A mitad de agosto se hizo pública la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del grupo parlamentario del Partido Popular en el Congreso y el nombramiento de José-Luis Martínez Almeida como portavoz nacional del PP. ¿Un giro a la moderación o disputas internas?

Roberto Bordón @RobertoBordon13
Martes 1ro de septiembre de 2020
Los partidos políticos del régimen del 78 afrontan la crisis del Covid-19 desde distintas posiciones, pero con una misma perspectiva, prepararse para el escenario postpandemia (o la segunda ola de la misma) con una crisis económica y social en camino. En la actualidad, en la derecha existe una pelea por posicionarse como cabeza de la oposición parlamentaria al Gobierno de coalición del PSOE-Podemos; por un lado, el Partido Popular y Vox combaten por erigirse estandartes de la lucha, mientras Ciudadanos trata de recuperar el llamado centro político alcanzando acuerdos con el PSOE. Esto no les impide gobernar todos juntos a distintos niveles autonómicos y municipales en caso de que su bloque sume, por lo que es visible que no existen diferencias irremediables entre una derecha que hasta hace pocos años se agrupaba y organizaba conjuntamente en el seno del Partido Popular.
Tras la moción de censura al expresidente Mariano Rajoy, se abrió un proceso de primarias en el Partido Popular que mostró una lucha entre facciones que peleaban por hacer un balance de la pérdida del poder ejecutivo y sobre cómo afrontar diversas crisis que afrontaba el régimen del 78, entre ellas la cuestión catalana. Se formaron bloques de radicales y moderados, con una victoria de los primeros dirigidos por Pablo Casado, actual presidente del partido y candidato a la presidencia. Esta victoria se leyó en su momento como una respuesta de la formación política al surgimiento de Vox como organización de la extrema derecha en el ámbito parlamentario. Casado en ese momento habría fichado a diversos perfiles a fin de asegurarse una imagen de dureza y firmeza que le permitiese retener a los sectores más explícitamente reaccionarios dentro de su formación y evitar una sangría por derecha en términos de votos y cuadros políticos. La designación de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del grupo parlamentario del PP en el Congreso, parecía responder a esta necesidad estratégica de Casado, que busca reconstruir el bloque de derecha del país para cerrar la crisis sufrida por su partido. La parlamentaria desde el primer momento no tuvo problemas en competir con Vox en declaraciones y afirmaciones reaccionarias, actuando en teoría como “verso libre” de la formación, se daban guiños al electorado más neofranquista, a la vez que se jugaba con la baza de otros dirigentes con un perfil más “moderado”. Esto ha llevado a diferentes choques entre Álvarez de Toledo y la dirección del partido que buscaba controlar las acciones de su parlamentaria, ante su negativa a supeditarse a las variaciones de la estrategia de su partido. Finalmente, tras el fracaso de las elecciones vascas y el éxito de las gallegas, el llamado sector moderado habría ganado el debate interno en el PP y tocaría remodelar la dirección de forma acorde a la actual facción dominante.
Por tanto, la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo y el nombramiento de Cuca Gamarra respondería a este giro “moderado”. Esto ha sido respondido por la parlamentaria cesada con unas duras declaraciones que revelan una pelea interna en la dirección del partido y una serie de debates que la derecha mantiene sobre qué ejes deben conformar su salida a la crisis de régimen: el constitucionalismo; la desaparición de las clases medias en la próxima crisis; los grandes pactos con el PSOE y la batalla cultural. Esto se sumaría a una primera crítica en la que la diputada habría hecho un análisis crítico sobre el centralismo burocrático de los partidos políticos y una reivindicación de la “libertad de expresión” en su seno. Sin embargo, lo interesante son los otros ataques que ha lanzado a la dirección del PP.
Constitucionalismo y la batalla cultural: cómo presionar al PSOE
Por un lado, el tema del constitucionalismo, para la exportavoz la hipótesis ganadora para regenerar el régimen no pasa por polarizar la situación y competir con Vox sino por formar un gran pacto con el PSOE, al estilo alemán para reconstruir un bipartidismo estable y de centro. Para esto, Álvarez de Toledo ha recuperado el discurso de la Transición donde reformistas de izquierdas y de derecha habrían rechazado a las fuerzas de ruptura con el régimen franquista, por un lado; y por el otro al ala más reaccionaria del régimen que se negaba a la reforma y habrían dirigido una reforma democrática, para pasar de la dictadura franquista a la democracia burguesa (sin dejar nunca de ser en esencia, la dictadura burguesa). La por ahora diputada del PP, señala que en la actualidad el PSOE se habría aliado con los perdedores de ese proceso, los herederos de esas fuerzas rupturistas para transformar el régimen del 78 pero no lo ve como un acto irreparable; sino que ve posible presionar a las bases del social-liberalismo español (la socialdemocracia según ella) para volver a la senda constitucionalista. En esencia y paradójicamente por cómo mediáticamente se reparten los papeles las distintas figuras públicas de los grandes partidos, Álvarez de Toledo apostaría por una alianza con la otra mitad del clásico bipartidismo antes que por pelear la hegemonía del campo de la derecha a través de la polarización. Esta apuesta no sería aceptada por Pablo Casado y el hecho de que la diputada haya insistido públicamente en ella, habría sido otro motivo más para su cese. Resulta relevante que la exportavoz insista en la posibilidad de forzar un giro del PSOE porque apela como ha hecho también Vox en las últimas semanas con su moción de censura, de que determinados sectores de la derecha española ven posibles alianzas tácticas con partes del viejo aparato del partido de Pedro Sánchez. La sombra de Felipe González amenazaría la estabilidad del gobierno de coalición.
El cómo lograr ese cambio radical de estrategia (o no tanto si tenemos en cuenta que el PSOE plantea abiertamente pactar con Ciudadanos los Presupuestos Generales el próximo otoño), se enlaza con el otro eje de la estrategia de Álvarez de Toledo y rechazado por Pablo Casado. La llamada batalla cultural sería otro de los motivos más importantes del cese de la exportavoz en el congreso; la dirigente del PP ha mencionado su lucha contra el “feminismo radical-víctimista”, contraponiendo un feminismo neoliberal; su defensa de los valores de la Ilustración (¡sic!) hablando de “libertad e igualdad” frente los nacionalismos periféricos y una mención a la necesidad de construir una “cultura ciudadana”. Esto no es baladí, sino que muestra puntos del ideario de la derecha en estos momentos de crisis y que se contrapone curiosamente a los de una extrema derecha negacionista. Álvarez de Toledo afirma abiertamente querer disputar a la izquierda los valores de la Ilustración con el objetivo de atraer hacia el PP a sectores progresistas que se encontrarían desencantados con la izquierda actual; para ella los nacionalismos periféricos (no el español por supuesto) representan una cuestión reaccionaria y contraria a estos valores. Entendemos pues que habla de cómo pretenden reconstruir desde la derecha, la identidad española tras la crisis abierta del régimen y la necesidad de reconstruir ciertos consensos políticos y culturales.
La batalla cultural de Álvarez de Toledo se orienta de la misma forma que se ha orientado la extrema derecha en la última década, la idea de posicionar a los suyos como los que traen un “progreso” a la sociedad. La exportavoz reviste su estrategia reaccionaria bajo los mantos de la Ilustración, porque busca enlazar su salida a la crisis de régimen con la visión positiva que se tiene de un periodo dónde se peleó por la emancipación de la humanidad. De esta forma buscaría apelar a los sectores desencantados del PSOE que podrían pensar en un acuerdo temporal con el PP para pasar por un momento tan difícil como es la crisis del Covid-19 y el escenario post pandemia sin la debilidad de la aritmética parlamentaria actual y con la capacidad de cerrar mejor la crisis de régimen en sus diferentes facetas (monarquía, cuestión catalana, debilidad de las clases medias).
La falsa dicotomía entre radicales y moderados
En lo que podemos dar la razón a Álvarez de Toledo en sus declaraciones es que no existen verdaderas diferencias de calado entre los sectores de su partido; más bien diferentes formas de presentarse al electorado que juegan con una imagen más moderada para terminar aplicando el mismo tipo de políticas. Al fin del al cabo, el “moderado” Juamna Moreno gobierna en Andalucía con Vox y el “moderado” Nuñez Feijoo mantiene el control del gobierno en Galicia con mano de hierro y aplicando políticas similares a las que se puedan dar en otros territorios.
Baste decir que Moreno en Andalucía ha nombrado esta semana a Joaquín Fernández-Crehuet Navajas para el comité de asesor contra el Covid; Navajas es un médico del OPUS que hacía campaña en contra del aborto y la eutanasia llegando a obligar a sus alumnos en la Facultad de Medicina de Málaga a expresar que el aborto estaba mal si querían aprobar su asignatura. Igual que puso a Trinidad Lechuga Varona, alto cargo del obispado de Córdoba a dirigir la Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva de Andalucía; un Obispado que iguala el aborto al “asesinato de inocentes”. El ala moderada y moderna del PP huele a alcanfor y anís de mono.
Por tanto, mas que un giro ideológico parece más una cuestión de táctica electoral de un partido que busca recuperar la hegemonía de la que disfrutaba con la dirección del anterior expresidente Mariano Rajoy, cuya falta de agresividad parece venirle mejor a su organización en estos momentos.

Roberto Bordón
Andalucía