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DÍA MUNDIAL CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO. La Pandemia pone en evidencia la urgencia de luchar contra la crisis climática

A pesar de la reducción de actividades industriales debido a la pandemia del Covid-19, este año podría superar los récords en cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero, al mismo tiempo que se hace visible la urgencia de luchar contra la crisis climática que podría detonar la aparición de nuevas enfermedades.

Axomalli Villanueva

Axomalli Villanueva @1quiahuitl

Sábado 24 de octubre de 2020

Diversos organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) ponían de manifiesto “alarmantes señales físicas” del cambio climático: niveles récord de aumento de las olas de calor, incremento del nivel del mar y descongelamiento de los mantos de hielo, entre otras. Todas ellas, con “consecuencias devastadoras en la salud y en la biodiversidad”.

Las multitudinarias marchas contra la crisis ambiental del 2019 pusieron en evidencia la preocupación de las generaciones más jóvenes por encontrar una salida a la actual crisis ambiental y a los efectos del cambio climático.

Cada año se conmemora el 24 de octubre como el Día Mundial de la Lucha Contra el Cambio Climático este año llega marcado por la pandemia del Sars-CoV-2 y pone en evidencia la urgencia de luchar para salir de la crisis climática.

Los últimos datos Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC en sus siglas en inglés) no han dejado lugar a más dudas,los próximos 10 años son claves para frenar los efectos del cambio climático para que no se llegue a un punto irreversible.

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La pandemia de coronavirus no solamente no ha frenado la lucha contra este fenómeno sino que ha hecho evidente la necesidad de apremiar los procesos de mitigación, debido a las pruebas evidentes de que la acción industrial, la contaminación y la zoonosis están todas relacionadas con el calentamiento global, la pérdida de biodiversidad y el contagio de enfermedades.

Además de la pandemia, este año ha batido récords en temperaturas globales, alcanzado zonas polares y acelerando el deshielo de reservorios clave, como el Ártico y Siberia, que sufrió una de las peores oleadas de incendiosde la historia. Al mismo tiempo que Estados Unidos, Australia y la Amazonia, misma que incluso superó las pérdidas de los grandes incendios del 2019.

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De la misma forma, la temporada de huracanes de este 2020 ha sido una de las más intensas en la historia reciente –que si bien, depende de muchos factores, el aumento de temperaturas marinas incrementa la intensidad de los eventos ciclónicos-, sumando a las grandes inundaciones que han golpeado a los países más pobres del mundo, como Indonesia y Bangladesh.

La pandemia no frenó la crisis climática

Cuando los confinamientos fueron generalizados a principios de la pandemia, El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente declaró que las emisiones de efecto invernadero (GEI) habían disminuido, y que la calidad del aire aumentó.
Esto significó, que para el punto máximo de la cuarentena, los más grandes productores de emisiones de CO2, como China dejaron de emitir la misma cantidad de lo que países como México produce en todo un año, lo mismo ha sucedido con grandes potencias emisoras, como la Unión Europea y Estados Unidos.

Las imágenes de la mejoría de la calidad del aire y la “repoblación” de especies nativas en las áreas urbanas circularon durante semanas en las redes sociales. Tristemente, estos escenarios esperanzadores para la recuperación ecológica fueron temporales, pues apenas terminaron los confinamientos, las potencias líderes en emisiones aceleraron su producción industrial, dando paso a un mayor nivel de emisiones de carbono.

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Gobiernos y empresas a nivel mundial han justificado este aceleramiento con la excusa de “rescatar” las economías, sin embargo significa un retroceso en la lucha contra los efectos de la crisis climática. Además de esto, la pandemia también dio como resultado un aumento en la cantidad de desechos médicos y peligrosos generados.

Según un informe de la ONU publicado a principios de septiembre, advierte que la acumulación de gases de efecto invernadero alcanza nuevo récord, según el reporte de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) del 2016 al 2020 ha sido el quinquenio más cálido jamás registrado. Así vemos como el cambio climático avanza de manera implacable aún con los efectos de la pandemia.

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Para comienzos del mes de junio, a medida que fábricas y oficinas abrían a nivel internacional, por la baja de las restricciones que a principio de año habría provocado la pandemia del coronavirus, las emisiones volvieron a subir hasta cerca de un 5% en comparación con los niveles del año 2019.

Según el informe, se espera que la temperatura media mundial del período 2016-2020 sea la más cálida de la que se tiene constancia, aproximadamente 1,1 grados centígrados por encima de la media de 1850-1900, el período que se toma como referencia para evaluar el cambio que la temperatura ha experimentado desde la era preindustrial a la fecha y 0,24 grados más cálida que la temperatura media mundial del período 2011-2015, la cual fue el alza anteriormente registrada.

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Lejos de ver a la pandemia como un respiro al medio ambiente, esto es una llamada de atención sobre un peligro que pocos gobiernos han tomado en cuenta: el nexo entre las enfermedades emergentes y la degradación ambiental. En los últimos 50 años estas enfermedades se han cuadruplicado debido a la fragmentación del hábitat, el uso de la tierra y el cambio climático.

La contaminación ambiental, la pérdida de áreas naturales por la tala, la minería, la agricultura y la urbanización, acercan a las personas a las especies animales. Sin olvidar los mercados informales como fue el caso del Covid-19. Es muy probable que surjan enfermedades debido a la mayor proximidad entre las personas, la vida silvestre, el ganado y las mascotas. El cambio climático también ha acelerado los patrones de transmisión de enfermedades infecciosas como la malaria.

El capitalismo no puede resolver la crisis climática

Según un estudio de la ONG Oxfam y el Instituto del Medio Ambiente de Estocolmo (SEI) que examina los responsables de las emisiones de CO2, el principal gas responsable del calentamiento climático, el 10% más rico de la población mundial, unos 630 millones de personas, son responsables de más de la mitad de las emisiones de CO2. El estudio analizó la emisión de este gas entre 1990 y 2015 que ha aumentado en un 60%.

Según el estudio, la humanidad ha consumido la misma cantidad de carbono hace 25 años que en los últimos 140 años. De los 750 Gt o 750 mil millones de toneladas de carbono consumidas en los últimos años, el 10% más rico de la humanidad es responsable de la mitad.

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La organización alertó que: “Si las emisiones repuntan de nuevo a medida que las restricciones impuestas por la pandemia de COVID-19 se relajan, en 2030 el presupuesto global de carbono vinculado a la meta de los 1,5 C se habrá agotado”.

El avance de la devastación ambiental ocasionada por el capitalismo ha llegado al nivel de que la actividad industrial ha llegado a afectar el equilibrio biológico del planeta, en especial con el incremento de niveles de CO2 a nivel mundial que ocasiona el cambio climático. Si algo caracteriza al capitalismo como sistema económico es la conversión de todo en una mercancía con la cual obtener ganancia.

Según la WWF, con el modelo de producción capitalista se necesitaría los recursos de 1,6 planetas Tierra para satisfacer la demanda de los humanos cada año. Si continuamos en este camino, además de enfrentar las consecuencias del cambio climático, se sumarían la pérdida de biodiversidad tendrá graves consecuencias para la humanidad, incluido el colapso de los sistemas alimentarios y de salud.

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Solo un cambio profundo y sistémico haría posible una restauración efectiva de los ecosistemas terrestres, pero tiene que venir de la mano de una economía más sostenible, que funcione tanto para las personas como para el planeta.

Así como la pandemia ha expuesto en forma contundente que quienes son verdaderamente esenciales son los y las trabajadoras, mientras que las clases capitalistas buscan proteger sus ganancias a costa de nuestras vidas y nuestro planeta.

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