El debate respecto a la violencia y la primera línea ha estado al centro estos días. Un discurso criminalizador de la derecha que también toman sectores de la oposición. En un país donde el derecho a la manifestación es violado permanentemente por el Estado, la llamada primera línea, defendiendo las marchas de la represión, ha aportado a que puedan desarrollarse las movilizaciones.
Miércoles 26 de febrero de 2020
“No temas. La primera línea nos protege para que podamos manifestarnos”, le decía un personaje ficticio (o no tan ficticio) a Stefan Kramer en la representación de su experiencia en la Plaza de la Dignidad que el humorista desplegaba frente a miles de personas en la Quinta Vergara y a millones de espectadores en Chile y el mundo.
Esa fue la polémica de la primera noche del Festival de Viña, un festival que, a pesar de los deseos del gobierno, ha demostrado a su manera que no se volverá a la “normalidad”.
El aplaudido show de Kramer destacó por dedicarse de manera casi exclusiva a la contingencia y la rebelión, por burlarse de los políticos tradicionales, levantar las demandas de la calle, y también, por reivindicar el rol de la primera línea, llamando a “los héroes de la calle” a su lado para ganar el punto de partido contra “la desigualdad”, mientras representaba a Nico Massú en el escenario.
Y ese último punto fue el que más sacó ronchas en la derecha y los partidos oficialistas. E incluso re abrió la discusión respecto a la primera línea en la oposición neoliberal, que no han tenido tapujos en criminalizar a esos jóvenes protagonistas de la movilización.
“Están actuando como delincuentes”, dijo la diputada Paulina Nuñez. “Hay una primera línea utilizada por delincuentes y narcotraficantes (…) y quien quiera justificar a la primera línea no está entendiendo nada de nada”, señaló la senadora Ximena Rincón. “La violencia afecta la legítima protesta”, argumentó el también senador Felipe Harboe (Quien fue subsecretario de Interior cuando Carabineros asesinó a Matías Catrileo y a Johnnuy Cariqueo). “Se trata de un grupo extremadamente violento que destruye, genera terror, y cuyo valor no logro entender”, afirmó categóricamente el diputado Luciano Cruz-Coke.
Renovación Nacional, la Democracia Cristiana, el PPD y Evópoli unidos en una causa común: responder la rutina de un humorista para deslegitimar y criminalizar a la primera línea, que ya ha ganado por aclamación popular en múltiples ocasiones, a diferencia de los representantes de los partidos tradicionales del 2% de aprobación.
Los políticos tradicionales no dejan de sorprender con su hipocresía, en un Chile donde el derecho a manifestación sencillamente no se respeta por parte del Estado. Es insólito que para manifestarse haya que pedir permiso a la autoridad. Sin contar con el hecho de que cada marcha es fuertemente reprimida. Donde se aplica Tolerancia 0 con la movilización, como dijo el Intendente Guevara, o copamiento policial, para evitar que se llene Plaza Dignidad.
Y se ha visto con más dureza estos 4 meses: prepárate si vas a la marcha, porque pueden sacarte un ojo, torturarte, gasearte o golpearte. Orden expresa del gobierno.
Así influye directamente la herencia de la dictadura contra el derecho a la movilización. Incluso pueden perseguirte judicialmente por el simple hecho de dar tu opinión como lo hizo notar Mon Laferte en su caso hace dos días en el festival, o como ocurre con Dauno Tótoro, perseguido por el Estado por decir lo que piensa en una asamblea.
Y allí, en esa normativa prohibitiva, represiva y criminalizadora del Estado chileno, que ha sido llevada adelante por la derecha y la Concertación, que es parte integral de los “pilares heredados del pinochetismo”, y que sectores como el pueblo mapuche conocen en carne propia, reside también el origen del heroísmo de la primera línea y su amplio apoyo.
Esos jóvenes comenzaron a conocerse en la calle, a encontrarse en cada movilización y a indignarse con la represión, fraguando sus primeros pasos en los días oscuros del toque de queda y de militares en las calles, cuando cada día sabíamos de un nuevo muerto.
Esos jóvenes, día a día, semana a semana, deciden poner el cuerpo para evitar que Fuerzas Especiales arrase con la movilización y transforme la Plaza de la Dignidad en una carnicería. Se exponen con valor para defender la movilización, a riesgo de ser atropellados como Óscar Pérez, de perder la visión como 445 personas, de recibir un proyectil (balín, bala o perdigón), que según el INDH son más de 2 mil, pero sabemos que las cifras oficiales están lejos de la realidad.
Esa valiente primera línea, junto con quienes son verdaderos héroes y heroínas en las Comisiones y Brigadas de Salud, si avanzan a extender su alianza con otros sectores, como ha hecho en Antofagasta con el Comité de Emergencia y Resguardo y las “Madres de la primera línea”, si se propone unificarse con trabajadores, estudiantes y el movimiento de mujeres, a través de asambleas y espacios de organización común, para prepararnos para un marzo movilizados, sin caer en las provocaciones de la policía y en los intentos de montajes, puede avanzar a desarrollar una alianza con una fuerza verdaderamente imparable.
Un camino de unidad entre la combativa juventud de la primera línea junto con la clase trabajadora y los pobladores, el pueblo mapuche y las mujeres, puede abrir un nuevo horizonte de la movilización.