La compra de Monsanto por parte de Bayer se concretó por la suma de 66 mil millones de dólares. Si esta operación logra superar las “exigencias” de los organismos antimonopolios, se establecería así la mayor compra de la historia del ámbito agroindustrial.
Ramiro Thomás @heliotropos_
Sábado 24 de septiembre de 2016
La última adquisición de la empresa alemana ya es de público conocimiento, pero no es la primera ni última negociación dentro del agronegocio. Resaltan también en el área de maquinarias agrícolas, fertilizantes y bases de datos, todas con un denominador común: monopolización del primer eslabón comercial, la producción de materia prima.
Como adelantamos en el artículo anterior, la compra de Monsanto por parte de Bayer se concretó por la suma de 66 mil millones de dólares. Si esta operación logra superar las “exigencias” de los organismos “anti” monopolios, se establecería así la mayor compra de la historia del ámbito agroindustrial.
Esta negociación no está aislada. Es parte de una serie de fusiones y compraventas que se venían dando desde hace al menos un año. Primero con la fusión de Dow Agrosciences con Du pont, y de la gigante de los agroquímicos Syngenta con ChemChina. Tampoco las semillas y agroquímicos son el único mercado que se puso en juego. También hay mucho movimiento en el área de maquinarias agrícolas (desde tractores y sembradoras hasta cosechadoras y drones), fertilizantes, y datos (historial del clima en áreas especificas, características del suelo, etc)
Pero también hubo algunas fallidas, como el intento de compra de la empresa Precision Planting LLD (Agricultura de precisión, antes propiedad de Monsanto, ahora de Bayer) por parte de John Deere (maquinarias agrícolas) en noviembre del año pasado. En este caso, no se permitió la fusión, y el 21 de agosto del corriente, Deere fue demandado legalmente por el Departamento de Justicia de Estados Unidos para evitar la fusión, porque ésta permitiría a Deere “dominar el mercado de los sistemas de cultivo de precisión y podría elevar los precios y ralentizar la innovación, a expensas de los agricultores estadounidenses que dependen de esos sistemas”. Específicamente dominaría el 85 % del sector de agricultura de precisión, sin embargo la empresa anunció que apelará esta decisión.
En agosto de este año la empresa de fertilizantes Potash Corp (número uno en fertilizantes sintéticos, por su capacidad de producción) comenzó a negociar con Agrium (número dos en fertilizantes, según su porción del mercado). La venta se concretó por la suma de 30 mil millones de dólares, creando así la compañía número uno en fertilizantes, concentrando el 30% de la producción de fosfato y nitrógeno.
¿Con que fin se dan estas negociaciones y cómo afecta a la agricultura?
Podemos citar varias razones por las cuales estas empresas buscan fusionarse. Una de ellas son las altas exigencias regulatorias del mercado europeo en relación a los transgénicos y agroquímicos. Como es sabido en varios países del continente están prohibidos muchos de estos, además del alto costo que implica introducir un transgénico en estos mercados. Con la fusión de estas empresas se logran compañías mucho más fuertes, capaces de negociar e imponer con mayor facilidad y menos costos sus productos en mercados mas difíciles.
En el caso particular la adquisición de Bayer, se ve la gran necesidad de desterrar el nombre “Monsanto” ya que está bastante “embarrado” en al ámbito popular. Su largo historial, (que va desde la creación del cancerígeno PCB, a la fabricación del agente naranja) justifica la pena social a esta empresa. El consejero delegado de Monsanto, Hugh Grant, aseguró estar dispuesto a cambiar: "He sido muy flexible, la clave está menos en el nombre y más en el desarrollo de productos".
Aunque la alemana no se queda atrás con sus antecedentes, que incluye haber sido parte importante de la economía nazi de 1925 a 1945, junto con BASF fabricaron, entre otras cosas, el gas letal Zyklon B.
Otra de las grandes razones, y sin duda la mas importante, de estas megafusiones es que el sistema agrícola basado en transgénicos, agroquímicos y fertilizantes, ha encontrado un techo bien marcado. Diversos factores han ido desgastando este modelo. Por una parte se ve una tendencia a la baja en los precios de la materia prima. Por otro lado, los precios de las semillas transgénicas han ido aumentando tanto su precio, que los productores fueron optando por variedades convencionales. Contrapuesto al crecimiento del precio están los “aumentos” de rindes de los principales cultivos, que en caso de la soja y del maíz están muy por debajo de los costos en alza.
El glifosato, herbicida estrella, está mostrando sus falencias. Son más de 20 las malezas que son resistentes a este agroquímico. Este químico es una de las bases fundamentales en el actual sistema productivo, y su cada vez mayor ineficiencia supone un gran tropiezo para las empresas comercializadoras.
Con este panorama se plantean varios problemas, entre ellos, que las empresas, ahora concentradas en pocas manos, podrán imponer precios al no poseer competencia, teniendo en cuenta que solo tres empresas (Bayer-Monsanto, Dow-Du pont y Syngenta-ChemChina) manejaran el 100 % del mercado de semillas transgenicas y el 60,7 % de todas las semillas del mundo (desde leguminosas, a cereales y hortalizas).
También tendrán mucho (mas) peso en la legislación de países, tanto subdesarrollados como desarrollados y podrán implementar leyes que favorezcan sus negociados. Las semillas y el área de investigación se verán mas privatizadas, los campesinos y sus culturas tendrán mayores dificultades para perpetuar sus costumbres y sus saberes.
Por ultimo, queda analizar si las negociaciones terminaran aquí. La realidad indicaría que no. Todavía falta ver qué movimientos tendrá BASF, la empresa número tres en ventas de agroquímicos a nivel mundial. Probablemente adquiera pequeñas empresas que se vean en la obligación de vender por la fuerte presión de los monopolios en emergencia.
Por otro lado, casi con seguridad, la nueva compañía que se formará a partir de Bayer y Monsanto tendrá que vender pequeñas unidades para superar las trabas anti monopolio, y Basf no dudará en adquirirlas.