Ser maestra de nuevo ingreso no es fácil bajo los terribles efectos de la Reforma Educativa en nuestras escuelas. Por eso estoy convencida de que la única alternativa que tenemos es estar organizadas.
Martes 3 de abril de 2018
Con la aprobación de la Reforma Educativa los docentes de nuevo ingreso nos sentimos indefensos ante nuestra situación laboral (no tenemos base). Y nuestro sindicato no lucha por nuestros derechos, ni pelea contra las terribles condiciones de trabajo que el gobierno en complicidad con la SEP nos impone.
Sabemos de antemano que el gobierno federal se está respaldando en el Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (INEE), para despedir sin ninguna responsabilidad laboral a quienes no aprueban y a quienes no presentan las evaluaciones que se nos obliga a realizar en distintos momentos en que estamos en servicio (la de diagnóstico al primer año, a los dos años la de permanencia que hay que hacer después cada 4 años por lo menos).
Esto mientras las autoridades educativas buscan mantenernos calladas, sin tiempo para pensar ni cuestionar que esto no está bien, a través de mucha carga de trabajo.
Es terrible que se naturalice en las escuelas que se nos sature de actividades, sin tomar en cuenta que además de cubrir nuestras horas lectivas y responsabilidades administrativas -las cuales ya implican horas extras de trabajo- debemos tomar cursos ya sea virtuales o presenciales en el supuesto de mejorar nuestra práctica y aprendernos las líneas de acción del nuevo modelo educativo que entrará en vigor el próximo ciclo escolar, tenemos que realizar todo esto en horas de descanso.
Rompamos el silencio: ¿Te suenan familiares estás condiciones de trabajo?
Y aún hay más, muchas maestras y maestros por temor a obtener un resultado “no idóneo”, nos vemos en la necesidad de asistir a centros de formación orientados a aprobar dichas evaluaciones; estos centros son ajenos a la Secretaría de Educación Pública (SEP) y al INEE, y justamente se aprovechan de que las instituciones gubernamentales no nos instruyen para aprobar su propia evaluación, para cobrar precios exorbitantes a quienes recibimos un salario precarizado que apenas nos alcanza para cubrir nuestras necesidades básicas; contemplando además que estamos invirtiendo lo más valioso que tenemos “nuestro tiempo”, que bien pudiera ser aprovechado para realizar otras actividades.
Obligarnos a trabajar más tiempo parece ser un punto central de la Reforma, cada vez recortan más el tiempo de vacaciones y nos aumentan trabajo administrativo; nos siguen quitando más escuelas de turno vespertino para hacerlas de jornada ampliada y de tiempo completo, con riesgo de quitarle a los alumnos la posibilidad de seguir estudiando porque hay quienes deben apoyar con el trabajo en sus hogares para ayudar a mantener a sus familias y hay padres que por horario laboral solo pueden mandar a sus hijos en la tarde a la escuela.
El cierre de turnos da paso a la saturación de salones, hacinando a maestros y alumnos en pequeños espacios que ponen en riesgo su seguridad como lo demostraron los recientes sismos, y que es antipedagógico de acuerdo con la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que sugiere que los grupos sean de máximo 15 alumnos.
A los maestros nos imponen más carga administrativa, muchas maestras son madres solteras y el salario que reciben no les permite pagar una guardería o a una persona que cuide a sus hijos y es injusto que ellas mismas no puedan estar al tanto del crecimiento de sus hijos por exceso de trabajo, puesto que este no termina al salir de la escuela continua en el hogar y ni siquiera es remunerado.
Y por si fuera poco después del sismo nos obligaron a asistir a juntas de consejo técnico los sábados sin ningún beneficio económico y violando nuestro derecho al descanso. Además de que nos ponen en una situación de riesgo pues si sufrimos un accidente, no es considerado como “accidente de trabajo” porque no estábamos dentro de nuestra jornada laboral establecida en el contrato.
Nos quieren con miedo pero organizadas podemos ser una fuerza avasalladora
Esta reforma es un golpe a los derechos del magisterio, se limita a desechar de las aulas a quienes a su parecer no cumplen con las cinco dimensiones que garantizan que contamos con los conocimientos y habilidades suficientes que potencialicen el aprendizaje de los alumnos, mismas que no solo son establecidas por especialistas en educación que no contemplan el contexto de cada escuela ni se plantean las implicaciones sociales que la autonomía de gestión conlleva, también vienen mandatadas desde la OCDE, que tiene intereses para el crecimiento empresarial y no para el crecimiento educativo de los alumnos.
Además, el "parecer" de las autoridades que evalúan el desempeño de los maestros dentro de la escuela nos pone en riesgo de ser evaluados negativamente a quienes estamos abiertamente en contra de la reforma.
Por lo tanto es inminente crear una gran fuerza, donde los docentes acompañados por los padres de familia y otros sectores de la población, luchemos codo a codo para abrogar las reformas estructurales que nos ponen en peores condiciones de vida.
Pero principalmente compañeras y compañeros maestros, me parece que hay que comprender la enorme necesidad de no enfrentar los efectos de la Reforma Educativa de forma individual, pues es una cuestión que nos vulnera, genera impotencia, intimida y obliga a adaptarnos para no perder el trabajo.
Por eso decidí organizarme con los y las maestras de Nuestra Clase porque a través del diálogo con nuestros colegas y la denuncia de lo que vivimos en nuestros centros de trabajo (ya sea por las presiones de nuestros superiores o las exigencias de la reforma), tenemos la oportunidad de construir colectivamente mejores condiciones a la par de hacernos escuchar, ya sea mediante este diario digital, brigadas y movilizaciones que nos acercan a otros compañeros docentes a quienes invitamos a que se vayan sumando a esta causa.