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Red Internacional
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24 DE MARZO - DICTADURA Y GENOCIDIO DE CLASE. “La cambiante memoria de la dictadura” una reflexión (a medias) sobre historia y memoria

Al cumplirse un nuevo aniversario del golpe de Estado cívico militar, reseñamos aquí el libro de Daniel Lvovich y Jaquelina Bisquert. Si la construcción de la memoria es un acto que responde a razones políticas, veremos en que medida aparece (o no) el pacto de impunidad con los militares de parte de los gobiernos radicales y peronistas.

Daniel Lencina

Daniel Lencina @dani.lenci

Sábado 23 de marzo de 2019 17:19

En el libro“La cambiante memoria de la dictadura” de Daniel Lvovich y Jaquelina Bisquert fue publicado por la Biblioteca Nacional y la Universidad Nacional de General Sarmiento. Si bien es parte de una colección más amplia, que reflexiona sobre los primeros 25 años del retorno a la democracia, es pertinente reseñarlo ya que se sigue usando en dicha universidad, en la carrera de Historia. Por lo que al tratarse de una reflexión que pretende establecer una relación entre historia y memoria, vale la pena comentarlo.

Los autores parten de establecer de qué se trata cada disciplina, al definir cada una de ellas, marcan también las diferencias. Veamos: “las operaciones de la memoria tienen dimensiones que trascienden el recuerdo de lo vivido por cada individuo. En general, cada grupo –político, étnico, nacional– aspira a mantener viva su relación afectiva con aspectos especialmente significativos de su pasado. Este tipo de relación es la que permite el establecimiento de relatos sobre un pasado común, que constituyen el sustrato de la identidad de los grupos. Estos relatos se transmiten y refuerzan a través de distintas prácticas de rememoración y conmemoración, permitiendo establecer lo que se suele denominar una memoria colectiva” (Lvovich y Bisquert, 2008: 8).

Y agregan que: “se ha comenzado a desarrollar un campo de estudios llamado historia de la memoria, esto es, un análisis de la evolución de las formas y los usos del pasado desarrollado por grupos significativos sobre un período dado, en general vinculado al procesamiento de experiencias fuertemente traumáticas” (Lvovich y Bisquert, 2008: 10).

Esta introducción prepara al lector para pensar que las diferentes memorias coexistieron y se enfrentaron, en un “campo de batalla” como es el espacio público, con el objetivo político de convertirlas en memorias predominantes o hegemónicas.

El objetivo del libro esta concentrado “en las transformaciones de los discursos y prácticas estatales vinculadas con el pasado dictatorial y sus consecuencias, y en los avatares del movimiento por los derechos humanos, cuyos esfuerzos se focalizaron en la necesidad de vincular la memoria de aquel pasado con la demanda de justicia” (Lvovich y Bisquert, 2008: 12).

A partir de aquí, el libro tiene el interesante recorrido cronológico que va desde el discurso sostenido por la dictadura instaurada en 1976, pasando por la transición democrática posterior a la guerra de Malvinas, el retorno a la democracia con Raúl Alfonsín, Carlos Saúl Menem, Fernando De la Rúa y Néstor Kirchner.

En el primer aparatado, se plantea de qué manera la dictadura construyó su relato sobre la “guerra sucia” contra la “subversión”, no solo contra militantes de izquierda, sino contra las personas que –según los militares- corrompían los valores de la moral cristiana y occidental. Es intersante el sñamiento que hacen sobre el surgimiento de organismos de DDHH como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que en plena dictadura, y más aún en el mundial de futbol de 1978 denuncian en la vía pública los crímenes cometidos por el gobierno militar. El desastre de la guerra de Malvinas (1982), marca el fin de la dictadura y comienza la transición a la democracia.

En otro apartado, el libro describe que bajo el gobierno de Raúl Alfonsín, surge la Comisión sobre la Desaparición de las Personas (CONADEP) que presenta el informe conocido como el “Nunca Más”. Destacan que en el prologo se plantea la “teoría de los dos demonios”, donde se pone un signo igual a la violencia llevada a cabo por las organizaciones armadas previas al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y la violencia ejercida por el Terrorismo de Estado que llevaron adelante un plan sistemático de exterminio físico de toda una generación de luchadores.

Los autores, en sintonía con otras reflexiones como la de Emilio Crenzel, plantean que no se historiza la represión para-estatal previa al golpe (como el accionar de la Triple A, por ejemplo), y por otra parte, se presenta a los desaparecidos como “victimas” inocentes y despolitizadas, es decir carentes de su militancia política.

En ese marco, se plantean las leyes de Obediencia Debida y Punto Final otorgadas por el gobierno radical, que tenían como objetivo cerrar la etapa abierta con el juicio a la junta militar y otorgar impunidad a las Fuerzas Armadas, incluso mediando el levantamiento carapintada de Semana Santa de 1987.

Luego, el libro avanza hacia el gobierno peronista de Carlos Saúl Menem, allí se plantea la política de Indultos a los genocidas de la dictadura y a pesar del masivo rechazo que generó en la población, se llevó adelante tal pacto de impunidad. El objetivo, lograr la reconciliación nacional de la sociedad con las FFAA. Ese momento histórico es interesante porque al cumplirse el 20 aniversario del golpe hay un boom de la memoria. En ese marco, las Madres de Plaza de Mayo organizan un festival de rock al que asisten miles de jóvenes y por otra parte hace su aparición la agrupación H.I.J.O.S. (Hijos contra la Impunidad por la Justicia contra el Olvido y el Silencio), que reivindican la lucha revolucionaria sostenidas por sus padres. Tal agrupación se hizo conocida por la modalidad de “escraches” en el domicilio de los represores.

Ya con el gobierno de Fernando De la Rúa, se reseña que más bien hubo continuidad en la política de impunidad llevada adelante por sus antecesores.

Aquí el libro presenta una laguna. Veamos, el gobierno de Fernando De la Rúa cae producto de una crisis económica, política y social en toda su magnitud, o como producto de una profunda crisis orgánica –al decir de Antonio Gramsci–, y es muy significativo que en la noche previa a su renuncia, el presidente no tuvo mejor idea que declarar el “estado de sitio” por lo que generó un amplio repudio en amplios sectores de la población, desafiando la orden represiva mediante las protestas callejeras en la media noche del 19 de diciembre. Y como resultado de ello, bajo el argumento de actuar bajo tal “estado de sitio” se llevó adelante la feroz represión en la batalla de Plaza de Mayo que dejó el saldo de 38 muertos a manos de las fuerzas represivas.

Aquí planteamos la segunda crítica al libro, porque si bien es un libro que habla de las políticas de memoria que se tuvo desde el poder estatal, se habla de la “democracia” como si fuera que la misma es carente de un contenido de clase. Sin embargo desde el punto de vista marxista, optamos por hablar de la “democracia burguesa”, no solo para resaltar el contenido de clase de la misma sino también para sostener que si radicales y peronistas llevaron (y aún mantienen) un pacto de impunidad con los genocidas de la dictadura es, lisa y llanamente; porque tales partidos “democráticos” representan los intereses de clase del gran capital. Prueba de ello es que ambos partidos aportaron intendentes al régimen militar, otra de las lagunas que no se nombra.

La tercera critica que planteamos aquí, se da en torno al gobierno de Néstor Kirchner. Los autores relatan el día que el presidente hizo descolgar el cuadro de Videla en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y su firma del decreto que inauguraba la construcción de un museo de la memoria en dicho espacio. A la vez plantea la comunión de las Madres de Plaza de Mayo, del sector encabezado por Hebe de Bonafini, con el Poder Ejecutivo.
La reivindicación de la militancia “setentista” hecha por Néstor Kirchner no sólo reavivó el debate por la memoria, dando lugar a todo tipo de producciones políticas y artísticas, generando un clima de hiper memoria, como caracterizan los autores.

Sin embargo el tono “combativo” de Néstor Kirchner está presentado en el libro por fuera del contexto de rebelión, politización de masas y estado asambleario que había en la Argentina pos jornadas del 19 y 20 de diciembre del 2001. En ese sentido, el gobierno que se autodenominó como “el gobierno de los DDHH”, lo que en verdad hizo fue usar esa cobertura sensible para desviar la protesta callejera que llego a cuestionar (y voltear) a la institución más importante de la democracia burguesa como es la institución presidencial de la república.

El objetivo estratégico del gobierno de Néstor Kirchner no fue castigar a los culpables del genocidio, sino apagar las brasas ardientes de las barricadas del 20 de diciembre. No por casualidad callaron la boca durante más de 20 años sobre la impunidad, y menos aún abrieron los archivos de la dictadura, para mantener intactas a las FFAA y a la Iglesia en su complicidad con los crímenes de la dictadura.

En ese sentido tampoco abrieron, los archivos de espionaje de los servicios de inteligencia, sino que mas bien ocultaron bajo siete llaves tales archivos, demostrando que el pacto de impunidad con los genocidas, la iglesia y los empresarios es una razón de Estado.

En cuarto lugar, si bien el libro comenta el caso de la segunda desaparición de Jorge Julio López, el libro “omite” sin problematizar que si las bandas para-estatales siguen operando es porque la impunidad le otorga zona liberada para hacerlo.

Impunidad que denuncióMyriam Bregman, que en ese entonces era su abogada como parte del colectivo “Justicia Ya”. En el contexto de esa denuncia la referente del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos y dirigente del PTS, planteó que en la policía seguían en funciones 9.026 represores que participaron en la última dictadura. Entonces ¿Cuántos Milani había y hay en las FFAA y los servicios de inteligencia?

Por ello, por más discurso para reconstruir la memoria desde el Estado, será con la movilización desde abajo, en las calles que se podrá terminar con la impunidad de los genocidas de la dictadura y sus cómplices de la Iglesia y empresarios.


Daniel Lencina

Nacido en Buenos Aires en 1980, vive en la Zona Norte del GBA. Integrante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 1997, es coeditor de Diez días que estremecieron el mundo de John Reed (Ed. IPS, 2017) y autor de diversos artículos de historia y cultura.

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