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Red Internacional
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La gratuidad de Bachelet y la crisis de la educación superior

Lejos de dar respuesta a las demandas del movimiento estudiantil luego del 2011, la beca de gratuidad de la ex Nueva Mayoría ha continuado con la lógica de mercado en la educación: competitividad, crisis de financiamiento y pérdida de beneficios son algunos de los “logros” a corto plazo que la carta maestra del ultimo gobierno de Bachelet, sostenida hoy por la derecha, ha dejado en el ámbito educativo.

Viernes 28 de diciembre de 2018

El movimiento estudiantil dio un golpe clave en uno de los pilares del saqueo empresarial: cuestionó el mercado en la educación y mediante masivas movilizaciones desde el año 2011 exigió que se discutiera cambiar el paradigma educacional, tanto en lo formativo como en lo económico.
Este proceso no cayó del cielo y tienen sus cimientos en el profundo carácter neoliberal de la educación, es decir, se enmarca en el retroceso del rol del estado en materia educativa: las empresas educativas tomaban arte y parte de un ámbito elemental para la sociedad, y lo ponían al lado de los otros derechos sociales etiquetados en dicho mercado, tanto la salud, la vivienda, las jubilaciones, todas, entendidas como bien de consumo, bajo el látigo del estado.

Una crisis que ya no se puede seguir escondiendo

Para aquellos que prefieren enterrar el 2011 como proceso social, planteando que la situación se ha ido cerrando -sobre todo con los ajustes que tuvieron lugar en la legislación educativa a partir de las modificaciones que conjeturó la gratuidad del último gobierno de Bachelet- la realidad ha ido demostrando que lejos de haberse terminado la crisis emanada por el modelo mercantil de la educación, hoy este proceso se ha ido agudizando para varios planteles educacionales que vieron en la gratuidad un sostén manejable.

Sin ir más lejos, podemos encontrar los casos de universidades como la Arcis o la U. Iberoamericana que han quebrado y cerrado sus puertas dejando a estudiantes endeudados y sin poder continuar sus carreras, ya que los únicos afectados en el ámbito son los estudiantes y sus familias, que se endeudan y precarizan sus vidas con tal de sacar adelante los planes educativos de sus hijos e hijas. Esta situación es un punto culmine de un proceso de malas administraciones, ocultamiento de información y otras medidas para contener los desfalcos producidos tanto por el manejo operativo así como por la legislación vigente.

Recordemos que una de las demandas del movimiento estudiantil ha sido el aporte basal del estado hacia los establecimientos educacionales, para romper con la lógica de auto-financimiento que arroja a las Universidades a subir sus tasas de interés y cobros, así como a buscar créditos en los bancos para poder subsistir.

La situación se ha vuelto aun mas preocupante luego de que universidades del llamado grupo de las “tradicionales” están viviendo los efectos de la falsa gratuidad. Dentro de estas encontramos a la UMCE, el ex Pedagógico, donde el Rector (Espinosa) tuvo que salir a dar declaraciones luego de que Contraloría revelase un informe que en sus 92 paginas da a conocer los diferentes procedimientos y deudas que hoy elevan la cifra de déficit a $7.700 millones de pesos.

Siguiendo la tónica, la UPLA de Valparaíso vive una situación semejante. Luego de que se acumulara una deuda de mas de $5.500 millones de pesos por concepto de fondos de gratuidad que no habían sido cancelados, y que llevo a que la empresa CUMPLO, que presta servicios a la casa de estudios (como parte de la practica constante de externalizar servicios en las entidades publicas) iniciara un proceso judicial que podría desencadenar un embargo de bienes de la Universidad.
Otro caso no menos paradójico es la situación de la Universidad Bernardo O’higgins, también estatal y que al poco tiempo de haber abierto sus puertas, y que cuenta con no más de 300 estudiantes con la beca, ya se encuentra con un proceso de deuda que sube a los 70 millones de pesos.

La “Solución” de la derecha: Volver al Co-pago (y al lucro)

Por supuesto Chile Vamos ha puesto su foco en cuestionar la reforma educativa del gobierno anterior, en función de proponer medidas que favorezcan la inversión de privados en educación así como también volver a tocar los bolsillos de las familias y de ex estudiantes para “salvar” los derroches de la gratuidad. Así fue como en su ultima glosa presupuestaria en un principio cortaron 12 mil millones de pesos para educación, así mismo promovieron que el 30% de los fondos recaudados por concepto de cobro del FCSU (Fondo Solidario) a ex estudiantes, fuesen ocupadas para “paliar” efectos deficitarios. Ambas fueron claramente medidas sacadas del carro del mercado educativo, del cual Chile Vamos es fiel defensor.

En última instancia, la futura implementación de un sistema de crédito que reemplace al CAE y al FCSU, llamado Crédito Solidario Unificado, es la continuidad del concepto de “bien de consumo” en la educación, y que tiene por horizonte final lograr enterrar las aspiraciones históricas del movimiento estudiantil en torno a lograr una educación gratuita totalmente financiada por el estado, donde los aportes vayan directamente a las universidades estatales y que no sean los tecnócratas y autoridades que elige un puñado de académicos quienes controlen los fondos, si no el conjunto de estamentos de los establecimientos.

A esta nueva forma de endeudamiento a quienes entren a la universidad, se suma a los cuestionables proyectos que ya viene impulsando el gobierno, como lo fue el proyecto Aula Segura, que criminaliza a estudiantes que defienden sus derechos, o el proyecto "Todos Al Aula", que quiere seguir conduciendo la educación bajo principios neoliberales. Estos planes, son parte de una política de la derecha para poder doblegar la mano del movimiento estudiantil que nació al calor de las batallas del 2011 como un opositor al régimen político heredero de la dictadura.

Hay que redoblar esfuerzos

En ese sentido, el movimiento estudiantil debe volver a tomar en sus manos las mejores tradiciones de lucha y organización que surgieron desde el 2011 y que pusieron al primer gobierno de Piñera en las cuerdas: Asambleas donde se discutan las perspectivas de movilización, así como las tomas, paros y marchas.

Aquí es clave dejar en evidencia que la estrategia del Frente Amplio, que ha depositado su confianza en las "incidencias" parlamentarias para cambiar puntos de las leyes actuales, en nada a contribuido a la conquista de un sistema educativo no basado en la competencia y en el mercado. A su vez las Juventudes Comunistas desorganizaron al movimiento durante el gobierno de Bachelet, defendiendo la reforma educativa de la Nueva Mayoría. Ambos sectores han mostrado quedar de brazos cruzados durante las ultimas movilizaciones contra Piñera: han dejado pasar las políticas de Chile Vamos sin organizar una fuerza que se movilice en las calles y en los lugares de estudio y de trabajo.

Hoy en día, la realidad viene dando giros que han sacado a la palestra los ánimos de lucha frente al gobierno, lo vimos recientemente con la valiente lucha de los trabajadores portuarios en Valparaíso, así como con la movilización de las trabajadoras de Integra. El movimiento estudiantil tiene que buscar la unidad con las y los trabajadores, y de igual forma con el Pueblo Mapuche y las mujeres, para oponer una fuerza implacable capaz de doblegar cualquier ley que el gobierno de turno le quiera imponer.