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Red Internacional
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Cultura. La casa que Lars construyó

La nueva película de Lars von Trier, galardonado y reconocido director de cine a nivel internacional, se estrenó este año en Cannes, provocando reacciones opuestas: ovaciones por un lado y abandono de la sala por otro.

Fernando Jiménez Trabajador patrimonial y columnista de La Izquierda Diario Cultura

Sábado 29 de diciembre de 2018

Lo último del director de cine Lars von Trier no deja indiferente a nadie. Difícil tarea si el tema que trata la cinta es la narrativa de un asesino en serie que se “especializa” en mujeres. El filme cuenta la historia de Jack, un psicópata arquitecto frustrado que se embarca en una misión “crear una obra maestra en el arte de matar” mediante el asesinato de varias mujeres a lo largo de su vida. El director no duda en mostrar con lujo de detalle cómo acontecen estos asesinatos, que el protagonista va narrando interconectados con su visión estética del mundo.

El actor Matt Dillon y protagonista del largometraje, en conversación con La Tercera, aseguró tener reservas antes de comenzar la filmación asegurando que su “principal temor era llegar a no querer verme en pantalla interpretando a Jack”. Sin embargo el director terminó de convencerlo diciéndole a él y al elenco “que se haría responsable de toda la película. Eso es importante, porque hay responsabilidades en este filme en particular que no me gustaría asumir a mí”. La cinta es antes que todo, una declaración de Lars von Trier, que en ningún minuto rehuye de su autoría, manifestando incluso su cercanía con el protagonista.

Da para cuestionarse dónde termina el artista y comienza la obra, o si tomar a cada uno de los dos como elementos separados es un ejercicio inútil. El artista quizás nunca será completamente al margen de su obra. En última instancia el arte, históricamente, ha sido una herramienta de difusión ideológica. Sobran los ejemplos como la columna de Trajano en la antigua Roma, el juramento de los horacios de David o más recientemente la obra de Jackson Pollock, artista financiado por la CIA a modo de “guerra cultural” en contra de la unión soviética de Stalin y su realismo socialista. El artista siempre a través de su obra nos quiere comunicar algo suyo, y en el caso de Lars von Trier se trata de la más horrorosa provocación.