En estas fechas no son pocas las grandes fortunas que hacen alarde de filantropía. Todo un símbolo de cinismo que contrasta, entre otras cosas, con su especialidad: la evasión fiscal.

Juan Carlos Arias @as_juancarlos
Jueves 22 de diciembre de 2016
Foto: EFE
A las grandes fortunas les gusta presumir, en especial en estas fechas navideñas, de sus actividades caritativas o filantrópicas hacia colectivos desprotegidos. Algo que se ha incrementado aún más si cabe desde el inicio de la crisis en 2008. Estas actividades suelen estar encauzadas a través de sus fundaciones particulares, muchas de ellas con sus propios nombres. Algo que ayuda a “maquillar cifras” y sobre todo a aumentar las desgravaciones fiscales por este concepto.
Un buen ejemplo son las hermanas Koplowitz. Las dos, según la prensa, están “muy preocupadas por la sanidad, la investigación médica y la ayuda a los desfavorecidos”. La fundación Alicia Koplowitz cuenta con cuatro hogares residenciales “que han atendido a 350 niños”, dicen, y también un Centro de Intervención Social para adolescentes mayores de 18 años sin respaldo familiar. Esto además del Centro de Esclerosis Múltiple de Madrid Alicia Koplowitz. También la hermana, Esther Koplowitz, se mueve en estos campos como pez en el agua y también ha construido tres residencias para mayores sin recursos y una cuarta para niños afectados por la parálisis cerebral. Todo obra de las “reinas de las SICAV”.
Otro buen ejemplo es la Fundación Botín. Con su programa denominado “Talento Solidario”, “ayudan a poner en marcha proyectos nuevos buscando profesionales desempleados que los impulsen”. Lástima que su programa de préstamos inmobiliarios con condiciones absolutamente leoninas para los hipotecados, haya supuesto arrojar a miles de familias a la calle por no poder hacer frente a unos pagos de auténtica usura. Por no hablar del timo de las famosas preferentes, las cláusulas suelo o la liquidación de miles de puestos de trabajo con las diferentes reestructuraciones bancarias desarrolladas. Todo ello a mayor gloria y beneficio de los grandes accionistas, eso sí, todos muy proclives a las actividades caritativas y humanitarias.
Esta supuesta generosidad contrasta también con todos los esfuerzos -exitosos- realizados por estas mismas empresas para evitar pagar impuestos. Con estos recursos son con los que se financian desde el Estado las políticas sociales. Las grandes fortunas y las empresas del IBEX 35, aprovechándose de los resquicios legales y de la complicidad y tolerancia del gobierno, no llegan a pagar ni el 10% de sus beneficios empresariales.
La recaudación fiscal del impuesto de sociedades durante la crisis llegó a desplomarse en un 63,86%. Es evidente que el derrumbe de la actividad económica no fue tan pronunciado. Mientras, el IRPF lo que más llegó a descender en el peor año fue un 12%. Esto explica claramente los diferentes niveles de aportación de recursos al Estado entre las rentas de capital y las rentas del trabajo, y quien practica masivamente la evasión y el fraude fiscal.
Qué decir de las famosas SICAV, dotadas con fondos multimillonarios y por las que apenas pagan el 1% de los resultados obtenidos. Muchas de ellas aparecen ligadas a nombres como las mismas Koplowitz, entre otros, que practican mucho la caridad a través de sus fundaciones, pero tratan de pagar los menos impuestos posibles.
Por no hablar de los más de 40.000 millones en que está cifrado el fraude fiscal y que prácticamente en su totalidad corresponde a las grandes fortunas. La amnistía fiscal del gobierno de Rajoy, fue otra prueba de la falsa filantropía de los ricos. A ella se acogieron también las grandes fortunas, defraudando miles de millones de los que no se ha recuperado ni el 10%. Además, el coste para los delincuentes fiscales ha sido nulo, puesto que han pagado menos impuestos que si lo hubieran declarado legalmente. Apenas han pagado un 3% de media sobre lo defraudado, un auténtica vergüenza.
Otro ejemplo de todo ello es la evasión fiscal que ha venido practicando el grupo textil Inditex, cuyo propietario, Amancio Ortega, tiene una fundación con su nombre. Sus actividades caritativas para la adquisición de 25 aparatos de aceleradores lineales en radioterapia oncológica para la Seguridad Social andaluza están muy bien de cara a la opinión pública. Sin embargo, la evasión fiscal, practicada por el grupo que controla Zara, Pull and Bear o Stradivarious entre otras muchas, pasa por el desvío de ingresos a empresas ubicadas en otros países, donde las cargas fiscales son aún menores que en el Estado español. El fraude por esta práctica se ha cifrado en este caso en unos 585 millones de euros, el equivalente al coste de construcción de 12 hospitales de primer nivel.
Esta práctica u otras similares son algo que está siendo habitual en los grandes grupos y ha sido parte de múltiples denuncias que se han realizado incluso desde la UE. La complicidad de gobiernos, como el de Irlanda por ejemplo, es clave para que se puedan realizar. Así grandes empresas como Google, Microsoft o Facebook apenas pagan por su actividad en muchos países europeos, pese a los elevados beneficios que obtienen. Todas ellas, eso sí, con actividades caritativas de las que presumen profusamente, como hace sin ningún pudor Bill Gates, uno de los hombres más rico del mundo.
En el caso de la patronal española, la tímida reforma del impuesto de sociedades que el gobierno plantea para 2017 está empezando a producir una fuerte resistencia por parte de estas empresas. Y eso que todavía no está muy claro si se tratará de un mero aumento de las retenciones o habrá incremento real de la fiscalidad. Ejemplo de ello son las declaraciones del presidente del Instituto de Estudios Económicos y asesor de la CEOE indicando que estas modificaciones en el Impuesto de Sociedades “frenarán la economía” y reducirán el crecimiento del déficit más allá de lo estipulado por el gobierno.
La patronal, exige la reducción de impuestos y la disminución del gasto público de la Administración para reducir los gastos, es decir la vieja cantinela de siempre. Sin embargo, lo cierto es que el gobierno de Rajoy se ha caracterizado por su política de apoyo total a las empresas. Entre otras cosas promulgó una rebaja en el impuesto de sociedades al pasar su tributación del 28% al 25% hace un año, con la excusa de que se trataba de que las empresas tuvieran más margen para la creación de empleo.
A poco que se rasque un poco en los datos, y se mire el bosque y no el árbol de tal o cual donativo o proyecto, queda claro que esta filantropía de los millonarios no es más que un intento de lavado de cara de los responsables de los graves problemas sociales. Acabar con ellos no pasa por esperar que su buena voluntad permita abrir un “centro más” o recibir un nuevo equipamiento médico en tal hospital, si no imponer grandes impuestos a las grandes fortunas y la nacionalización de las principales empresas y grupos empresariales para poder desarrollar un plan de choque bajo el control de trabajadores y usuarios de los servicios públicos.

Juan Carlos Arias
Nació en Madrid en 1960. Es trabajador público desde hace más de 30 años y delegado sindical por UGT de la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid. Es columnista habitual de Izquierda Diario en las secciones de Política y Economía. milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.