El presidente de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, sostuvo ayer que el salario industrial no tiene atrasos, argumentó posibles problemas con la inflación y señaló el problema de la “falta de competitividad”.
Sábado 9 de mayo de 2015
El clima de paritarias va escalando temperatura y nuevamente salen al cruce los principales representantes de los sectores empresariales en defensa de los techos a los incrementos de salarios. El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) Héctor Méndez sostuvo ayer en declaraciones radiales que “no hay deudas. Nuestros salarios siembre han ido por delante. El sector industrial no tiene atrasos y advirtió que “no sabe lo que va a pasar con la inflación” este año.
Uno de los argumentos históricos del sector empresarial para negociar hacia la baja los incrementos salariales es el posible impacto en el nivel general de precios, es decir, la inflación. Este comodín no fue escatimado por el titular de la UIA quien afirmó que “no sabemos lo que va a pasar con la inflación. Siempre ha habido acuerdos posteriores, pero si uno lo hace a priori, lo que genera es más inflación”. Además, calificó que esta situación “es algo que nos preocupa”, “es lo que más daño le hace a los trabajadores”. Por el contrario, el titular del sindicato de la Unión Obrera Metalúrgica, el oficialista Antonio Caló, había asegurado que los sueldos del sector “son muy bajos”.
Méndez también se centró en el problema de la “pérdida de competitividad” internacional, otro argumento infaltable desde el punto de vista de las ganancias empresarias en la discusión paritaria. “Los salarios de Brasil y los de México son mucho más bajos que los nuestros. ¿Qué consiguieron ellos? Vender dos millones de autos”, afirmó categóricamente.
Por último, respecto de la reciente modificación en el impuesto a las ganancias el titular de la UIA desentendió que tenga relación con la negociación paritaria, “es un tema entre el Estado, que es el que chupa los fondos, y los trabajadores”. Sin embargo, el anuncio del Gobierno sobre esta reducción del impuesto para salarios comprendidos entre $15.000 y $20.000 en momentos importantes para la discusión salarial tuvo un claro objetivo limitante a las mejoras nominales de salario que pudieran obtener en paritarias los trabajadores.