de arruinar la imagen del presidente de la república, quien, en los deseos del general de Gaulle, debía ocuparse de lo esencial, más allá de los partidos y de las contingencias”. Entonces, ¿Le tiene que preguntar a los franceses?, ¿debe estar por encima de los partidos y de la “coyuntura”? Tal vez, usando un poco de imaginación, una respuesta que Le Figaro podría dar a esta contradicción sería : “pregúntele a los franceses, pero no en las elecciones, simplemente escuche lo que nosotros, editorialistas, decimos”.