AstraZeneca aún no envía las dosis por las que Argentina no solo pagó ya el 60%, si no que produjo 40 millones de su principio activo. El Gobierno le pidió ayuda a la Casa Blanca y continúa cediendo a los laboratorios. La trama del negocio y la salida que propone el FIT.
Jueves 29 de abril de 2021 23:53
Este jueves, luego de que se conociera la decisión de China de suspender la exportación de la vacuna Sinopharm, el Gobierno se reunió con funcionarios de la embajada de Estados Unidos para buscar que la Casa Blanca interceda en que AstraZeneca envíe un primer lote de 900.000 dosis destinadas a la Argentina.
En paralelo, el martes se retomaron las negociaciones con la norteamericana Pfizer que impone al país un acuerdo con cláusulas desfavorables.
Desde el Ministerio de Salud justifican el secreto en los contratos firmados con los grandes laboratorios, porque de otra manera estos podrían "dejar al país sin vacunas". El Gobierno cede ante estos chantajes y continúa sin tomar acciones para que se liberen las patentes.
El miércoles la ministra de Salud, Carla Vizzoti, se reunió con representantes de AstraZeneca Argentina para conocer el cronograma de entrega de las más de 22.000.000 de dosis que el laboratorio británico se comprometió a entregar al país y por las que ya se le pagó el 60%. La respuesta fue una disculpa sobre el atraso y una vaga confirmación de que estarían para el primer semestre del año.
Alberto Fernández había manifestado: "Estamos esperando que AstraZeneca empiece a cumplir sus compromisos con América Latina". Entre 150 y 250 millones, son las dosis que, en agosto 2020, el mandatario argentino y su par mexicano habían anunciado estarían disponibles para la región.
El laboratorio británico respondió en un comunicado que difundió el miércoles, remarcando: "Estamos entregando nuestra vacuna, sin ninguna utilidad financiera para nosotros durante la pandemia, a partir de la primera mitad del año tal como lo anunciamos en agosto pasado".
Cabe aclarar que, aunque esta marca es la más "barata" en el mercado de vacunas, el laboratorio había dicho que las vendería al costo, en 2.8 dólares, pero Alberto Fernández informó en agosto, que cada dosis costaría "entre 3 y 4 dólares".
La producción la hacemos nosotros, las vacunas son ajenas
Este jugoso negocio que se alimenta del padecimiento de millones en la pandemia mundial, se expande junto al capital financiero: AstraZeneca, aumentó un 44% su valor en la bolsa de Nueva York, alcanzando los 613 millones de dólares, según el Financial Times.
Al igual que todas las vacunas patentadas que juegan en la "guerra" del comercio mundial, la AstraZeneca fue desarrollada con aportes del conocimiento científico y técnico de la Universidad pública y con millonarias inversiones de los Estados, de la propia Gran Bretaña y de otros, como los Estados Unidos. Pero la propiedad intelectual de las patentes y las utilidades son completamente privadas, al igual que las decisiones sobre su producción, distribución y venta.
El circuito de producción de esta vacuna -y el de otras que se empiezan a fabricar en el país, como la Sputnik V, en el laboratorio Richmond- se monta sobre un surco marcado en la historia del sometimiento de los Gobiernos argentinos a las grandes potencias imperialistas.
Recordemos que el principio activo de la vacuna se produjo en el laboratorio mAbxience de Hugo Sigman, con mano de obra local y con la participación de profesionales y científicos del país. Esas 40 millones de dosis se enviaron para su envasado a un laboratorio de Carlos Slim en México, pero hasta principios de abril estuvo frenado, porque Joe Biden reestableció la prohibición trumpista a la venta de insumos médicos y sin unos filtros de vidrio con perforaciones microscópicas que se fabrican en los EE. UU., los mexicanos no podían avanzar. Entonces, AstraZeneca encarga que comiencen a envasarse en Nuevo México.
Conclusión: todavía no hemos recibido una sola de estas dosis.
A penas se supo de esta noticia, el Frente de Izquierda, impulsó el proyecto de declaración de utilidad pública del laboratorio mAbxience, junto al plan de hacer un relevamiento de todas los establecimiento públicos y privados de la Argentina, donde pudiera hacerse la producción y el envasado, para garantizar la vacunación de la población local y facilitarla, al costo, a los hermanos países de Latinoamérica.
También la FesProsa y diversos expertos y profesionales de la Salud comenzaron a exigir al Estado Nacional que se frenara la "fuga" de las vacunas, incluso indicando dónde se podría comenzar una producción nacional para avanzar con la inmunización de la población.
En un principio, funcionarios del Gobierno insistían en que Argentina carecía de los recursos y medios técnicos para envasarlo y fraccionarlo acá, pero hace pocos días Carla Vizzotti admitió que si esto no ocurre, es por decisión de AstraZeneca.
Las fabricamos acá, ya compramos más de la mitad de las 22 millones que se comprometieron a vendernos y de esta marca, solo hemos recibido poco más de 1 millón de dosis, pero a través del fondo COVAX.
Utilidad pública, beneficio de las mayorías
Hay que quitarle al irresponsable lucro privado el control que tiene sobre los medios para combatir la pandemia.
Como primera medida, es urgente declarar de utilidad pública el laboratorio mAbxience de Hugo Sigman, para superar la estafa de AstraZeneca que no cumple sus compromisos y que impone sus condiciones de producción, jugando con la salud y la vida de millones. A la par de exigir la liberación global de las patentes.
Para avanzar en un plan de vacunación de la población, que llegue a abastecer a toda la región golpeada por la segunda ola: es necesario poner bajo la órbita del Estado a todos los laboratorios, establecimientos y recursos que puedan aportar en la producción. Los que mejor llevarían adelante la planificación, administración y dirección de este gran proyecto, son los propios trabajadores y profesionales involucrados, quienes no tienen intereses comerciales, si no el interés de combatir la pandemia y lograr la inmunidad de la sociedad.