La Unión Europea acordó este viernes con Turquía un pacto para devolver a todos los refugiados que crucen ilegalmente las fronteras. Aunque intenten “maquillarlo”, es un acuerdo siniestro.

Josefina L. Martínez @josefinamar14
Sábado 19 de marzo de 2016
Un refugiado sostiene un cartel con un mensaje en un campamento improvisado en la frontera entre Grecia y Macedonia, cerca de la villa griega de Idomeni. Foto: REUTERS/Alkis Konstantinidis
El viernes 18 de marzo la UE firmó con el gobierno de Turquía un pacto migratorio para devolver a todos los refugiados que crucen ilegalmente y blindar las fronteras europeas. Un pacto xenófobo y racista para cerrar las puertas de Europa a cientos de miles de refugiados. Estos son los puntos centrales:
Devolver a “todos” los refugiados que crucen ilegalmente
Debido las fuertes críticas que había generado la primera propuesta, la UE introdujo cambios cosméticos para justificar que el pacto no implica “devoluciones masivas”. Este punto viola la legislación internacional sobre derecho al asilo que establece que cada caso debe ser considerado individualmente. Tan brutal había quedado expresado que hasta el derechista gobierno del PP de Mariano Rajoy salió a decir que era “inaceptable”.
"Hemos insistido en que debe haber evaluaciones individuales de cada persona que llegue a las islas griegas", aseguraba Ángela Merkel este viernes.
Sin embargo, la promesa de considerar los derechos individuales de los refugiados es negada por lo que constituye el núcleo central del acuerdo: que “todos” los refugiados que crucen ilegalmente desde Turquía hacia Grecia serán devueltos a ese país. En este marco, la evaluación de las peticiones individuales que comenzará en Grecia desde la semana próxima (en ese país hay actualmente 50.000 refugiados sin poder seguir viaje) no será más que un trámite, pura formalidad para terminar despachando a los refugiados masivamente hacia Turquía.
Aceptar solo 72.000 refugiados sirios en los próximos dos años (entraron un millón en 2015)
El acuerdo se completa con el intercambio “1 por 1” de refugiados. Se supone que por cada persona “devuelta” a Turquía, la UE recibirá a un refugiado sirio (no de otras nacionalidades), distribuido “voluntariamente” entre los estados. Pero aquí hay varias trampas.
La primera: según declaraciones de Merkel, la UE aceptará un máximo de 72.000 refugiados en dos años. Un número insignificante, teniendo en cuenta que en 2015 el número de los que llegaron ilegalmente a Europa multiplicó por 10 esa cifra, casi un millón. Ahora esta ruta quedará bloqueada.
La segunda: el plan “voluntario” de distribución de refugiados ha sido hasta ahora un verdadero fiasco. De un total de 160.000 personas que se había comprometido a recibir, la UE solo dio acogida a 1.000, un 0,6% del total. En el caso español, esto significó solamente 18 personas.
Tercero: la prioridad en el “intercambio” la van a tener los refugiados que no hayan intentado cruzar ilegalmente las fronteras, por lo cual los que sean “devueltos” a Turquía se quedarán en Turquía.
Finalmente, el acuerdo deja fuera a todas las personas que pidan refugio cuyo origen sean países como Afganistán, Pakistán, Irak, u otros, que serán condenados a quedarse en Turquía en pésimas condiciones o volver a sus países.
Reforzar el control militar en las fronteras y acelerar las deportaciones
El acuerdo busca cortar la llegada de refugiados a Europa de forma terminante. Y por eso incluye un compromiso de Turquía de controlar más férreamente sus fronteras, para impedir que los refugiados lleguen a Grecia.
Se reforzarán los mecanismos de control en el Mediterráneo y el Egeo, para evitar que el cierre de la vía turca reconduzca el flujo de refugiados hacia la ruta italiana. En las últimas semanas la OTAN ya comenzó a realizar operaciones de control en el mar con el argumento de luchar contra las mafias de traficantes de personas.
Desde que entre en vigor el acuerdo este domingo, todos los países de la UE van a sancionar más duramente a los inmigrantes ilegales, aumentando las detenciones y acelerando las deportaciones, como ya establece la legislación de Asilo II aprobada en Alemania y las medidas xenófobas de Dinamarca, Reino Unido, Austria, Hungría y los países balcánicos.
Grandes concesiones al régimen represor de Turquía
Turquía es un actor clave para poner freno a la ola de refugiados y ha negociado sabiendo aprovechar esta situación. El acuerdo concede a Turquía ventajas en los viajes sin visado hacia la UE y la promesa de reabrir las negociaciones sobre su adhesión a la Unión (algo improbable pero que con solo anunciarse permite a Ankara mejorar su posición como actor regional).
Considerar a Turquía como “tercer estado seguro” para justificar legalmente la devolución de refugiados, implica pasar por alto todas las denuncias hacia el régimen de Erdogan por su ofensiva represiva y militarista contra el pueblo kurdo y la oposición política, donde el ejército ha asesinado a cientos de activistas.
Esto se corona con 6.000 millones de euros que se entregan a Turquía, un “intercambio mercantil” a costa de la vida de los refugiados. Bruselas “aprieta” para ajustar las cuentas de Grecia, España y Portugal, recortando presupuesto de salud, educación y pensiones, pero destina ese dinero a “recompensar” a Turquía por los servicios prestados en la persecución de los inmigrantes.
Fortalecer las tendencias xenófobas y racistas en la UE
El acuerdo de la UE con Turquía es un pacto xenófobo y racista que muestra el cinismo de los gobiernos europeos cuando hablan de defender “valores humanitarios”. Un pacto siniestro que entrega al asesino Erdogan la custodia de las fronteras europeas, toda una metáfora de la Europa del capital.
Angela Merkel es la que más ha operado por este acuerdo con Turquía, presionada por el avance de la extrema derecha en las últimas elecciones en Alemania y las críticas dentro de su propio partido. Con este acuerdo los gobiernos europeos pretender terminar con la crisis migratoria y aliviar la presión de los movimientos de extrema derecha en Europa, tomando en gran parte de su programa.

Josefina L. Martínez
Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.