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EDUCACIÓN MADRID. La enseñanza de Ayuso: menos financiación y más Blas de Lezo

La Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid entrega a los centros un programa y un documental para que los profesores de historia combatan la leyenda negra.

Lunes 28 de marzo de 2022

Foto: EFE / Miguel Osés

La campaña contra la educación pública de Isabel Díaz Ayuso no sólo es una oleada de ataques contra la estructura material de la escuela. No le basta con cerrar escuelas infantiles en Madrid. No le basta con cerrar el segundo ciclo de infantil en Madrid para derivar los alumnos a colegios no adaptados o a la escuela privada. No le basta haber equiparado a la pública y la privada a la hora de recibir financiación pública con la Ley Maestra. No le basta con mantener la temporalidad y despedir a más de 2.000 docentes. Esta guerra también es ideológica.

Ya en la Ley Maestra, Vox había conseguido incluir un apartado que garantizaba que se inculcara a los alumnos el amor a la patria a través del conocimiento de las grandes proezas de la nación española, conociendo sus logros y personajes más ilustres. En esta línea, la Consejería de Educación de Madrid enviaba a los centros un programa docente, con contenido y actividades que hacer en asignaturas como Historia para facilitar al profesor a desmontar la leyenda negra española. Este documento se apoya a su vez en un documental hecho por José Luis López-Linares titulado España, la primera globalización.

Este documental fue el resultado de la inspiración del director tras leer el conocido libro de Elvira Roca Barea, Imperiofobia y leyenda negra. A raíz de este libro se comenzó todo un movimiento impulsado por la ultraderecha sobre todo para reivindicar la importante labor del Imperio Español. Es un documental en el que participan distintas personalidades del mundo de la cultura y de la política, entre otros Alfonso Guerra, ex ministro del PSOE con Felipe González.

El libro de Roca Barea fue objeto de polémica, no sólo porque era un panfleto ultranaconalista disfrazado de estudio histórico, sino porque contenía malinterpretaciones, tergiversaciones y citas completamente descontextualizadas para hacer creer al lector que el Estado Español había sido víctima de la propaganda enemiga. No cabe en este artículo profundizar en esto, y que el término «leyenda negra» fue inventado como una trinchera desde la que atacar a nacionalismo periféricos, pero baste decir que es un libro que sólo ha sido alabado por apologetas y ha sido denostado por profesionales.

El documental profundiza en estos errores, confundiendo causas con consecuencias, maquillando como positivo aquello que simplemente era una condición para la dominación (como hablar el mismo idioma en América) y echando tierra sobre asuntos peliagudos como la Inquisición y la brutalidad de los conquistadores. Para fortalecer este mensaje, el programa ofrece preguntas y actividades para que los alumnos tomen conciencia de este pastiche, idolatren a figuras como Colón y Blas de Lezo, y reconozcan la valía de la nación española como proyecto global y universalizador (imperialista).

Es curioso como la derecha ha tomado esto como un arma para defenderse de las imposiciones de la LOMLOE, cuando ésta ha atacado a las asignaturas que permitían el pensamiento crítico en pos de un programa conservador y centrado en el emprendimiento y las nuevas tecnologías. Sin embargo, es una falsa imposición que pretende servir a la derecha para terminar implantando el pin parental y contraponiendo a «nivel cultural» el relato de la izquierda y la derecha como si fueran equiparables, cuando no hay esa dicotomía y, aunque la hubiera, no es así.

Los docentes contra los que pretende ir Vox son aquellos que explican los actos de España como lo que fueron: actos históricos en un momento determinado, de los cuales se puede emitir un juicio moral, del mismo modo que se puede reconocer su efecto en Occidente. En este sentido, dudo que ningún docente que sea mínimamente riguroso haga de su clase una platea para soltar soflamas ideológicas. El objetivo real de Vox y Ayuso es implantar un relato engañoso e ideológicamente inexacto haciendo que la verdad sea cosa de gente de izquierdas.

En esta línea va la respuesta de Ayuso al Papa cuando éste pidió perdón por los abusos cometidos por la Iglesia en México, cuando dijo que el legado de España era haber llevado el castellano y el catolicismo, «la civilización». En esta misma lógica está la acusación que hizo Ayuso al indigenismo, que lo tachó como un nuevo comunismo. Esa contraposición está subrepticiamente también en su comentario sobre la Estación de Atocha, cuando reivindicó el nombre asociado a la Virgen de Atocha.

Más allá de los comentarios de Ayuso, esta es una política que sale de Vox para introducir su ideología de extrema derecha y ultranacionalista en la escuela. Ya vimos el efecto que esto tuvo en Murcia, donde se prohibieron libros que hablaban sobre la tolerancia ante la diversidad de género. Otro caso son los libros de instituto propuestos por una editorial franquista que defendía que el golpe de Estado fue un golpe «cívico-militar» contra el Frente Popular que era comunista.

La guía no es vinculante y puede no ser utilizada por el docente, ya que su objetivo es facilitar el desmantelamiento de la leyenda negra. No obstante, es significativo que la Comunidad de Madrid, que tiene desasistidos a muchos centros de recursos básicos (como calefacción) o de equipo especial necesario para la pandemia, sí invierta en una guía innecesaria, que sólo expone arengas nacionalistas bajo un relato histórico poco riguroso. No es cosa menor en la medida que se busca poco a poco que los trabajadores de los centros pierdan autonomía en relación con las familias, una “libertad para elegir” que se traduce en segregación y subvenciones a la privada para facilitar estas decisiones familiares.

Esta es una política que ampara la Ley Maestra, que aunque es una respuesta, también se apoya en la LOMLOE para proponer un modelo educativo neoliberal y ultraconservador, centrado sólo en las empresas y en el imaginario dominante de las élites económicas y reaccionarias. Por tanto, no se trata de una decisión docente, sino que es una lucha que toda la comunidad educativa debe tomar: acabar con la LOMLOE y con la Ley Maestra y luchar por una educación pública, gratuita y científica en sus contenidos.