Prohibido a golpe de fusil desde 1890, la historia de este día está plagada de insurrecciones revolucionarias y sangrienta represión gubernamental.
Aníbal Maza Zaragoza
Viernes 27 de abril de 2018
Portada: Ilustración del 1º de Mayo del sindicato catalán Los Tres Vapores
El 1º de Mayo no es un día de fiesta. Es un homenaje a trabajadores condenados a muerte un 1 de mayo de 1886 en Chicago por luchar por la jornada laboral de 8 horas. Pero, como esta nota trata de su origen en el Estado Español, para conocer aquella historia te recomendamos ver el siguiente vídeo:
Comenzó a celebrarse en 1890 siguiendo las resoluciones del Congreso de la II Internacional en París, y su implantación estaría plagada de obstáculos para las organizaciones obreras.
A las dificultades para organizar a un proletariado que lidiaba con jornadas que podían superar fácilmente las 13 y 14 horas sin días libres y elevadísimas tasas de analfabetismo, se sumaba la cruenta represión estatal, que dejaba un amplio número de muertos, heridos y detenidos.
El gobierno de Cánovas del Castillo aún ilegalizaba la huelga y la asociación obrera, acababa de legislar a favor del trabajo infantil y había abolido la esclavitud en las colonias sólo a partir de 1886. En Europa, las burguesías de todo el continente aún tenían pesadillas con el reciente fantasma de la Comuna de París en 1871.
Pese a todo ello, el primer 1º de Mayo fue un éxito. En Madrid se movilizarán más de 40.000 trabajadores, finalizando el día con la entrega de un petitorio a la presidencia, una estrategia socialista que quedaría rebasada por el descontento obrero en ciudades como Barcelona.
En la ciudad condal, tras una gran movilización de más de 100.000 obreros, muchos decidieron mantenerse en huelga hasta conquistar la jornada de 8 horas, a lo que el gobierno respondería con el Estado de guerra en una situación que se prolongaría hasta el 12 de mayo, lo que sucederá también en ciudades como Zaragoza y reportará mejoras laborales para varios sectores de la clase trabajadora.
En el País Vasco sería necesaria una huelga desde el 12 al 21 de la que los mineros fueron vanguardia, para revertir los despidos a los participantes en el 1º de Mayo, manteniéndose a pesar del estado de guerra declarado por el Gobierno, logrando la reducción de la jornada laboral. Ciudades como Valencia, Córdoba y Sevilla también acogieron importantes movilizaciones.
Con el paso de los años, la clase trabajadora iría imponiendo el 1º de Mayo en el calendario de la lucha obrera, siendo el pistoletazo de salida para numerosas huelgas y manifestaciones, así como una forma de blindar los congresos de organizaciones obreras de la persecución policial.
Así mismo, también sería un referente para las tendencias dentro del movimiento obrero, principalmente entre los socialistas y los anarquistas, lo que se plasmaría en sus reivindicaciones y actuaciones.
Tradicionalmente, los sectores en torno a la UGT y al PSOE optaban por el envío de peticiones, mítines y manifestaciones pacíficas y por el enfoque de las demandas desde el intervencionismo y la regulación estatal, con exigencias como la “prohibición del trabajo a los niños menores de catorce años” o la “vigilancia de los establecimientos industriales por medio de inspectores del Estado”.
En cambio, los sectores anarquistas abogaban por la convocatoria de huelgas indefinidas generales los 1º de Mayo bajo la consigna de “no trabajar más si no es con la condición de trabajar sólo ocho horas”, lo cual era frecuentemente respondido con despidos masivos, revocados con potentes huelgas.
Aunque tras el asesinato de Cánovas del Castillo, el 1º de Mayo fue “legalizado” por el Gobierno Central, las autoridades provinciales siempre contaron con la potestad y la costumbre de prohibirlo, tal y como sucede en Madrid en 1903.
En 1906 el gobierno autorizaría los actos de celebración del 1º de mayo que se limitaran a una manifestación pacífica y a la entrega de petitorios obreros a las autoridades, siendo éstas las tácticas que defendían los socialistas y que el Gobierno denominaba “fiesta del trabajo”.
Sin embargo, los primeros días de mayo seguirían siendo fechas de grandes movilizaciones, como en el caso de los años 1911 y 1912 y especialmente en el ciclo de 1917-1920 conocido como Trienio Bolchevique, donde la elevada conflictividad social tumba varios gobiernos y arranca importantes conquistas laborales y de regulación de precios.
A partir de 1923, la dictadura de Primo de Rivera prohibiría el 1º de Mayo, únicamente permitido en locales cerrados y al PSOE-UGT, siendo el único partido legal en el gobierno de la dictadura por su apoyo a la misma.
Con la llegada de la II República en 1931, el gobierno de Azaña legalizaría la “fiesta del trabajo”, que se incluiría por primera vez como fiesta oficial en el calendario. Sin embargo, en 1932 este mismo gobierno lo prohibirá alegando razones de orden público y reprimirá duramente huelgas celebradas en 1º de Mayo, como la de las “Seis semanas” en 1934 en Zaragoza.
El 1º de Mayo sería elegido en 1936 por la CNT para celebrar en Zaragoza su [XI Congreso → http://www.izquierdadiario.es/1o-de-Mayo-de-1936-el-Congreso-de-la-CNT-que-pudo-cambiar-la-Historia?id_rubrique=2653], en el que votaría la alianza con la UGT de cara a enfrentar un golpe de estado reaccionario, así como la negativa a organizar un ejército con el gobierno republicano, lo que meses después acabaría sucediendo.
Durante la Guerra y la Revolución Española, el 1º de Mayo sería una oportunidad para la convocatoria de actos de masas y precedente inmediato a los Hechos de Mayo, en los que el gobierno republicano enfrentaría a los trabajadores en Barcelona y asesinaría a buena parte de los militantes de las organizaciones revolucionarias.
Acabada la guerra, el franquismo instrumentalizaría el 1º de Mayo como día de San José Obrero, desplazando la “Fiesta de Exaltación del Trabajo” al 18 de julio, aniversario del golpe de estado franquista.
Pero con el resto de la historia del 1º de Mayo en el Estado Español, durante y tras la dictadura continuaremos en próxima nota...

Jorge Remacha
Nació en Zaragoza en 1996. Historiador y docente de Educación Secundaria. Milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.