Con el tiempo se puede juzgar mejor el balance de los proyectos. Para cuando Aerolíneas Argentinas se estatizó se generaron ilusiones en millones de argentinos y en particular entre la mayoría de los trabajadores aeronáuticos que veníamos de años de vaciamiento en manos de Marsans. La situación hoy.
Martín Brat Delegado de GPS (tercerizada de Aerolíneas Argentinas) | Agrupación El Despegue
Jueves 6 de noviembre de 2014 08:37
Con el tiempo se puede juzgar mejor el balance de los proyectos. Para cuando Aerolíneas Argentinas se estatizó se generaron ilusiones en millones de argentinos y en particular entre la mayoría de los trabajadores aeronáuticos que veníamos de años de vaciamiento en manos de Marsans. En la última paritaria Recalde (el millonario), explicitó el fracaso de la estatización en “clave camporista”: los 20 mil millones que salieron del bolsillo de los contribuyentes fueron utilizados con total discrecionalidad. Un oscuro entramado de partidas presupuestarias, asignadas sin el mínimo control fue el modus operandi con el que opero la gerencia de La Cámpora en Aerolíneas Argentinas.
Más lejos aún que el propio Mata, la gerencia camporista lanzó una catarata de ataques contra los trabajadores acusando de un sobrante de 2000 trabajadores e inclusive sugirió el cierre de la empresa si los trabajadores pretendían luchar contra el ajuste salarial. Pero la actitud de cuño neoliberal de Recalde es, al decir verdad, una verdadera confesión de parte sobre el fracaso de su propia gestión y del gobierno nacional. Por su administración, Aerolíneas sufre un déficit diario de U$S 2 millones dólares, cuando en un principio, el gobierno presentó un Plan de Negocios que establecía un superávit para los años 2012, 2013 y 2014.
No sólo esto nunca fue así, sino que las pérdidas no tienen perspectivas de achicarse, mientras se siguen ocultando los balances porque no tienen forma de justificar los millones que se gastan. No nos confundamos. Hay quienes se montan sobre este fracaso confeso, para sustentar una orientación privatista que intente poner a nuestra empresa de bandera en manos privadas (ya sean estas patronales argentinas o extranjeras) una vez más. De ahí que el propio gobierno siempre haya dejado un resquicio legal para reprivatizar la aerolínea. Los buitres de la aeronáutica aerocomercial acechan sobre la empresa. La actitud de Recalde les abona el camino.
Los aeronáuticos también vimos cómo nuestras organizaciones sindicales en su amplia mayoría han sido cómplices de la patronal Camporista. La FAPA (el sello federativo de los sindicatos aeronáuticos en la era Recalde) operó en función del interés patronal y gubernamental. En todos estos años no hubo (salvo contadísimas excepciones) una mínima medida de lucha que siquiera intentase limitar el accionar de Recalde.
La única asamblea que la FAPA realizó ya hace tres años, termino en un escándalo cuando la patota de APA agredió a los compañeros de base que reclamaban por la reincorporación del compañero Cristian Fontana (despedido por Recalde de Aerolíneas Argentinas, por ser oposición). Por su parte Ricardo Cirielli (dirigente de los técnicos) optó por la oposición discursiva a Recalde, pero tampoco realizó alguna medida de lucha que diera credibilidad a su discurso. Sucede que el propio Cirielli viene promoviendo una orientación privatista: bajo la consigna de la “argentinización” se fomenta reprivatizar nuestra línea de bandera, de ahí su apoyo permanente a la chilena Lan de la cual se ha convertido en su vocero por excelencia. En uno y otro bando sindical primó un denominador común, un verticalismo extremo carente de cualquier atisbo de democracia sindical.
Aerolíneas Argentinas es hoy un agujero negro, donde se comete un fraude tras otro, a los contribuyentes y a los propios trabajadores. La caja política y el desfalco a la que es sometida nuestra empresa en manos de La Cámpora, sólo se puede frenar haciendo causa común con la usuarios y los trabajadores, votando veedores elegidos en asamblea que lleven adelante la gestión económica de la empresa. Nuestro planteo de estatización es muy distinto al que promueve el gobierno. Nuestra agrupación el Despegue, plantea que la verdadera salida a la crisis de Aerolíneas pasa por el control real de los trabajadores sobre todo el presupuesto asignado. Los aeronáuticos conocemos como nadie las necesidades de nuestra línea aérea para salir adelante y somos los que verdaderamente estamos interesados que así sea porque de eso depende la fuente laboral de nuestras familias.
A esta altura el relato sobre que el proyecto de Recalde sirve para generar conectividad se cae, es puro verso: en Argentina 2014 los pasajes para volar siguen siendo inaccesibles para la mayoría popular. Una línea de bandera bajo orbita estatal y controlada por sus trabajadores y usuarios, es la respuesta a los que vociferan que una empresa "eficiente" se logra reduciendo la plantilla de trabajadores. Lo nuestro no se trata de discursos. Todos estos años hemos optado por la movilización de los trabajadores haciendo pie allí donde la prepotencia patronal se hace sentir: los trabajadores tercerizados, que se cuentan por miles en los aeropuertos.
Por eso desde el Cuerpo de Delegados de Lan de Aeroparque se promovió la organización y lucha de los trabajadores de las empresas tercerizadas como Falcon, GPS, Serza, Pertenecer, entre otras. Estamos convencidos que la división que generan las patronales entre diferentes sindicatos; entre efectivos y contratados, entre los de planta y los tercerizados son el principal obstáculo a la hora de dar pelea por nuestros derechos.
Llegando el fin del gobierno de CFK la patronal de Recalde lanza un discurso para dejarle servida la empresa a los sectores derechistas que bajo el manto de la “eficiencia” intentan reprivatizar y achicar nuestra Línea de Bandera. ¿Se acuerdan de la consigna "Aerolíneas Argentinas somos todos"? En momentos que amenazaba con desaparecer la línea aérea estatal, hoy cambiaron los tiempos y los discursos, pero siguen las mismas recetas para los momentos de crisis.