Fue un 24 de marzo diferente, no hubo movilización por la cuarentena, aunque las calles están desbordadas de policías y militares. La pandemia permitió empezar el operativo “dar vuelta la página” con el Ejército en los hechos. Un hospital vaciado por los mismos empresarios y el Estado responsables del golpe. Ellos nos dejan a la intemperie frente al coronavirus.

Gastón Remy Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.
Miércoles 25 de marzo de 2020 19:48
- El 44 aniversario del golpe de Estado cívico-militar fue una suerte de postal de la situación que social que vive el país. Pero si estamos bajo una pandemia, ¿Qué tiene que ver el golpe con el coronavirus?
- Hasta el momento, los orígenes geográficos del covid-19 más allá de su disputa, según explican especialistas en biología encuentran motivos mucho más profundos que hacen a la torutosa relación del hombre con la naturaleza bajo el capitalismo. Algo bastante complejo, que no podemos desarrollar con la profundidad necesaria en esta columna, por eso recomendamos la lectura de un artículo de Rob Wallace publicado en el Semanario Ideas de Izquierda.
- Lo que está claro en todo el mundo es que el coronavirus encontró al sistema de salud, completamente desguarnecido, impotente, al momento de hacerle frente a un aluvión de personas enfermas que llegan a los hospitales poniéndolos al borde del colapso.
- Pero a diferencia del coronavirus, esta realidad del sistema público de salud, tiene un origen un tanto menos complejo, dado que su desfinanciamiento serial fue una decisión política que tomaron los dueños del mundo desde finales de los años 60´. La forma y la profundidad en que fueron implementado medidas de desguace del sistema público de salud, construido desde fines de la segunda guerra mundial, fue el resultado de la resistencia de la clase trabajadora y los sectores populares a estas medidas.
- En el caso de América Latina, los dueños de la región tuvieron que apelar a la fuerza represiva de los Estados, a modo de quebrar el ascenso social que cuestionaba los primeros intentos de atacar conquistas históricas de los trabajadores. Así con la coordinación de Estados Unidos se impuso un plan de golpes sistemáticos que comenzaron en Brasil, Bolivia, Uruguay, Chile para terminar en el año 76´en Argentina.
- La clase empresarial fue planificando junto al personal político y militar esta respuesta genocida, a los fines de defender sus negocios; pero viendo que el margen de rentabilidad de los mismos, solo se podía sostener asestando un duro golpe a las condiciones laborales y de vida, o de reproducción social, de las mayorías trabajadoras.
- Este plan no pudo implementarse, en el caso de Argentina, en un solo acto. Los 80´pese a los favores que recibieron los grandes grupos económicos y los bancos con la estatización de sus deudas, para ellos, sin embargo, fue una década perdida. En los 90´, apoyados en la derrota que significó la “caída del muro de Berlín”, pudieron hacer tierra arrasada con las privatizaciones y el desempleo masivo.
- El sistema público de salud fue parte de esta embestida de clase, sostenerlo a la dimensión que había adquirido, era un gasto que limitaba las ganancias de los empresarios; a la vez, que obturaba la posibilidad de hacer de la salud un negocio privado. La destrucción del hospital fue inversamente proporcional al auge de la medicina privada, las obras sociales prepagas, configurando una salud de cierta calidad para pocos, y un hospital vaciado, para las mayorías.
- Entonces, pasaron más de cuarenta años, una década ganada, cuatro años de ajuste permanente del gasto en salud, y la Argentina llega ante el coronavirus con el sistema de salud público hecho pedazos, como muchos otros Estados; pero con el peso de tener mucho menos margen de respuesta, debido también al continuó proceso de fuga de capitales y endeudamiento en el exterior de su clase política y dirigente, en momentos donde el propio gobierno nacional se perfila a reestrucuturar una pesada deuda que equivale a 40 veces el presupuesto de salud actual.
- En el caso de la clase empresarial, llega apostando a que el Estado sostenga sus negocios, exigen rescates en el caso de las petroleras en Vaca Muerta, asumiendo como propia, la mayor presencia de fuerzas represivas, incluido el mismo ejército que hizo el golpe, en las calles, a modo de imponer una cuarentena obligatoria. Algo que los gobiernos intentan naturalizar hablando de “dar vuelta la página”.
- La mayor presencia represiva es una respuesta distorsionada a la falta de recursos como test de coronavirus masivos que podrían ayudar a detectar enfermos y reorganizar una cuarentena selectiva, minimizando el impacto de la parálisis parcial de la economía sobre un amplio sector que vive del día a día. Como también una forma de ir preparando el control estatal si es que explota la calle por el hambre.
- El Estado así se prepara al servicio del 1% más rico que exigió el golpe y viene sosteniendo un modelo neoliberal. Una clase que no está dispuesta a perder ninguno de sus privilegios, es tal su sed de ganancias que a lo sumo estarían buscando donar U$S 100 millones para atender la pandemia según los industriales de la UIA. Entre ellos se encuentran los dueños de Techint, Ledesma, quienes se conoce, que al menos, junto a empresarios de otros rubros amasaban una fortuna de U$S 58.000 millones en 2018 (Forbes, 2019). Menos aún, se los ve pensando en utilizar el 45% de capacidad ociosa de la industria para emplear a más personas y comenzar a producir respiradores, camas, barbijos, alcohol en gel y todo tipo de insumos que hoy se necesitan.
- La historia ha demostrado que la vida del pueblo trabajador para ellos y sus gobiernos, no vale mucho, lo alentador está en el enorme sacrificio de los trabajadores de la salud que le ponen el cuerpo pese a todo; como también en los primeros gestos de las fábricas recuperadas que están empezando a producir barbijos como la imprenta Madygraf o los trabajadores del Astillero Río Santiago que comenzaron a producir alcohol en gel.
- Para dar vuelta esta guerra social que vienen ganando los ricos como mencioné en la editorial de la semana pasada, citando las palabras de uno de los hombres más ricos del mundo, Warren Buffet, es necesario que sumes tu voluntad y coordinemos una solidaridad de otra clase, una respuesta de los que no tenemos nada por perder, excepto defender la vida de millones amenazada por la codicia de unos pocos y sus Estados.

Gastón Remy
Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.