Mientras el suministro de agua será cortado a finales de este mes para muchas zonas de la Ciudad de México y Área Metropolitana, la escasez de agua resulta preocupante, aún con las continuas inundaciones que año con año padecemos las personas más precarizadas de la región.

Axomalli Villanueva @1quiahuitl
Viernes 12 de octubre de 2018
A finales del año pasado, el Gobierno sudafricano se enfrentó a la posibilidad de que Ciudad del Cabo, la mayor ciudad del país se quedará sin agua y apostó por una medida sin precedentes. El Gobierno anunció el "día cero". Decidió que cuando los niveles de la presa estuvieran bajo mínimos, cortaría el agua en Ciudad del Cabo y los residentes tendrían que desplazarse hasta puntos de recogida de agua.
El anuncio desató el pánico en la población y se tomaron medidas de extremo racionamiento del agua para evitar el "día cero", el fin de la crisis llegó con la temporada de lluvias que sanearon un poco los niveles de las presas de almacenamiento de agua, y se aplazó la fecha "apocalíptica" hasta el 2019.
Resulta preocupante que en declaraciones recientes el director general del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex), Ramón Aguirre Díaz, durante el Cuarto Coloquio Internacional Megalópolis y Medio Ambiente realizado en la Cámara de Diputados, advirtió que sólo se tiene garantizado el abasto de agua para el año 2019.
El líquido es vital para el funcionamiento de la vida y como sabemos, más del 70% de la superficie del planeta está cubierta por agua, sin embargo sólo el 2 % de esta es apta para consumo humano. A pesar de ello, tres países consumen el 38% de los recursos hídricos disponibles en el planeta: China, India y EE.UU, los cuales encabezan el ranking mundial que calcula la huella hídrica de cada nación, una medida que estima el volumen total de agua consumida por el hombre para producir bienes y servicios.
En México, el 25% de los hogares no tienen acceso al agua. Inclusive dentro de la ciudad hay personas que no tienen acceso continuo ni en calidad ni en cantidad. Una familia promedio del Valle de México, además de pagar una tarifa mensual por agua potable, drenaje y saneamiento, gasta más de 4,000 pesos al año para compensar por los cortes recurrentes y otras deficiencias en el servicio.
Crisis del agua en la ciudad construida sobre un lago
Desde la conquista, a lo largo de cinco siglos, la ciudad se fue quedando sin agua. Iniciaron los gobernantes españoles, que ordenaron la desecación de los lagos. Y las acciones que llevaron a la grave situación actual fueron la deforestación, la urbanización sin planificar, el entubamiento de los ríos de la cuenca del Valle de México, el concreto en vialidades que impide la absorción del agua de lluvia.
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Durante el sexenio de Miguel Alemán, en 1952 se inició otra obra hidráulica, que redujo la superficie del lago y sus canales se rellenaron con aguas de los drenajes de la ciudad.
Para la década de 1970 se construyó un sistema de “drenaje profundo” de 135 kilómetros de túneles subterráneos que recorren el subsuelo de la ciudad y llevan el agua a un túnel, llamado “Emisor central” de seis y medio metros de diámetro, construido a 240 metros de profundidad. Su objetivo: tratar de eliminar los grandes escurrimientos en época de lluvias que ocasionan las calles y avenidas asfaltadas por las que transitan más de 5 millones de automóviles a diario. Esta obra hidráulica provocó que se secaran casi por completo los lechos del sistema de lagos.
Cambio Climático, potenciador de amenazas
El modelo de desarrollo de la Ciudad de México es una aglomeración de barrios que en realidad son muchas grandes ciudades una junto a la otra. Los automóviles inundan la atmósfera con dióxido de carbono, que induce el calor.
Con condiciones de cambio climático la situación se espera aún más difícil, lluvias más fuertes e intensas, lo cual significa más inundaciones, pero también sequías más prolongadas y fuertes.
Parte de la crisis actual surge por la enorme demanda de agua a partir del boom inmobiliario, que ha tenido un desarrollo rapaz en los últimos años, convirtiendo grandes terrenos que la ciudad supuestamente había reservado para la agricultura y áreas verdes en enormes planchas de cemento, donde la recarga de agua es imposible.
Así que la tierra porosa se encuentra sepultada bajo concreto y asfalto, lo que evita que la lluvia se filtre hacia los mantos acuíferos, ocasionando inundaciones y creando “islas de calor” que elevan las temperaturas aún más y que solo aumentan la demanda de agua.
Los efectos del cambio climático son varios, pero una cosa es segura: siempre exponen las grandes vulnerabilidades de las ciudades, exacerbando los problemas que los políticos y los planificadores urbanos suelen ignorar o tratan de esconder bajo la alfombra.
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La clave: recuperar los lagos
Es paradójico que mientras año con año, la ciudad sufre de falta de suministro de agua, por otro lado, las lluvias cada vez más intensas, inundan cada vez más zonas de la urbe. Mientras la nula planeación urbana de la mano con la corrupta industria inmobiliaria, desplazan a las zonas de recarga de agua, atrayendo a cada vez más gente y ocasionando una presión mucho más grande en el consumo.
El caso más grave que vemos actualmente es el de la desecación del lago Nabor Carrillo, el cual es el último vestigio del gran lago de Texcoco, y que es el logro de más de 50 años de recuperación ecológica, y que funciona como una gran zona de captación y retención de agua potable.
La construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México pone en riesgo esta zona, además de poner en el plan la privatización de nueve ríos que alimentan el lago y que representará una importante presión a la ya sobreexplotada red de abasto de agua del Valle de México.
A la megalópolis de la cual somos parte le urge un sistema de abastecimiento que priorice la conservación de los mantos acuíferos y recupere el sistema lacustre, que además funcione como un "amortiguamiento" para las consecuencias del cambio climático y los sismos. Necesitamos recuperar las grandes zonas de recarga de agua con áreas verdes y mejor planeación urbana, así como detener la construcción del NAICM, pues también representa un grave peligro para nuestro suministro de agua.